Dirección: Elaine May
Duración: 106 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Charles Grodin, Cybill Shepherd, Jeannie Berlin, Audra Lindley, Eddie Albert, Mitchell Jason, William Prince, Augusta Dabney, Doris Roberts, Marilyn Putnam, Jack Hausman, Erik Lee Preminger, Art Metrano, Tim Browne, Jean Scoppa, Gregory Scherick, Marianne Muellerleile, Neil Simon, entre otros.
Tres días después de su luna de miel que acontece en las calurosas playas de Miami, el judío neoyorquino Lenny Cantrow conoce a la alta y rubia Kelly Corcoran. Esto le confirma en su opinión que ha cometido un grave error al casarse con la añiñada Lila y decide que quiere a Kelly en su lugar. El acaudalado padre de Kelly es menos entusiasta al respecto y permite que todos (incluido el propio Lenny) sepan que odia todo sobre él y la forma en que se ha acercado a su hija.
El Rompecorazones (la versión setentera, que no debe confundirse con el insulto de remake hecho por Ben Stiller en 2007) es lo que El graduado podría haber sido si hubiera profundizado aún más en la psique humana.
A menudo malinterpretada por la crítica, no es ni una comedia romántica ni una comedia negra en el sentido tradicional. Es como dijo un famoso crítico en su reseña original una historia sobre cómo nos hacemos daño unos a otros por nuestros egos.
Como debe suceder en esta clase de cintas, las risas a lo largo del metraje son intensas y frecuentes, pero nunca están exentas de la conciencia del dolor real en los personajes. Es decir, aquí no hay héroes, solo victimas y futuras victimas.
A primera vista, la trama parece sencilla: un joven soltero judío cumple con su destino sin hacer grandes alardes al conocer y casarse con otra joven de origen judío de nombre Lila.
Pero sucede que durante el viaje de luna de miel a las playas de Miami, empieza a darse cuenta de las manías de la muchacha y a cuestionar sus decisiones antes de llegar al hotel frente al mar, donde su mundo se ve sacudido por otra joven seductora no judía, (por cierto encarnada por Cybill Shepard en su mejor momento físico y luego de haber hecho la famosa cinta con Bogdanovich un año antes).
Así que, mientras su esposa permanece atrapada en la habitación del hotel con una grave quemadura solar, Lenny procede a cortejar a su destino rubio, a solo unos días de haberse casado.
En manos de un director menos competente que Elaine May, la película (que cuenta con el sello de Neil Simon el guionista) tiene todos los ingredientes para volverse una comedia sólida.
Sin embargo May al comprobar la peculiar experiencia de dirigir a su hija Jeannie Berlin en lo que fue una interpretación adorable, logra mucho más que ser nada más prometedora.
Dicho de otra manera, es difícil saber con quien empatizar: supongo que si uno la ve estando en sus veintes el tal Lenny se ganaría la simpatía de cualquier jovenzuelo, al haberse precipitado al matrimonio solo para descubrir los hábitos devoradores de chocolates y sándwiches de huevo de su nueva esposa.
Más adelante ella le genera un enorme pavor a este inestable hombre cuando usa la frase cuarenta o cincuenta años anticipando el largo camino que les espera y señalando a parejas de ancianos en restaurantes que le piden que los tranquilice (esos vamos a ser nosotros, ¿no es así Lenny?)
Ante lo cual todo lo que puede hacer Lenny es mirar fijamente la ensalada de huevo que le queda a un lado de la cara.
Por supuesto, Lenny es un personaje reprobable en esta historia, cegado por su deseo de cumplir con lo que asume es un destino mayor y no escrito, de trascender las limitaciones de un joven empleado de una tienda de artículos deportivos en Nueva York, y alcanzar algo tan etéreo y tan prometedor como los carnosos labios, las mejillas rosadas y el cabello largo, lacio y rubio de Kelly de 21 años.
Este sujeto es como él mismo señala más tarde un idiota y en una película de menor calidad esto bastaría como explicación de su comportamiento tan mezquino. Pero es capaz de causar un daño mucho más profundo e irreparable que el idiota promedio, y se topa con el epitome de la venganza del ego en Kelly.
Y uno se pregunta cuánto había de actuación Shepherd en aquel momento brillante de su carrera, ya que los efectos de su belleza en la pantalla debieron reflejar fielmente la realidad, cuando la cámara dejaba de filmar.
La ya citada Jeannie Berlin en el papel de la recién casada es sin duda la que rompe corazones en esta agridulce historia. Nunca recibió los elogios que merecía por una interpretación que rebosa humanidad y revelaciones desgarradoras. La escena en la que su esposo intenta romper con ella en un restaurante comiendo langostas es tan enternecedora como dolorosa.
En el transcurso de un prolongado plano secuencia, Lila pasa de la emoción de la recién casada a la incredulidad a quedar boquiabierta, antes de asimilar una especie de determinación sin haber dejado atrás la conmoción. Aunque se sabe que estará bien, su voluble marido no.
Pero hay que prestar atención para darse cuenta de estas sutilezas, al igual que para apreciar el abrupto final, y en un principio desconcertante de la historia. Hay mucho, mucho más de lo que se nota a simple vista al ver esta película por primera vez, aunque las risas siguen siendo suficientes. Es lo que te queda grabado en la mente después lo que la vuelve en algún sentido especial.
En pocas palabras se trata de una historia que funciona en más de un nivel, la mayoría de los cuales son tan sutiles que resultan casi imperceptibles, o al menos lo parecen, ya que todo lo demás queda eclipsado por el evidente oprobio cometido por el personaje principal.
En concreto, lo que se ve forma más que clara es que es una comedia negra sobre un canalla despreciable, el tal Lenny que no es solo es rastrero sino que lo es con un aplomo total. Ese mismo hecho crea una dinámica en la que la gente o se interesa por esta historia o no, basándose estrictamente en la impresión que les cause el protagonista.
Algunos encontrarán gracioso a este abyecto tipo, pero otros no. A muchos les terminará por repeler. De hecho, les puede repeler tanto que no puedan pasar por alto ese detalle.

Comentarios