Hoy les voy a contar un cuento. Sí, de esos que tienen "final feliz" y "mensaje positivo"; aunque no estoy seguro de que éste lo tenga. En fin, espero que les guste, que al final aparezca el suspiro típico ante lo sensiblero, y que esa exhalación les ayude a conciliar el sueño o por lo menos si no hay respiración ambiciosa, si exista la capacidad para lograr dormir. Sin más preámbulos, empezaré: Había una vez un hombre que se sentía exhausto y una mujer aburrida. Caminaban por las calles de su ciudad, ya eran alrededor de las 10:30 de la noche. Era un anochecer tranquilo, sin frío y con las estrellas iluminándolo todo. Hacía pocos minutos que acababan de salir de un café, al que habían asistido para averiguar de que se trataba todo el asunto aquel del nombre raro, la luz tenue y los libros en el estante; también para codearse con algunas "personalidades" que frecuentan el lugar. En pocas palabras: para advertir si valía la pena o no. Al llegar conversaron...
Reflexiones de una persona que no entra en la media sobre el Séptimo Arte y Música