Dirección: Louis Malle
Duración: 118 minutos
País: Francia / Italia / Alemania Occidental
Elenco: Lea Massari, Benoit Ferreux, Daniel Gélin, Michael Lonsdale, Ave Ninchi, Gila von Weitershausen, Fabien Ferreux, Marc Winocourt, Micheline Bona, Henri Poirier, Liliane Sorval, Corinne Kersten, Eric Walter, François Werner, René Bouloc, Jacqueline Chauvaud, Jacques Gheusi, Yvon Lec, entre otros.
Una historia sobre la mayoría de edad ambientada en la década de 1950 donde un joven adolescente, Laurent Chevalier, aprende sobre la vida con la ayuda de sus hermanos mayores y su madre Clara. Al ser el más joven de la familia Laurent es asfixiado de manera alternativa de afecto o ignorado por completo. En algún momento sus hermanos lo llevan a beber a un club-burdel donde también pierde su virginidad. Sin embargo, las cosas se complican un poco más cuando él y su madre se van de vacaciones.
Me pregunto qué pensarían los freudianos de la relación entre Laurent y Clara Chevalier, quienes en esta película son hijo y madre, quienes durante la mitad de la historia se quedan prácticamente solos mientras el hijo recibe tratamiento por una afección cardiaca (la cual le da el título a la cinta).
Quizás sea difícil sacar conclusiones al respecto, o etiquetar de manera tan sencilla todo este entramado psicológico con una inscripción tan ingenua como edípico. Pero lo que es difícil de negar es cuánta vitalidad hay en la que de forma muy posible sea la mejor creación de Louis Malle (al menos de las que he visto hasta ahora).
Es una historia sobre la pérdida de la inocencia, aunque por otra parte, en una familia donde esta no es precisamente un bien que pudiéramos denominar como escaso. Y es que Laurent está rodeado de un par de hermanos mayores que lo llevan a fiestas donde hay alcohol, e incluso a un burdel donde pierde de modo muy torpe su virginidad.
También es un joven honesto, con cierto grado de inocencia y que suele adherirse a las normas morales de forma estricta, que se desempeña con excelencia en la escuela, posee un lado intelectual muy profundo y va a confesarle a sus pecados (de vez en cuando) al sacerdote.
Pero luego hay algo en su sensual madre, cuando la ve subir a un auto que no reconoce o se va con alguien misterioso que enciente su confusa llama de celos sexuales propios de la incipiente pubertad. Y todo ello conduce al festivo Día de la Bastilla.
El soplo al corazón no es una película que se centre realmente en una trama sólida, ya que más bien se enfoca en otros elementos, es más el habitual estudio de personajes europeo (aunque eso no quiere decir que no haya una historia que contar).
Recuerdo haber leído alguna reseña en la que se mencionaba que la película trata más sobre la madre que sobre el hijo. Puedo entender de dónde viene ese punto de vista, pero creo que se trata más bien de ambos, del intenso vínculo que hay entre ellos y mientras la veía (a diferencia de este instante que pienso en ella una vez que terminó) me pareció que se centraba más en el hijo y que se narraba de forma constante desde su punto de vista.
En esa misma línea puedo percibir que el muchacho no entiende del todo por qué su madre se siente de cierta forma, ni por qué huye con el otro hombre, dividida entre dejar al esposo ginecólogo por el nuevo amante. Pero el director genera que parezca que está dividida entre ambos bandos cuando Laurent se queda en el hotel mientras Clara se escapa por un par de días.
Es justo la confusión en la que vive el mocoso lo que lo lleva a una especie de desorden que ya se había insinuado antes, y que se vuelve aún más evidente en la tensión (muy subyacente en sus juegos y comentarios ingeniosos) que se van acumulando.
Pero, a pesar de la premisa de la película, esta nunca resulta desagradable ni de mal gusto. En todo caso, Malle acierta de pleno al dotar de realismo a un tema tan tabú, enmarcándolo en el contexto familiar y de la época.
A mi parecer es realmente maravilloso ver cómo Malle dirige las escenas más íntimas, esos detalles con los que un director de forma normal no se molestaría por motivos emocionales, o esos pequeños fragmentos de diálogo que ocurren en el mundo real y que no necesariamente tienen mucho que ver con el resto de la narrativa (uno de ellos es cuando a Laurent lo están lavando haciendo uso de una manguera en una peculiar clínica, y la mujer que lo está lavando se pone a divagar en una larga charla, no para buscar la conversación, sino más bien por el simple hecho de escucharse hablar).
Por otro lado, podría ser complicado lidiar con aspectos tan mundanos de la vida como los hermanos pasando el rato y haciendo tonterías, pero hay capas de masculinidad que se mezclan en la trama. Son esas cuestiones relacionadas con aquello que ahora se llama masculinidad tóxica, y me pregunté que pensarían algunas feministas cuando los chicos se miden a sí mismos usando una regla para ello, para gran consternación de la enojada ama de llaves, o cuando Laurent prueba el maquillaje de su madre.
Al mismo tiempo. Malle sitúa a estos personajes en un entorno por completo verosímil y con un elenco que funciona muy bien. Aun así Lea Massari era una mujer casi demasiado seductora para ser la madre de nadie, y mucho menos del testarudo y vulnerable Laurent, pero esto sirve para mostrar cuál debe de ser también su estado de ánimo, ya que la atractiva fémina recibe tanta atención (por supuesto de una manera diferente) como la que recibe su hijo por parte de todas las adolescentes que conoce.
Cabe agregar que el actor que interpreta a Laurent era un debutante, al estilo de Leaud en Los 400 golpes pero incluso conociendo el dato todo el asunto me dio una sensación a lo Bresson; es decir que hay en el muchas emociones enterradas bajo su expresión tranquila y serena de modo habitual, de ese tipo tan particular que se pueden sentir incluso con el más mínimo de los indicios.
Por esto, es perfecto para el tipo de adolescente que todavía está un poco perdido en sus propios deseos y quiere ver qué puede pasar con todo este desmadre a largo plazo.
Pero las implicaciones psicológicas quedan aún más a la deriva con el final, que constituye uno de los mejores momentos que el director francés haya dirigido jamás, cuando toda la familia se ríe junta. Sin olvidar mencionar otra gran ventaja: la película cuenta con una de las mejores bandas sonoras de jazz mejor utilizadas (con Parker, Bechet, Gillespie, entre otros), y hace un uso exquisito de la ambientación de época, además de abordar con un oportuno buen gusto las partes más explicitas de la narración.
El soplo al corazón muestra con detalles tragicómicos la sofisticación y el aspecto lascivo de los franceses, y da mucho en qué pensar sobre la transición de un joven en esa etapa complicada de los catorce-quince años y de una mujer que padece esa misma mezcla de emociones inestables e ideales infantiles que corresponden a su propia sangre, que empujan a ambos hacia lo que sucede.
En términos que podrían calificarse de poco convencionales, es magnifique.

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