Dirección: Gordon Parks
Duración: 100 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Richard Roundtree, Moses Gunn, Charles Cioffi, Christopher St. John, Gwenn Mitchell, Lawrence Pressman, Victor Arnold, Sherri Brewer, Rex Robbins, Camille Yarbrough, Margaret Warncke, Joseph Leon, Arnold Johnson, Dominic Barto, George Strus, Edmund Hashim, Drew Bundini Brown, Tommy Lane, entre otros
El detective privado John Shaft es contratado por el mafioso de Harlem "Bumpy" Jonas para que encuentra a su hija que ha sido secuestrada. El tal Bumpy no tiene idea de quién podría habérsela llevado pero no es tan abierto ni tan claro como podría serlo sobre toda la situación. Cuando su primera pista se agota (al pensar que podrían haber sido los defensores del Poder Negro quienes se la llevaron), el investigador actúa sobre la base de la información que le brinda el teniente de la policía de Nueva York, de nombre Vic Androzzi, que le dice que mafiosos de otra capital están en la ciudad y podrían estar tratando de encargarse de varios negocios ilegales en el Harlem.
Puedo entender por qué a los espectadores de la actualidad no les impresiona demasiado este filme. En comparación con las películas de acción que se lanzan en pleno siglo XXI, en este filme no hay mucha acción y tampoco es nada espectacular: no hay tiroteos a gran escala, peleas de kung fu, grandes explosiones, persecuciones de autos ni nada por el estilo. Eso si, en ella hay mucho diálogo y el ritmo es bastante lento.
En mi caso, esas últimas son las razones por las que disfruto Shaft. Es decir, se siente como una historia más cercana a la realidad. Para mi, no todas las películas tienen que ser un espectáculo descomunal para un publico de mente simple. Para mi, menos es más.
No me interesan para nada los héroes de acción cuando hacen cosas imposibles, como saltar por encima de un misil con un camión. Aquí el peligro se siente real. No hay villano claro. Un simple malhechor con un arma puede acabar con tu vida y debes de tener mucho cuidado. Y Shaft solo usa su fuerza física cuando es necesario. Prefiere ser más astuto que su enemigo, porque la violencia no te lleva muy lejos.
En razón de lo cual, cuando lucha por su vida, en realidad sientes que está luchando por su vida.
Justo tenemos la película que encendió la mecha que trajo la posterior explosión del género denominado blaxploitation, Shaft del estudio MGM, sigue siendo una cinta atrayente e influyente. Y para un estudio que en su momento promovía el glamour y la frase publicitaria que aseguraba que ahí había más estrellas que las que hay en el cielo, esa atmósfera descarnada e intransigente que aquí es retratada es única en su catálogo de producciones.
La película debe gran parte de su éxito a la evocadora dirección de Gordon Parks, a la sensacional banda sonora de Isaac Hayes, y a la brillante interpretación del protagonista Richard Roundtree, quien combina una intensidad ardiente con un atractivo sexual desenfadado.
Vale decir que la trama es bastante simple, en ella el detective privado neoyorquino John Shaft es contratado por el capo del crimen del Harlem, un tal Bumpy Jonas para que encuentre a su hija que ha sido secuestrada llamada Marcy.
Así pues, a través de sus investigaciones, el señor Shaft descubre que la joven fue retenida por la mafia como parte de una conspiración para hacerse con el control de la red de drogas y prostitución de Bumpy.
Por lo que junto con su viejo amigo Ben Buford, ahora líder de un grupo militante afroamericano, Shaft diseña un plan para rescatar a Marcy, y evitar una guerra racial potencialmente sangrienta entre los criminales.
En concreto la historia está adaptada de la novela de Ernest Tidyman, quien escribió el guión en colaboración con John D.F. Black. En esa línea el personaje principal es un sujeto provocador que no se deja intimidar por nadie y juega en ambos lados del espectro racial; al tender un puente entre los policías blancos y los delincuentes negros, ninguna de las dos partes confía plenamente en él.
