Duración: 94 minutos
País: Italia / Alemania Occidental
Elenco: Dominique Sanda, Lino Capolicchio, Helmut Berger, Fabio Testi, Romolo Valli, Camillo Cesarei, Inna Alexeieff, Katina Morisani, Barbara Pilavin, Michael Berger, Ettore Geri, Raffaele Curi, Giampaolo Duregon, Marcella Gentile, Cinzia Bruno, Alessandro D'Alatri, Camillo Angelini-Rota, Joshua Sinclair, entre otros.
A finales de la década de los treinta del siglo pasado en Ferrara Italia, los Finzi-Contini son una de las familias principales, acaudaladas, aristocráticas, educadas, y también son judíos. Sus hijos adultos, Micol y Alberto, reúnen a un circulo de amigos para constantes rondas de tenis y fiestas en su villa con sus hermosos jardines, manteniendo a raya al resto del mundo. En el círculo se mete Giorgio, un judío de clase media que se enamora de Micol. Ella parece jugar con él, e incluso hace el amor con uno de sus amigos mientras sabe que Giorgio está mirando. Si bien parece que su amor no puede abrirse paso hacia ella para sacarla de su idilio de jardín, las fuerzas de la política se acercan.
En esta inquietante obra de Vittorio De Sica, una familia aristocrática italo-judía, los Finzi-Contini, representa un símbolo de la civilización europea en manos de las camisas pardas en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.
Al verla por primera vez después de más de cincuenta años de su lanzamiento, me entristece casi tanto la historia de un amor no correspondido y condenado al fracaso como el horror de los vagones que se usaban para transportar la manada que está por venir.
En primer lugar, Dominique Sanda con sus ojos grandes y tiernos se vuelve fascinante en el papel de la hermosa, enigmática pero fría Micol Finzi-Contini. En oposición está Giorgio que es su amigo de la infancia, un chico de una familia judía de clase media que en ese momento ya es adulto.
El apocado Giorgio está enamorado de ella, pero los sentimientos de la muchacha hacia él son los que corresponden a una hermana. Al tímido joven lo confunde la calidez de la doncella, y luego cuando intenta acercarse su frialdad y completo rechazo.
A menudo se ha expresado de forma metafórica que la Europa de los años treinta fue violentada por el fascismo. Sin embargo, en esta cinta en extremo inquietante, De Sica afirma que no fue una profanación, que la aristocracia europea (representada aquí por la mentada familia que le da título al filme originaria de Ferrara, y en particular por la joven y hermosa Micol) participó de buena gana en el asunto, incluso con cierto nivel de entusiasmo en aquel acto bestial que todos conocemos.
Sin embargo, esta cinta cuyo título podría traducirse como El jardín de los Finzi-Contini dista mucho de ser perfecta, algunos incluso dirían que tampoco es la mejor obra de un director tan celebre como De Sica.
Sin duda, se estrenó después de su mejor época. El montaje guarda demasiados problemas, siendo por momentos demasiado áspero, mientras que algunas escenas están enfocadas de manera demasiado imprecisa. No obstante, se trata de una película en términos generales que resulta impactante y que alcanza su clímax en una de las escenas más escalofriantes de toda la historia del cine.
Para mi, no tiene mucho sentido hablar de esta película sin mencionar esa escena. Por lo tanto, aquellos de ustedes que no hayan visto el filme y no quieren arriesgarse a que se les arruine la sorpresa, deberían dejar de leer ahora y volver más tarde.
Todo en la narrativa conduce a la escena de la cabaña. Vemos al perro (que supongo es un gran danés, un can enorme por cierto) a lo largo del metraje varias veces, lo que insinúa un lado tosco y animal de la citada Micol. Y además está el muro que separa el jardín de la civilización de los Finzi-Contini de las camisas marrones en las calles, un muro que también separa a los ricos del resto de la gente, en particular de la clase media que apoya a los fascistas (como se nos menciona en la escena inicial).
