Dirección: Orson Welles / Gary Graver / Oja Kodar
Duración: 88 minutos
País: Francia / Irán / Alemania Occidental
Elenco: Orson Welles, Oja Kodar, François Reichebach, Elmyr de Hory, Clifford Irving, Laurence Harvey, Edith Irving, David Walsh, Paul Stewart, Richard Wilson, Joseph Cotten, Howard Hughes, Richard Drewett, Alexander 'Sasha' Welles, Gary Graver, Andrés Vicente Gómez, Julio Palinkas, Christian Odasso, entre otros.
El famoso director Orson Welles presenta y narra este docudrama que trata esencialmente sobre la cuestión de qué es real y qué no lo es. Según el cineasta, el engaño está presente en todos los ambitos de la vida. En la isla de Ibiza, Welles se encuentra con el escritor Clifford Irving que se volvió famoso por su falsa biografía sobre Howard Hughes, y con Elmyr de Hory, considerado uno de los mayores falsificadores de arte del siglo XX. Welles se muestra intrigante al debatir el papel de los llamados expertos y termina la pelicula con su propia versión de lo que considera una ilusión. Como dato curioso fue la última película de Welles.
No es difícil entender qué es un ensayo cinematográfico, dada la gran cantidad que existe hoy en día de esa clase de ejercicios, ya sea que hayan sido escritos por periodistas, escritores aficionados y apasionados por el arte del cine o incluso por los propios cineastas y artistas que se dedican a ello de forma profesional.
Dicho esto, existen muy pocas películas que sean en esencia ensayos independientes por derecho propio, lo que convierte a este peculiar documental experimental escrito, dirigido y actuado por Orson Welles sea aún más especial.
En cierta forma, lo que parece un relato sobre el infame falsificador de arte Elmyr de Hory acaba siendo el telón de fondo de una sinuosa investigación sobre la naturaleza de la autoría y la autenticidad. Por ese motivo, a menudo se le considera un ejemplo paradigmático de lo que es un ensayo cinematográfico.
También podría describirse como un docudrama que más bien parece un truco de magia, una forma lúdica que tiene el propio Welles de abandonar el escenario del cine combinando su amor por la narración, la ilusión y el engaño en un solo paquete.
Aquí no hay una historia como tal. De hecho, apenas hay lo que podría considerarse una estructura narrativa. Es más bien algo cercano a aquella técnica de narración conocida como flujo de conciencia en la que Welles presenta a su público el concepto central del engaño, centrándose principalmente en la fascinante combinación de dos farsantes bastante conocidos: Elmyr de Hory y Clifford Irving.
El primero de ello se ganaba la vida como curador y pintor que descubría supuestamente obras maestras de artistas famosos, todas ellas pintadas por él mismo, falsificándolas todas. Por su parte Irving, se volvió conocido por insistir en que había mantenido reuniones secretas con el multimillonario convertido en ermitaño Howard Hughes, quien le había dado permiso para escribir su biografía.
Al final el tiro le salió por la culata cuando el propio Hughes llamó a la prensa y a los periodistas para asegurarles que no tenia ni idea de quien era el tal Irving. Al parecer, Welles ya estaba montando el metraje de esta obra cuando Hughes hizo aquella esclarecedora llamada, lo que le causó mucha gracia.
Lo que Welles realiza con esta gran cantidad de material, parte del cual filmó él mismo (hay unas cuantas imágenes en las que aparecen Welles y Elmyr juntos en una especie de fiesta informal), es plantear preguntas sobre el valor del arte, refiriéndose de manera repetida a un poema de Kipling llamado El enigma de los talleres, para ayudar a enmarcarlo, en especial la frase Es hermoso, pero ¿es arte?
De forma más que evidente la atención se centra principalmente en Elmyr, ya que su obra cuenta con un mayor historial documental que la acredita como gran arte, lo que se refleja en algunas críticas reales que se hacen a los llamados curadores y a los museos que se erigen en expertos en la materia de estos grandes artistas, mientras que son estafados por hombre capaz de crear un par de Modigliani falsos antes del almuerzo, que ellos comprarían por miles de dólares cada uno.
Aquel arte fue aceptado como una verdadera obra maestra, con las fuertes implicaciones que esto lleva consigo, ya que las obras de Elmyr seguían colgadas junto a las auténticas pinturas en muchos museos de todo el mundo, pero la gran incógnita que emerge ante todo esto es: ¿son menos arte por este hombre talentoso las falsificó en lugar de que el propio Modigliani las pintara de verdad?
