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Woodstock (1970)


Dirección: Michael Wadleigh

Duración: 185 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Joan Baez, Richie Havens, Roger Daltrey, The Who, Sha-Na-Na, Joe Cocker, Country Joe and the Fish, Arlo Guthrie, Crosby Stills & Nash, Ten Years After, John Sebastian, Santana, Sly and the Family Stone, Jimi Hendrix, Canned Heat, Bob Davis, Lilli Georgescu, Jefferson Airplane.

Una mirada intima al Festival de Música y Arte de Woodstock celebrado en Bethel ubicado en Nueva York en 1969, desde la preparación del espectáculo hasta la complicada limpieza, con acceso histórico a participantes, imágenes de conciertos abarrotados y retratos de los asistentes al concierto. Se muestran aspectos negativos y positivos del concierto, desde el consumo de drogas de los artistas y hasta fanáticos desnudos deslizándose en el lodo, desde el colapso de las vallas a causa de las hordas inesperadas hasta la llegada surrealista de helicópteros del ejercito con comida y asistencia medica para la ciudad improvisada de 500 mil habitantes. Este documental presenta actuaciones de bandas de rock y artistas que estuvieron allí, y un homenaje post créditos a activistas, intérpretes y organizadores que fallecieron desde el lanzamiento original.

Mentiría si dijera que luego de leer una breve sinopsis acerca de este documental no tuve unas severas dudas sobre si debía mirarlo o no, ya que visto desde afuera, parece una simple película sobre un concierto que duró tres días y que congregó a una enorme cantidad de jipis. 

Y por mucho que a uno le guste la música, el concepto de una película en la que se ofrece un exclusivo concierto de casi cuatro horas (es decir imágenes grabadas de artistas actuando, tal vez intercaladas con tomas del publico y quizá fragmentos de algunas entrevistas) no resulta en lo particular muy atractivo.

Todos esos aspectos que se esperarían de una película en la que se muestra un simple concierto los podemos obtener ya sea asistiendo al evento en persona o de otras manera (como por ejemplo las múltiples plataformas existentes en estos tiempos). 

Un documental que explore un concierto, un festival, la música interpretada en vivo, sesiones de estudio y demás cuestiones relacionadas debe tener un enfoque especial, ser notablemente exhaustivo o ser extraordinario en términos narrativo y singular en el aspecto musical para realmente llamar mi atención y ganarse el favor de mi interés. 

O tal vez simplemente estoy demasiado hastiado de haber visto ejemplos recientes de mala calidad, pues al menos en lo que respecta a la obra de Michael Wadleigh, me complace señalar que no es solo una película en la que se presenta un concierto. En toda esta producción hay inteligencia, sinceridad y maestría a lo largo de más de tres horas que van mucho más allá de las simples nociones de apuntar y filmar que he visto en otras creaciones, y Woodstock se convierte en algo más que solo el hecho de sentarnos a ver el concierto o escuchar de manera pasiva.

Ya seas un cinéfilo apasionado, un gran admirador de los artistas que formaron parte de ese momento decisivo de la cultura popular, o solo se este buscando algo agradable y gratificante para ver en un día tranquilo, esta cinta podría ser, de hecho una que no te puedes perder.

Basándome en la información que tenía sobre este mítico concierto desde el principio, en el mejor de los casos no sabía qué esperar al respecto; de hecho me encontré con la experiencia de que es todo lo que temía que no iba a ser. Es decir, se puede disfrutar de presentaciones enérgicas en términos maravillosos de músicos que se hallaban en su mejor momento, que le brindan una vitalidad innegable a un repertorio que cincuenta años después, de otra manera solo conoceríamos a través de grabaciones de estudio aceptables, pero que serian estériles de manera indiscutible.

Incluso si una canción en particular no se ajusta del todo a nuestras preferencias musicales personales, la energía sincera con la que la interpretan o actúan en vivo se transmite con perfecta fidelidad. Al igual que sucede al ver la ultima presentación de los Beatles en la azotea en Let It Be, o las actuaciones de los Rolling Stones en su mejor momento en Gimme Shelter (de la que escribí hace poco) ambas del mismo año, bandas y canciones como Sha-Na-Na y At the hop, o Richie Havens con su interpretación de Motherless Child rebosan de un entusiasmo fabuloso con el que ni siquiera algunos de los artistas contemporáneos más distantes, alejados del rock de aquellos años, pueden competir.

Como ejemplo claro de esto que afirmo, pensemos en la interpretación de Joe Cocker de With a little help from my friends (una canción prácticamente tradicional y clásica según los criterios del siglo XXI), contemplamos cómo este clásico cobra vida con un espíritu que solo puedo describir como apasionamiento. 

Sin embargo, esto apenas es una parte del todo. Me parece importante mencionar algunos nombres además del citado director Wadleigh que aportaron bastante para que este ejercicio alcanzara la notoriedad como Stan Warnow, Yeu-Bun Yee, Jere Huggins, Thelma Schoonmaler y nada menos que Martin Scorsese. 

