Director: Michelangelo Antonioni
Duración: 112 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Mark Frechette, Daria Halprin, Paul Fix, G.D. Spradlin, Bill Garaway, Kathleen Cleaver, Rod Taylor, Martin Abrahams, Michael L. Davis, Lee Duncan, George Dunn, Dennis Falt, Harrison Ford, Jim Goldrup, Norman Grabowski, Bill Hickman, Kenner G. Kemp, Peter Lake, entre otros.
En un momento de disturbios civiles crónicos a finales de la década de los sesenta en Estados Unidos, dos perfectos desconocidos se cruzan en el camino. Durante una violenta revuelta estudiantil, Mark un idealista armado con una pistola, se encuentra huyendo de la policía con destino al abrasador Valle de la Muerte en California. Mientras tanto, la estudiante de antropología de espíritu libre Daria conduce a través del vasto tramo despejado de carretera del desierto en su Buick gris piedra. Y en poco tiempo, los dos jóvenes rebeldes tienen un encuentro casual. Más adelante la pareja de apasionados románticos se barren mutuamente y comienzan un romance desenfrenado en un mundo defectuoso, sus cuerpos impecables se entrelazan, haciendo el amor en el terreno erosionado y polvoriento de Zabriskie Point.
Después de que Michelangelo Antonioni realizara su primera película en inglés de nombre Blowup (basada en un relato de Julio Cortázar), ambientada en Londres, decidió enfrentarse a Estados Unidos con esta que fue su siguiente creación. Y en efecto, se enfrentó como tal a Estados Unidos.
En aquella producción, Antonioni hizo que su protagonista cuestionara la verdad en un contexto de protestas juveniles británicas. Al situar esas preguntas en el marco de los movimientos juveniles hippies, el director italiano cuestionó, de manera intencional o no, la eficacia de esas organizaciones. Dicho de otra forma: ¿Cómo se puede luchar por una causa cuando lo que uno considera verdad bien podría ser una mentira?
Por otro lado, la película afirmaba que siempre debemos cuestionar de forma activa lo que vemos, precisamente porque vivimos en un mundo de imágenes que en el peor de los casos, son engañosas, y en el mejor inciertas. Aunque los aspectos hippies eran las partes más cursis de aquel filme, creaban una textura agradable y le daban a la narrativa más ambigüedad (una especie de incertidumbre ontológica generalizada) de la que de otra manera habría tenido.
Sin embargo, con Zabriskie Point, Antonioni deja de lado todas las ambigüedades y sutilezas de su anterior creación, y en su lugar se lanza de lleno al estilo hippie. El resultado es una cinta repleta de metáforas torpes y una narración poco sutil (algo que decepciona viniendo de un director reconocido por su moderación) pero que, a pesar de todo resulta interesante de principio a fin.
La película comienza con una hermosa secuencia de primeros planos que se deslizan (que resaltan los rostros borrosos y el anonimato), mientras vemos a un grupo de radicales discutiendo sobre la revolución, más concretamente como afirma una mujer ¿qué se necesita para que los blancos luchen por la revolución? Sin embargo, lo que aborda esta obra es precisamente lo contrario: qué es lo que impide que los blancos se rebelen.
De repente, un tal Mark se levanta y abandona la discusión. Aunque los revolucionarios luchan por la libertad, el muchacho es impaciente, quiere soluciones rápidas y considera que comprometerse con una causa tan militante equivale a renunciar a su propia libertad. Y los demás radicales reprenden de inmediato al muchacho por este individualismo burgués y por su flagrante intolerancia hacia los grupos.
Al enigmático Antonioni y a su colaborador habitual Tonino Guerra, se unieron en el guion Clare Peploe, Fred Gardner y Sam Shepard. En su forma más básica, tal vez sea la trama más convencional del director: Mark, un manifestante radical roba una avioneta en Los Ángeles y se dirige al desierto.