Una de las partes más sugerentes del metraje es cuando se nos cuenta algo que el propio Picasso supuestamente contestó cuando le presentaron uno de sus propios cuadros y él insistió en que nunca lo había pintado. Cuando el hombre que se lo presentó le dijo que había estado ahí, que había visto al propio Picasso pintarlo, este insistió en que él también podía pintar un Picasso falso tan bien como cualquiera.
Dado que uno de los temas clave de este filme es el engaño, la mayor parte del metraje se centra en detallar los fraudes cometidos por quienes venden arte sin dar crédito al creador. Sabiendo hasta qué punto las interpretaciones falsas de obras de arte pueden venderse en el mercado como auténticas, queda claro que cada vez que la trama se detiene en el citado Señor de Hory, lo hace a través de las opiniones del protagonista del documental.
En lugar de editar escenas, la pelicula edita pensamientos, a menudo yuxtaponiendo lo que creía el propio De Hory y lo que creían sus críticos sobre sus estafas. En palabras de Alfred Hitchcock, la pelicula sabe cómo utilizar el mientras tanto en el rancho para despertar el interés del espectador.
Uno de los espectadores más fascinantes sería el biógrafo impostor, ya que sus opiniones sobre los limites psicológicos del Señor de Hory captan a la perfección las ideas sobre los valores de vender una falsificación al mercado.
Una de las cuestiones por las que se suele citar a esta cinta es por su innovadora edición, la cual se lleva a cabo principalmente a través de la atemporal impresora óptica. En este caso, calificar la edición de abrumadora es quedarse corto, puesto que el documental utiliza una gran cantidad de fotogramas congelados, diálogos grabados entremezclados con algo ajeno a lo que ocurre en pantalla, cortes bruscos y otros trucos rápidos y sofisticados.
En cierto modo, por muy rápidas y desordenadas que sean estas ediciones, contribuyen a la naturaleza sorprendente y francamente veloz del montaje de esta obra, dados todos aquellos diferentes elementos que esta presenta. Teniendo en cuenta lo complicado que era utilizar aquellas maquinas de edición hace cincuenta años (al parecer, el filme contó con más de seis editores) la cantidad de cortes y uniones que se realizaron en aquel entonces debió de causar un gran impacto en los cineastas actuales, ahora que el proceso es mucho más sencillo.
No es muy frecuente que un cineasta utilice el medio cinematográfico para engañar al publico (por lo menos no de este modo), pero teniendo en cuenta lo mucho que el publico puede darse cuenta del engaño cuanto más se acumula, estas técnicas en realidad se suman a lo placentero de la experiencia, de modo que incluso si se venir alguna sorpresa, eres capaz de ser sorprendido y hasta quedar impresionado .
Hay muchas ideas que se pueden extraer de esta creación de Welles, pero una de las más importantes, y sin duda la que pretendía transmitir su creador, es que quizá somos demasiado duros en términos del conocimiento popular y convencional cuando se trata de fraudes y falsificaciones.
Welles invoca las formas más aceptadas de fraude/falsificación, como las ficciones y la magia, y sugiere que quizás lo más importante no sea el estatus de una obra en términos de si es derivada o tiene precursores, o la intención del artista en lo que respecta a la originalidad y demás temas, sino simplemente la calidad estética de la obra en cuestión.
Si creemos que una pintura es buena desde el punto de vista estético, ¿es menos buena en términos estéticos cuando más tarde nos enteramos de que es simplemente una copia de un Matisse o un Picasso? La obra en sí no ha cambiado, solo se ha modificado nuestro conocimiento previo. Pero, ¿es nuestro conocimiento previo parte de la pieza que estamos juzgando?
Desde luego no son preguntas fáciles de responder. Se ha escrito mucho sobre estas cuestiones en el campo filosófico de la estética. Incluso si tenemos una respuesta con la que nos sentimos cómodos, tenemos que admitir que no es una cuestión muy clara. Al menos, no tan clara como lo es la actitud popular hacia los fraudes y las falsificaciones.
Aunque F de falso no es precisamente una pelicula fácil de ver, y cualquiera que no esté acostumbrado a los documentales puede tener dificultades para apreciarla, es una obra maestra que cualquier cinéfilo debería conocer.

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