Director: Gordon Parks Jr.
Duración: 91 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Ron O'Neal, Carl Lee, Sheila Frazier, Julius Harris, Charles McGregor, Nate Adams, Polly Niles, Yvonne Delaine, Henry Shapiro, K.C., James G. Richardson, Make Bray, Al Kiggins, Bob Bonds, Fred Ottaviano, Alex Stevens, Harry Manson, Floyd Levine, entre otros.
Youngblood Priest ha amasado una pequeña fortuna como traficante de drogas. Vive una vida de lujo y controla su propia red de pequeños traficantes. Piensa que es solo cuestión de tiempo que lo maten por su profesión o que se vea obligado a matar a alguien. Por eso, prefiere jubilarse de manera anticipada. Trama un plan para hacerse con treinta kilos de cocaína de alta calidad que podría vender por hasta un millón de dólares. El problema es que la mafia no tiene planes de jubilación y le dará a elegir entre quedarse y seguir vendiendo para ellos o morir si descubren sus intenciones.
Priest que resulta ser el protagonista de este filme es un traficante de drogas y proxeneta en las peligrosas calles de Nueva York, pero se ha dado cuenta de que acabará sus días en la cárcel o muerto en las mismas calles en las que creció.
Por ese motivo, idea un plan de cuatro meses de duración como plazo para ganar un millón de dólares y retirarse con medio millón cada uno para él y su socio. Luego entonces el descollante Priest se propone comprar treinta kilos de cocaína de alta calidad y distribuirla rápidamente en las calles, conseguir el dinero y salir del negocio.
Sin embargo, conseguir esa cantidad de droga es solo su primer problema en un negocio que por lo general no acepta planes de jubilación.
Pero veamos, como todo el mundo más o menos pensante sabe, los estudios producen cualquier cosa para cualquier publico, siempre y cuando les reporte ganancias.
Blaxploitation (término que es una mezcla entre las palabras black y exploitation) es la etiqueta que se le dio a las películas urbanas de la década de los setenta dirigidas al publico afroamericano de los barrios marginales y Super Fly es uno de los principales ejemplos del género.
Ponerle esa etiqueta hace que parezca barata y como si fuera una cinta perteneciente al cine de explotación, pero después de ver en lo que se ha convertido el cine como negocio en los últimos años luego de la aparición de la pandemia, soy muy consciente de que los estudios que buscan sacar provecho económico de un publico especifico están explotando y a menudo fabrican productos de baja calidad, así que no estoy seguro a quién se le ocurrió colocarle un rotulo tan torpe a ciertas producciones para identificarlas a partir del color de piel de su elenco.
De todos modos, consciente como decía que la gran mayoría de las películas existen para producir ganancias, me senté a verla sin considerarla tanto una obra que suele ser evaluada de manera general por el sello antes aludido de la Blaxploitation, y en mi caso me acerqué a ella como me acerco a cualquier película (sin hacer uso de etiquetas que pretendan describir una cinta antes de verla).
Lo primero que llamó mi atención fue el sentido del estilo y la cultura presentes a lo largo del relato, que son claves en la presentación de esta cinta, porque hasta Dios sabe (si es que existe) que de manera sorprendente hay poco que destacaría en ella. Es decir, mucha forma escaso fondo.
En esa línea se encuentran la moda, los autos, la música y la jerga utilizada que crean un mundo convincente y tal vez todo ello fuera suficiente para que el publico urbano del momento que nunca se había sentido representado en la pantalla de una manera que respetaran, al ver por fin ver sus existencias retratadas en un sentido fidedigno decidieran darle el visto bueno pasando por alto todos sus defectos.
Sin embargo, mi legitima preocupación fue que la historia en términos generales siempre me pareció bastante superficial. De tal manera que algunas escenas parecen ser alargadas para llenar tiempo e incluso algunas tomas en especifico parecen prolongarse sin motivo.
Dicho de otra manera, aquí y allá a lo largo del metraje el efecto produce cierto estilo (esto no puede estar mejor ilustrado con el montaje de fotogramas que se reproduce en un momento dado pasada la hora de duración), pero con demasiada frecuencia no es más que una holgura innecesaria en la narración.
Sin centrarse en todo el estilo y la atmosfera presentes a lo largo de la anécdota, cuesta realmente interesarse por los personajes; el tema de abandonar la vida criminal realizando un ultimo golpe no es nada que no se halla visto un millón de veces antes y desde entonces, pero en mi caso lo que le sucedía al tal Priest básicamente me importaba muy poco.
A mi parecer no es tan simpático como para que me importara, ni tan intenso como para llegar a odiarlo, ni tampoco da la impresión de ser una persona real, es más bien como un cliché andante.
El señor Ron O'Neal hace lo que puede, pero en su mayoría se trata más de estilo que de actuación, lo cual le va bien a la película, pero no aporta mucho más.
En lo que respecta a los secundarios del elenco el tema es muy similar, con actuaciones aceptables de Lee, McGregor y otros (los personajes femeninos son irrelevantes porque en esta clase de historias se sabe que las mujeres son seres sexuales que solo existen para complacer a los hombres).
En mi caso, la única estrella real es la banda sonora cool y funky (que por cierto sigo escuchando de manera asidua) creada por el inigualable Curtis Mayfield, que es la herramienta principal empleada para completar algunas de las escenas.
A manera de conclusión diré que vale la pena verla como parte de la formación sobre el género cinematográfico de la Blaxploitation, pero no hay que acercarse a ella esperando que sea una obra maestra más allá de las limitaciones evidentes de dicho género.

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