A mi parecer, Antonioni presenta el desierto como una utopía pacifica, libre de las invasiones del capitalismo, y lo contraste con las ciudades de Estados Unidos, con sus letreros publicitarios, gente superficial, maniquíes, vidas monótonas, comida de mala calidad y electrodomésticos modernos. Su desierto es el edén, el paraíso antes de la caída, pero también es Zabriskie Point, el punto más bajo de Estados Buidos, y por lo tanto una fantasía regresiva
De forma literal, el muchacho sobrevuela a Daria, asistente de un promotor inmobiliario Lee Allen quien se dirige a encontrarse con él cerca del sitio de su próximo proyecto en ese ámbito, cerca de Phoenix. Ambos jóvenes se involucran rápidamente en una aventura de amor libre al estilo de los años sesenta en el destino que da título a la cinta antes de seguir caminos separados.
A pesar de este esquema, la película dista mucho de ser sencilla. La historia avanza a trompicones, de forma deliberada. La escena de sexo se convierte en un paisaje humano de parejas copulando. En esa misma línea la trama parece más una molestia que una narrativa como tal. Así fue siempre con Antonioni, pero se pueden ver las semillas de un mensaje que intenta germinar.
Zabriskie Point puede verse como una cápsula del tiempo acerca de la contracultura. Mientras se rodaba, Europa estalló en protestas estudiantiles, al igual que seguía ocurriendo en Estados Unidos (el filme se estrenó apenas un par de meses antes de los sucesos de Kent State).
Luego, los protagonistas Mark y Daria representan al movimiento juvenil cada vez más descontento. Es decir, las señales que conducen al infame final están por todas partes. Además, la impresionante cinematografía de Alfio Contini no solo captura la imponente belleza del desierto, sino también la cascada de contradicciones en el paisaje estadounidense, donde las maravillas naturales lucha de modo constante contra la comercialización y el progreso que genera el desarrollo en todos los sentidos.
Mientras que la aludida Blowup se volvió famosa por utilizar a los Yardbirds para complementar la banda sonora de Herbie Hancock (más jazz que el swing de los años sesenta), esta obra está repleta de canciones de la cultura pop que va desde Pink Floyd a la cabeza, hasta Jerry Garcia, los Rolling Stones y un largo etcétera (incluso los Doors compusieron música para la cinta, que al final no se utilizó).
Todas estas corrientes desembocan en el innoble final, que como mínimo cumple la promesa del titulo del largometraje anterior de Antonioni. Las primeras escenas de aquella producción tienen una resonancia, no solo con el momento y la época, sino también con el espíritu de su joven elenco.
Y luego sigue y sigue, hasta convertirse finalmente en una polémica con televisores y rebanadas de pan reducidas a pedazos. Esa mano pesada desentona no solo con el tino del resto de la historia, sino también con la ambigüedad que era el sello distintivo de la obra de Antonioni.
De una manera en apariencia contraintuitiva, el final se habría sentido menos polémico si el cuerpo principal de la película lo hubiera sido aún más.
La película se promociona como antisistema, pero Mark es el enemigo y no lo sabe. Se niega a trabajar con otros, busca gratificación instantánea y soluciones rápidas, huye porque no quiere que lo confundan con un radical y sus nociones de justicia girar en torno a sus propios caprichos, antojos y deseos.
En retrospectiva, el defecto de Zabriskie Point para mi no es que sea una película radical dirigida por un hombre tranquilo y contemplativo (es más bien como dije una historia sobre lo que impide a los blancos ser radicales: léase el sexo, el egoísmo, el individualismo burgués, el miedo, etcétera) sino que sus actores no logran aportar a sus diálogos ese nivel de intensidad metafísica por el que se conoce a Antonioni.
El filme esta filmado de la forma más bella posible, si ignoramos algunas metáforas torpes, pero simplemente carece de esa cualidad inquietante, intensa e incluso sensual de las creaciones más destacadas de Antonioni.

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