Dirección: Paul Verhoeven
Duración: 108 minutos
País: Países Bajos
Elenco: Monique van de Ven, Rutger Hauer, Tonny Huurdeman, Wim van den Brink, Hans Boskamp, Dolf de Vries, Manfred de Graaf, Dick Scheffer, Marjol Flore, Bert Dijkstra, Bert André, Jon Bluming, Paul Brandenburg, Suze Broks, David Conyers, Truus Dekker, Marijke Frikilink, Reinier Heideman, entre otros.
A medio camino entre cualquier historia de amor contada en el cine y un cuadro realista de Rembrandt, esta pelicula esta protagonizada por Rutger Hauer en el papel del talentoso escultor holandés Eric, que vive un romance tormentoso, erótico y desafortunado con una joven y hermosa chica. La historia sigue el arco de su relación y su interacción con la familia de esta inestable muchacha. Contada en forma de flashback, al principio se ve a Eric como un coleccionista libertino y mujeriego que toma trofeos de sus conquistas sexuales y los pega en un libro. Ve una escultura que hizo de su amante perdida y entra en un flashback de su relación con su esposa.
Hay muchas formas en las que el amor y la pasión pueden manifestarse en una relación, pero para que estas prevalezcan es esencial que ambas partes se complementen física, emocional y psicológicamente; los sentimientos que nacen del romance deben ser ante todo mutuos y estar profundamente arraigados en ambas partes.
Cuando no es así, el resultado de esta dinámica al final es necesariamente el distanciamiento; es una ley no del hombre sino de la naturaleza.
En Delicia turca (un titulo sardónico relacionado con el dulce tradicional originario de esa nación, y que en este caso tienen que ver con el final de este relato) el director Paul Verhoeven disecciona una relación nacida de la pasión, examina las ramificaciones de las actitudes y acciones de las personas involucradas, así como de la pareja en la que se convierten, y ofrece los resultados a la audiencia para su consideración.
Sin embargo, aunque algunos duden de que esta sea una historia de amor y de pasión, aquellas dudas provienen de que toda la narrativa proviene de una ruta más equivalente a la sensibilidad de creadores como David Cronenberg que a la de Ang Lee, por lo cual se trata de una creación que en cierto sentido es más crudeza que sentimentalismo.
Así que uno no debe acercarse a esta película esperando momentos tiernos (que a mi entender si los tiene, pero no de la forma convencional en las que se suelen presentar); en cambio, habría que prepararse para una propuesta instigadora, sexualmente explicita y finalmente, gráfica en sus momentos más violentos.
Es decir, esta no es una pelicula para espectadores pusilánimes ni los modestos, sino solo para los espectadores más exigentes.
En los primeros minutos de metraje se nos presenta a Eric Vonk, un artista apasionado por su trabajo, pero aun mas por las experiencias que va atravesando que se inclinan más hacia lo desenfrenado y lo carnal. Al instante nos convertimos en voyeristas mientras el se entrega a una serie de encuentros cargados de lujuria, una muestra extrema de libertinaje irresponsable, maltrato y cinismo que no puede sino causar una primera impresión muy desfavorable y subjetiva en el espectador que se ve obligado a ser testigo de un hombre con apetitos evidentes e insaciables y un código moral vacilante. O al menos eso parece al principio.
Si bien, a medida que avanza la historia se empieza a comprender la personalidad de Eric y lo que le impulsa a actuar de cierta manera, y todo comienza con una fotografía que de una hermosa joven llamada Olga que cuelga de su pared, la mujer con la que Eric compartió su vida en algún momento, su amor, su pasión y desde luego su lujuria.
Desde el principio queda claro que ella ya no está con él, lo que nos lleva a plantearnos la pregunta inevitable :¿Por qué?.
Y a partir de ese comienzo poco alentador surge una imagen acerca de este hombre que puede no ser placentera y que de hecho, resulta bastante desconcertante. Sin embargo, al final de la historia todas las preguntas relacionadas con el lascivo escultor Eric y la misteriosa Olga terminan por ser respondidas.
Entonces, la pantalla se oscurece, pero las imágenes que el espectador acaba de observar permanecerán su mente durante algún tiempo, como en mi caso.
