Dirección: Albert Maysles, David Maysles, Charlotte Zwerin
Duración: 91 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Mick Jagger, Keith Richards, Mick Taylor, The Rolling Stones, Charlie Watts, Bill Wyman, Marty Balin, Sonny Barger, Melvin Belli, Dick Carter, Jack Casady, Mike Clarke, Sam Cutler, Spencer Dryden, Chris Hillman, John Jaymes, Paul Kantner, Jorma Kaukonen, entre otros.
El documental emblemático sobre el trágicamente malogrado concierto gratuito de los Rolling Stones occurido en el Altamont Speedway el 6 de diciembre de 1969. Apenas cuatro meses antes, Woodstock definió a la Generación del Amor; ahora yacía en ruinas en una pista desolada a seis millas de San Francisco. Ante una multitud estimada de 300 mil personas, los Stones encabezaron un concierto gratuito con Tina Turner, Jefferson Airplane, The Flying Burritos Brothers y otros músicos. Preocupados por la seguridad del evento, se pidió a los miembros de la banda de motociclistas los Hell Angels que ayudaran a mantener el orden. En cambio, surgió una atmósfera de miedo y agresión, que en última instancia llevó a la muerte a puñaladas de un fan. Lo que comenzó como un amor por el poder de las flores había degenerado en casi un motín; rostros asustados y confundidos que se preguntaban cómo la Generación del Amor podría, en un rápido corte a sangre fría, convertirse en una generación de desilusión y excesos. Aquel día de diciembre de 1969, fue el día que murieron los años sesenta.
A veces, un documental es más que solo el tema sobre el que gira su narrativa. La forma que se hace una película puede ser tan importante como la historia que cuenta. Este documental es un ejemplo claro de ello.
Si bien Los Rolling Stones son sin lugar a dudas una institución cultural, con el paso del tiempo es posible que el publico actual los conozca sobre todo por sus rostros marcados por la edad y los años de vida agitada, y por las versiones de estudio de sus canciones que, aunque familiares y cautivantes, se perciben como apacibles y tímidas en comparación con la música que les siguió en los años posteriores.
Por eso es una asombrosa bocanada de aire fresco ver imágenes en vivo de la banda cuando estaban en su mejor momento, en la cima de su popularidad juvenil, y observar la increíble y deslumbrante vitalidad que transmiten estas mismas canciones y estos mismos interpretes.
En el contexto de esta cinta de Albert y David Maysles y Charlotte Zwerin (que sigue a los Stones hacia el final de una gira por Norteamérica y en el estudio), esa energía contrasta de manera marcada e incluso dolorosa con la logística de organizar cada show, y aún más al saber cómo termina esa gira.
Hay una cantidad sorprendente de formas de abordar un documental, y los cineastas de esta película han encontrado, sin lugar a dudas, a la que hace que Gimme Shelter tenga el mayor impacto posible.
No hay entrevistas ni análisis a posteriori: lo que vemos son imágenes captadas en el momento en que la banda está tocando, viajando o reaccionado de inmediato. Las imágenes hablan por sí mismas.
En ese sentido la excelente y cuidadosa edición y secuencia de Zwerin y Ellen Hovde intercala cada vez una mayor cantidad de material relacionado con el concierto gratuito de Altamont con material centrado en otros momentos previos a ese terrible clímax.
Lo que surge entonces es una estampa de buenos momentos y mucha diversión, en contraste con un evento que en múltiples aspectos (incluso de manera contundente en las etapas de planificación) fue una catástrofe que se volvió aleccionadora para los años venideros. Lo que Gimme Shelter acentúa de manera evidente es que el rock and roll no es de hecho solo diversión y juegos, y que por cada noche de ensueño también hay muchos días de trabajo duro, y a veces, cosas mucho, mucho peores.
A medida que avanza el metraje y Altamont ocupa el centro de la trama, la experiencia de verla se vuelve cada vez más angustiante, y uno no puede evitar sorprenderse de que el evento acontecido en 1969 no haya sido aún más fatídico y calamitoso. Más allá de eso, uno debe preguntarse si los festivales de música son, en general una mala o una buena idea.
Con una representación y una progresión cinematográfica que impresionan por su gran fluidez y naturalidad, Gimme Shelter logra que un momento fascinante y sombrío de la historia se sienta visceral y personal.
Por muy espantoso que fuera Altamont, no puedo más que felicitar a los cineastas por armar una cinta que capta tan bien el momento y que, como tal perdura como una vívida celebración de la música, pero también como un oscuro reflejo del caos encarnado.
Se podría argumentar que el documental no ofrece una imagen cien por ciento completa o perfecta de aquel día, y que no cumple con los más altas estándares de una realización cinematográfica juiciosa; sin embargo, se trata más del espíritu que de la letra, y la sensibilidad desordenada e improvisada del filme terminado concuerda con el enfoque pretendido y la realidad del curso de los acontecimientos: en la misma medida en que las primeras escenas de los Stones en el Madison Square Garden son estimulantes, las representaciones de la violencia de aquel 6 de diciembre de 1969 son impactantes de forma deliberada
Dicho de otra manera: la película es por momentos alegre y por otros sombría. Es la vida, pura y sin filtros.
Aunque ya sabia de antemano lo que iba a ver (había presenciado a lo largo de mi existencia por diversos motivos que no están relacionados con esta breve reseña, el momento del asesinato de Meredith Hunter), estos noventa minutos dejan una huella que no olvidaré.
El final de la década de los sesenta, e incluso solo la segunda mitad de 1969, se caracterizó una y otra vez por momentos históricos en desarrollo, para bien y para mal, pues el hecho de que el año haya concluido en efecto con lo acontecido en Altamont es un triste punto más bajo en términos narrativos, por ende difícil de expresar con palabras y que de otra manera no podría ser más adecuado como recurso narrativo en una obra de ficción.
Los realizadores Zwerin y los Maysles hicieron un gran trabajo con Gimme Shelter al plasmar esto en su documental: tanto la gloria del rock como la creciente toma de conciencia que da paso a un horror abyecto.
Desde luego por una cuestión de preferencia y gustos personales, queda claro que esta obra no le gustaría a todo el mundo, por no hablar del tono crudo, la cinematografía acertada pero sin pulir, y las escenas que involucran desnudez, consumo de drogas y violencia extrema.
Sin embargo, vale mucho la pena buscarla solo para conocerlo y apreciarlo por sus propios méritos, sin mencionar su lugar en la historia cultural, y se vuelve aun más imprescindible para quienes aman el cine, a los Rolling Stones o al rock en general.
Entretenido tal vez no sea la palabra más adecuada para describirlo, pero este documental es en términos generales cautivante, una experiencia visual enriquecedora que merece todo el tiempo y el esfuerzo que requiera verla.

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