A Woman Under the Influence (1974)




Director: John Cassavetes

Duración: 155 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Peter Falk, Gena Rowlands, Fred Draper, Lady Rowlands, Katherine Cassavetes, Matthew Labyorteaux, Matthew Cassel, Christina Grisanti, O.G. Dunn, Mario Gallo, Eddie Shaw, Angelo Grisanti, Charles Horvath, James Joyce, John Finnegan, entre otros.

" El relato sobre Mabel Longhetti, una esposa y madre, quien es amada por su esposo Nick, sin embargo su locura resulta ser un problema para su matrimonio. La película retrata en un papel positivo la locura en la familia, desafiando así las representaciones convencionales de la misma en el cine."

Teniendo como marco un Estados Unidos conmocionado, en el que las masas de jóvenes habían perdido el ánimo épico y heroico de la preguerra que fue convertido en repudio antibélico, Cassavetes inicia su guerra particular contra la industria hollywoodense, cuando ésta pretendió boicotear su trabajo negándose a distribuir y exhibir la película en cuestión.
Reunir un grupo de amigos, entre profesionales y familiares de la producción, o recaudaciones abiertas al público, entre las que se recuerda una hecha por la radio en la que prometía un cine como tu vida, fueron los pasos determinantes para que el director no se doblegara ante el bloqueo y finalmente creara su propia compañía distribuidora para entregarle, al menos, su obra a una pequeña parte del mundo.
No puedo dejar de pensar que el germen de esta película fue una de las típicas discusiones que ocurren en el matrimonio, en la que la esposa (Gena Rowlands) le echaría en cara al marido (Cassavetes), todos los reproches que se le pudieran ocurrir en ese momento y éste para defenderse le respondió algo así como: ¿de verdad piensas eso? Me gustaría saber cómo hubieras sido si en lugar de estar con un artista, te hubieras casado con un vulgar obrero que tuviera mucho menos paciencia que yo, con tres hijos ingobernables y con el resto de nuestra parentela de por medio. Entonces ella seguramente habrá respondido: pues loca, habría acabado loca. Luego los dos habrán estallado en risas y se habrán ido contentos al bar de su calle a escuchar un poco de jazz. Y ya en la penúltima canción del concierto, Cassavetes, mirando profundamente a su amada esposa, algo afectada ya por el whisky, y recordando la conversación que habían mantenido anteriormente, llegaría a la siguiente conclusión: ¡ya tengo un guión! Ahora sabrás lo que estar casada con un obrero y ser una mujer insatisfecha de verdad, a través de horas y horas de ensayos y de rodaje.
Y así es como debió comenzar la historia de Mabel: un alma elevada, sofisticada, culta, ocupando un lugar que no le corresponde, el de una señora de casa del rudo y estrábico Nick, quien tras años de matrimonio, tres hijos pequeños y una suegra italiana, está sumida en la locura más profunda que produce el hastío y la medianía en estas almas refinadas. Un relato que transmite las frustraciones de estos personajes, el deseo de hacer bien las cosas, por criar de buena forma a los hijos, por salir adelante con todo y los trastornos, pero vemos como fallan, como se torna caótica la situación, insostenible, como ambos se encuentran muy afectados emocionalmente.
En cuanto al personaje de Mabel yo señalaría que es una mujer con la facilidad de desplegar su interior mediante su comportamiento, de comprender y de ser comprendida por los niños, pero a la que le cuesta adaptarse a las pautas de la vida adulta en sociedad, y en cuanto a Nick es preciso decir que es el marido obrero de carácter prepotente que no tiene mayor dificultad para lograr amistades y reunir a sesenta personas en su pequeño hogar, pero que su lenguaje no conecta con el de sus hijos, quienes no lo entienden y a quienes no sabe comprender, son el eje sobre el cual gira esta obra.
En esta cinta, el mentor del cine independiente americano, por encima de nuestra voluntad, nos coloca en el lugar de un simple voyeurista que tiene como objetivo el posible hogar de una familia cualquiera de clase media, con una perspectiva más que privilegiada; nos introduce a los lazos y nudos que unen y obstruyen la comunicación entre esposa y marido, madre e hijos, hijos y padre.
La actuación de Gena Rowlands en el papel de madre y mujer con claras muestras de desequilibrio emocional es fantástica, pletórica, desquiciante y finalmente inquietante, tanto por el lado verbal, el gestual y la excelente dinámica corporal. A ésta se suman los trabajos también notables de Peter Falk, en el papel del marido delirante y padre frustrado, la de los abuelos algunas veces desatinados y otras tantas también desequilibrados, y la labor de los niños, quienes al fin y al cabo son los más cuerdos dentro de la caótica familia.
Ayudan en gran medida al resultado los planos utilizados por el director, totalmente desprovistos de paisajes rimbombantes o escenarios pomposos, que termina reemplazando por encuadres cerrados en los que prevalecen rostros, miradas, muecas y los ademanes por encima de todo lo anterior. 
El aspecto sonoro juega también un papel muy relevante, puesto que complementa el lenguaje visual y nos envuelve en las distintas atmósferas de las situaciones que en conjunto denotan la condición de la dañada familia. Resulta especialmente entrañable el uso de sinfonías ejecutadas por orquesta para los momentos de intensidad y las piezas de jazz para aquellos que son más de placidez.
El cine de Cassavetes está caracterizado por la libertad que le brindaba a sus actores. Necesito que lo destruyan, que se hagan daño, escribió él mismo sobre su cine. Razón por la cual escribía y reescribía sus guiones tras cada ensayo, para alcanzar y atrapar la espontaneidad, la naturalidad, y sobre todo, la verdad que iba surgiendo tras cada exploración a la que sometía a sus actores. Es por ello que incluso hasta la actualidad se rumorea la falsa idea de que su cine es producto de la improvisación, porque se parece a la vida misma. 
Nunca diré que lo que hago es entretenimiento. Es investigación, exploración (...) Una buena película te planteará interrogantes que nadie te ha planteado antes, sobre cada día de tu vida. Una película es una investigación sobre la vida, sobre lo que somos. En esencia, parece que Cassevetes no filmaba historias, sino estados de ánimo. 
Especialmente recomendada para paladares expertos y cinéfilos de curiosidad insoslayable.

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