Basándose en un guion de Gerard Soeteman (adaptado de la novela de Jan Wolkers), Verhoeven se erige como la antítesis de Nora Ephron, presentando su historia de amor en términos crudos y primitivos de forma rotunda. Aunque consigue dejar claro que Eric siente un profundo amor por Olga, es el elemento de la lujuria la que parece dominar la anécdota, y aunque hay un giro dramático en la historia, no faltará quien asegure que todo parece más un cuento de hadas retorcido que otra cosa.
A mi parecer, más bien intenta retratar esa clase de vínculos que en los peculiares días en los que vivimos, se suelen denominar de forma casi gratuita como tóxicos. Ya saben, esa clase de relaciones que te destruyen, y lo sabes, estás más que consciente de cómo funciona pero aun así no puedes abandonar a la otra persona.
En ese sentido Verhoeven utiliza la violencia para expresar los mismos sentimientos que la citada Ephron, quien por ejemplo solía expresarlo a través de la compasión y la empatía. Pero este es otro estilo, es la prerrogativa del veterano realizador holandés, es su terreno y es su película (que por cierto es su ópera prima).
Y Verhoeven le expresa a su publico que si no les gusta, pueden irse. Lo cual significa que no es que no respete a sus espectadores, sino que parece que simplemente no lo ha tenido en cuenta.
Si eres capaz de comprender la sobrecarga de elementos con que el realizador desarrolla su propia creación, encontrarás una historia interesante, con la que incluso podrías identificarte. Pero al igual que la afinidad de Cronenberg por el fango y las cosas que transpiran, Verhoeven en apariencia no pudo escapar de su afinidad por el tratamiento inclemente de los personajes y de su historia.
En el caso de este filme, yo me quedo con ciertas escenas que se vuelven demasiado vanguardistas y que algunos no consideran efectivas en el contexto general de la trama. Se trata de escenas en las que Eric alucina o sueña despierto sobre aspectos concretos de su relación con Olga. Son inserciones abruptas en la narrativa que supongo para algunos no encajan con el flujo narrativo de la cinta.
Para mi dichas ensoñaciones muestran más de la esencia del propio personaje, en dónde están situados los limites de su propia violencia y agresividad, la capacidad de autodestrucción y de la capacidad de esa agresión de causar estragos en el otro que no son siempre tan visibles.
Por otro lado, Verhoeven consiguió revelar unas interpretaciones dignas de sus protagonistas Hauer y van de Ven, ambos en su debut cinematográfico. En el caso del primero (estaba a unos cuantos años de su debut en el cine gringo que ocurrió un año antes de su recordado trabajo en Blade Runner) mostró una habilidad natural ante la cámara y parece cómodo hasta mostrarse desinhibido, lo que le permite sacar al máximo partido a su atractivo físico.
Eric es un personaje complejo con una intención enérgica, atrevida y audaz que Hauer transmite con bastante capacidad en su interpretación.
En lo que respecta a Van de Ven más allá de su evidente belleza, hay indicios claros del talento que pronto le reportaría el reconocimiento internacional (aunque su estrella no ha brillado por encima del panorama gringo). Su interpretación de Olga es convincente y el director no desaprovechó ni utilizó de manera indebida sus innumerables encantos. Y lo que es digno de elogio, es que consigue trascender el mero uso de sus atributos físicos y crear un personaje memorable con una personificación verdaderamente conmovedora.
A riesgo de caer una vez más en el lugar común, esta pelicula en definitiva no es para todos. En mi caso, aunque lo contado resulta bastante doloroso he disfrutado el autentico viaje que fue su visionado. Según veo triunfa como un análisis de los extremos a los que nosotros como seres humanos somos susceptibles.
Por lo tanto, Delicia turca será recibida de muchas maneras diferentes. Algunos se sorprenderán y se horrorizarán por lo que ven en la pantalla, otros se sentirán ofendidos. Y otros comprenderán que lo que se muestra aquí es un reflejo existente de lo que ocurre en un mundo muy concreto, según la interpretación de Paul Verhoeven (la misma que yo comparto).

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