Luego vemos a Micol llevando a Giorgio de la mano por la finca, pero cada vez que él intenta acariciarla, ella se aleja. Finalmente, ella le explica por qué no lo ama. Le dice: los amantes quieren dominarse mutuamente...(pero) somos tan parecidos como dos gotas de agua, ¿Cómo podríamos dominarnos y querer destrozarnos el uno al otro?, sería como hacer el amor con un hermano? Pero escuchar estas palabras no es suficiente.
Más adelante Giorgio se acerca al muro por última vez, ve allí una bicicleta roja (el rojo y el negro eran los colores del partido nazi) y sabe que Micol está con otra persona. Trepa el muro y encuentra al perro afuera de la cabaña, por lo que sabe que ella está adentro.
En la extendida escena de arranque de la cinta, ella se refiere a la cabaña donde todo esto ocurre con la palabra alemana Hütte y agrega que en ese momento todos tendrían que aprender alemán. Lo que Giorgio observa al asomarse por la ventana lo llena de una especie de horror que lo aturde, al igual que a nosotros los espectadores.
No se dice ni una palabra. La observa a ella, se da cuenta con quien está y cuáles son las circunstancias del momento. Ella lo ve, enciende la luz para que no haya lugar a dudas y se miran fijamente sin decir nada. Ella no transmite vergüenza, sino una sensación de Así soy yo. Diría que lo siento, pero eso no cambiaría nada. Esto es lo que me atrae.
Lo que se expresa en esta escena esencialmente simbólica, representada en términos sexuales, es lo que le sucedió a Europa. Es decir, Micol es al mismo tiempo el amor que este hombre tanto deseaba, desflorada por uno de sus amigos, pero claramente fascista y también es la aristocracia de Europa, contaminada por el fascismo.
Me pregunto si es solo una coincidencia que el famoso poema de Roberto Browning Mi última duquesa, también esté ambientado en Ferrara. En ese poema, el narrador se revela a través de la brutalidad insensible de su discurso y sus acciones, como un fascista en ciernes, a pesar de ser un aristócrata.
También me pregunto si De Sica está diciendo que los judíos, en cierto sentido contribuyeron al horror que les sobrevino, y por extensión a toda la humanidad. Esto se ve reflejado en la figura del padre de Giorgio, quien insiste de manera continua en que la situación aun no era tan grave, mientras paso a paso, pierden su condición de ciudadanos, un preludio de la deshumanización que es el precursor del genocidio.
Sin duda las escenas finales, en las que se ve a los judíos de Italia mostrándose sumisos mientras son conducidos al matadero, sugieren precisamente eso. Sé que el sentimiento central expresado por los judíos después de la guerra, y en especial en Israel ha sido de forma breve y concisa Nunca más.
Sin embargo, hay una cierta sensación de inevitabilidad en esta cinta que me resulta en particular conmovedor. Dicho de otra manera la pasividad en términos sexuales, el ceder a la propia naturaleza es una cosa; pero la pasividad en términos políticos es otra muy distinta; y sin embargo parte del poder de esta película radica en mostrarnos cómo se relacionan ambas en nuestra psique.
En resumidas cuentas, las películas occidentales sobre este tema tan sobado que es el Holocausto han colonizado nuestras mentes con una visión muy gringa del exterminio. Nos presentan una iconografía falsa, y mitos sensacionalistas que explotan los referentes visuales. Pero el genocidio no fue una película de terror. Se desarrollo con la banalidad de la vida cotidiana, en colores vivos, sin que las actividades diarias se vieran alteradas en casi ningún momento.
No hubo nada extraño en aquella matanza. El mundo no se derrumbó ni estalló en violencia. En cambio, se mantuvo al margen con una aceptación serena y mucho más escalofriante. Quizás por eso, hoy en día las imágenes documentales de Hitler relajándose con su familia en los Alpes bávaros son muchos más horripilantes que cualquier de sus discursos estridentes.

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