Sin embargo, la postura de Shaft es clara: odia lo que el oportunista Bumpy les está haciendo a los pobres de Harlem, pero nunca delatará a nadie ante la policía. No obstante la arrogancia que muestra hacia ambas facciones es arriesgada, pero gracias a su inteligencia y astucia callejera es capaz de navegar por esas aguas turbulentas.
Para resaltar el hecho de que el protagonista mantiene una relación cautelosa con el teniente de la policía de nombre Vic Androzzi y logra sacarle información relevante sin ofrecer nada vital a cambio.
En ese sentido resulta refrescante que Vic sea un aliado comprensivo y poseedor de una paciencia casi infinita, en lugar de un policía insensible a las cuestiones raciales, quien de manera clara respeta a Shaft.
Mientras tanto, Bumpy es un encantador delincuente que fuma sin cesar su querido cigarro y cuyos aspectos más desagradables se mantiene fuera de la narrativa. Estos personajes tan peculiares mantienen el ritmo de la narrativa, y aunque la trama no es particularmente sofisticada se desarrolla con estilo.
De manera puntual el asunto que el director Gordon Parks haya filmado su película en el Harlem y los barrios aledaños, creando con ello una cápsula del tiempo acerca de la ciudad de Nueva York del año de 1971. Aquella urbe era todo menos glamorosa: una ciudad áspera, descarnada y sin pulir, lo que le da a la historia una sensación de autenticidad muy distintiva.
El señor Shaft está rodeado de basura, dificultades y pobreza, de lo cual Bumpy se aprovecha al máximo para construir un imperio de tráfico de drogas que diezma a la comunidad negra. Es por ello que la trama se toma su tiempo para desarrollarse mientras establece el entorno en donde todo acontece, y cuando llega la acción, esta es rápida, violenta y brutal.
El realizador Parks presenta varios episodios cargados de tensión y la escena culminante, en la que el ejército que acompaña a nuestro héroe se infiltra en el hotel de la mafia para rescatar a Marcy es apasionante.
A mi parecer lo que eleva la película de manera exponencial es la fabulosa banda sonora compuesta por Isaac Hayes, que alterna entre acentuar las dificultades y dar valor al personaje principal cuando entra en acción.
La icónica canción principal que acompaña los créditos iniciales, en los que Richard Roundtree se pavonea con arrogancia entre el tráfico, obligando a los autos a detenerse para dejarlo pasar y caminando de manera desafiante por las aceras abarrotadas, ganó de forma merecida un Oscar ya que combinada con las imágenes, define al personaje a la perfección.
En lo que concierne a Richard Roundtree se adueña de la película desde el primer fotograma hasta el último con su celebrada interpretación de John Shaft. Un hombre que se muestra tan cómoda cortejando a varias mujeres como golpeando en distintas oportunidades a los matones de la mafia, el actor consolidó casi por sí solo, el personaje afroamericano fuerte y enérgico.
El protagonista alterna entre una personalidad que va del desafío apasionado a serenidad elegante, vistiendo con esplendor suéteres de cuello alto y gabardinas de cuero, antes de ponerse su clásico atuendo de cuero negro para facilitar la paliza del tercer acto.
Según percibo la película no habría funcionado sin su actuación convincente, y gracias a ella, Shaft se erigió como el faro del género de la blaxploitation que otros persiguieron durante años.
Concluyendo, Shaft es sobre todo cine de entretenimiento, pero también fue una película destacada para la comunidad afroamericana. Es una de esas anómalas obras en las que el protagonista afroamericano es un héroe.
Luego de más de cincuenta años de su lanzamiento, la situación ha cambiado bastante, pero en aquel instante fue una obra revolucionaria, además una cinta que capta muy bien la tensión entre blancos y negros en los lejanos años setenta.

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