Estas personas fueron fundamentales para el éxito de Woodstock y la brillantez de la experiencia visual, ya que la cinematografía de esta producción (y las magnificas decisiones de edición, incluida la presentación en pantalla dividida) son sinceramente tan vivas y estimulantes como la propia música. 

Estos aspectos elevan las ya excelentes y emocionantes actuaciones a niveles aun mas elevados de arte cautivador, entretenimiento y satisfacción, y acentúan la trascendencia de cada intervención sucesiva. La cinematografía y la edición por sí solas, ya son motivo suficiente para que valga la pena explorar este filme; ¿Cuántas veces podemos expresar eso de cualquier filme? 

Incluso cuando los músicos no son el centro de atención, la obra puede presumir de una aplicación y un cuidado minucioso gratificantes a gran escala en la construcción relevante del largometraje y en la forma en que fue filmado. Esto es, como si no fuera suficiente para Wadleigh el tener acceso a uno de los eventos por excelencia de la historia cultural, él y sus colaboradores abordaron el proyecto con habilidad, profesionalismo y pasión que ni siquiera la parte narrativa de ficción del cine puede presumir en cada ocasión.

Y la cuestión no solo se queda en esos valores mencionados, porque esto es más que una simple película sobre un concierto por la paz muy especial, y no es solo una obra cinematográfica magníficamente realizada. Woodstock es un momento único y extraordinario en la historia, capturado en película para la posteridad, y el director lo plasmó todo de principio a fin. 

Ahí, en ese documento  tenemos la preparación del campo y del escenario, las reacciones de los habitantes de la localidad, las tomas aéreas que muestran el caos de vehículos en la zona, la logística absurda (o la falta de ella), las tomas de la enorme multitud y de muchas de las personas que la integraban, todas las idas y venidas y las pequeñas formas en que la gente pasó su tiempo durante ese largo fin de semana; la lluvia, el lodo, la esencia pura de la celebración, el amor y la paz: lo vemos todo.

Es mas, se reconoce que, si a pesar de que todo el evento salió bien de forma sorprendente, hubo casos de personas que se enfermaron, se lastimaron, sufrieron una sobredosis o murieron, y que faltaban suministros e instalaciones de todo tipo. A la par la repentina y enorme afluencia de gente fue, en muchos sentidos una pesadilla que afectó al comercio y a la capacidad de algunas personas para trabajar o satisfacer sus necesidades.

En otras palabras, Woodstock debe recordarse como el evento fantástico y único en su tipo que fue, pero siempre habrá algún tipo de contrapartida, y nada puede surgir de la nada.

Y todo lo relatado, todo lo que el director nos muestra de lo que fueron esos tres días, subraya que en verdad no fue solo algo que pasa una vez en la vida, sino algo único en su género. 

Lo anterior significa la invasión cada vez mayor de los males del capitalismo, la expansión de las fuerzas sociopolíticas y la burocracia, las normas de salud y seguridad cada vez más estrictas, y las divisiones cada vez mayores entre las personas (sobre todo por la falta de un favor unificador especial) han significado, en los últimos cincuenta y tantos años, que ningún intento de recrear aquel festival pudiera tener éxito de la manera en que lo tuvo aquel, con vibras y reacciones positivas en términos abrumadores, y sin la influencia corruptora de una participación significativa de alguna empresa.

Cincuenta y tantos años después, debemos incluso considerar el futuro de la música en vivo en general, y de los festivales de destino en particular, ya que la inminente catástrofe ambiental significa que el gasto de recursos que implica la realización de tales eventos ya no puede darse por sentado. Como resultado, Woodstock no es solo una película que exhibe un concierto, ni solo una exploración de un evento destacado: es una cápsula del tiempo, en el sentido en que se puede decir de muy, muy pocas obras cinematográficas. Tal vez dentro de otros cincuenta años, esto cobrara otro tipo de importancia.

Por último, cualquier película de una duración tan considerable de tres horas o más, ya tiene garantizado un publico mas bien reducido. Esto se aplica en dos sentidos para los documentales, y si a alguien no le convencen los estilos musicales que se presentan aquí, o las imágenes y las conversaciones francas sobre desnudos, sexo y consumo de drogas, entonces basta con decir que tal vez sea mejor evitar esta cinta.

Pero si ninguno de estos aspectos es un obstáculo en si mismo, entonces en ultima instancia, esta creación solo puede ganarse mi mas alta recomendación. En mi caso, mis expectativas, eran como mucho moderadas cuando me senté a verla por primera vez, y me ha dejado impresionado por completo dado lo que realmente representa. 

En todos los sentidos, de modo literal esta cinta es ejemplar en su totalidad, casi tan incomparable como el tema que aborda. Desde la oportunidad de ser testigo de esos pocos días de agosto de 1969 y las tomas de las presentaciones que hacen palidecer a la mayoría de los espectáculos en vivo que ahora vemos, hasta el inmenso talento y el arduo trabajo de todos los que participaron en la creación de este documental. 

Wooodstock es en términos sencillos una obra maestra que no te puedes perder. Sea cual sea la forma en que lo veas, vale la pena hacer un esfuerzo especiar para acercarse a ella.

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