The Man Who Would Be King (1975)



Director: John Huston

Duración: 129 minutos

País: Reino Unido / Estados Unidos

Elenco: Sean Connery, Michael Caine, Christopher Plummer, Saeed Jaffrey, Doghmi Larbi, Jack May, Karroom Ben Bouih, Mohammad Shamsi, Albert Moses, Paul Antrim, Graham Acres, The Blue Dancers of Goulamine, Shakira Caine, entre otros.

" Dos soldados británicos que se encuentran en la India deciden renunciar al ejército y establecerse primero como reyes y después como deidades en Kafiristán, un país en donde ningún hombre blanco ha puesto los pies desde Alejandro Magno".

Es impresionante comprobar cómo sentado en un sofá y teniendo una pantalla delante se puede llegar a ser verdaderamente feliz. Quizá sólo durante la duración de una película, unas horas o el día, pero la felicidad está ahí, en la pantalla. Muy pocas películas logran eso, y encontrarlas es muy difícil, pero cuando llegan a mis manos siento como si hubiera encontrado un tesoro. Y esta cinta es un diamante en bruto.
La obra desprende ese inconfundible aroma de aventura clásica que evoca tiempos y escenas pasadas de manera instantánea hasta aquellos años en los que la literatura y el cine, digamos juvenil, amamantaba nuestra tierna imaginación con cierto mínimo nivel de calidad. Aunque no por ello voy a negar que a los de mi edad también nos arrojaron unos cuantos bodrios aleccionadores de propósito sospechoso. Sin embargo, el aspecto cualitativo por aquellos entonces era considerablemente elevado. De hecho, para realizar una buena película de aventuras bastaba con un buen guión, exteriores de ensueño, el conveniente toque exótico y/o misterioso y cierta justificación ética que sostuviera la sucesión de acontecimientos. El proyecto de Huston cuenta con todos esos ingredientes, pero lo que la convierte en excepcional es la pincelada rufianesca que muestran Connery y Caine en todo momento. Ese aderezo humorístico, esa leve pero intencionada ausencia de moral es la que revela oportunamente ese peculiar guiño con el que el viejo granuja de Huston acostumbraba a obsequiar a su público.
En su obra destacan tres elementos por encima de todos: fue el primero que retrató historias de perdedores en el cine, y eso lo mantuvo a lo largo de toda su carrera, retrató la ambición por encima de todas las cosas, y fue uno de los romántico incorruptibles de este arte, demostrándolo en diversas producciones suyas. Siempre quiso que esos perdedores tuvieran una oportunidad de hacer algo grande, donde radiografió la palabra ambición, algo que emparenta directamente con esta obra cumbre del género de aventuras y épico, una muestra de por decirlo vulgarmente, ese cine que ya no se hace, esas grandes epopeyas clásicas que se han perdido y que sólo se rescatan con Indiana Jones, y la muestra de que Huston era el último cabecilla del romanticismo artístico que quedaba vivo en Hollywood.
La odisea de los dos aventureros es, a día de hoy, una fábula extinguida en las pantallas de cine. Nadie filma ya este tipo de productos. Observar de qué manera avanza Sean Connery en solitario con su chaqueta roja contra las hordas adversarias no tiene precio. Parece una parodia de las cintas militares y la escena mantiene el encanto por su arrojo, tenacidad y surrealismo. Se podría decir que esta producción es una parodia de las películas de aventuras, consiguiendo de todos modos el apelativo de clásico del género, lo que por supuesto no deja de ser un tema de interés.
Es una película que consigue que vuelva a ser niño, poniendo una amplia sonrisa muy boba. Es la senda perfecta al sentimiento, a la adrenalina. Te muestra auténticas barbaridades como asesinatos, torturas, cabezas que sirven de pelotas y otras salvajadas por el estilo, pero se muestra de tal manera que provoca que me ria de ello, lograr sacar la gracia de la situación, y creo que eso se debe al espíritu aventuro del director, del gran John Huston.
A muchos les molesta que a Huston se le califique como aventurero y que se haya hecho un mito de ello, especialmente a los que creen que su cine está sobrevalorado, sin embargo creo que es imposible que alguien plasme de manera tan espontanea y autentica esta historia sobre lugares lejanos, sobre aventura y amistad, si no ha vivido en carne propia todas esas experiencias. Y Huston cuenta la historia tan vividamente, que me contagia esa alegría e irreverencia de los protagonistas, esos vividores a los que acompaño en todo momento en esta odisea.
Los protagonistas están encarnados por unos Sean Connery y Michael Caine en total estado de gracia, tanto que están más allá del elogio. Pero no sólo logran estar perfectos en sus respectivos papeles, sino que consiguen mostrar que su amistad sea absolutamente creíble, gracias a una química y una compenetración fabulosa. La pareja nos lleva por risas, acción, paisajes maravillosos, y se adentra en el corazón, logrando en mi caso que al final salga al mundo en forma de lágrimas.
Fueron lágrimas apenas reprimidas, son amargas y tristes, no obstante que también contienen alegría, porque sé que estaba contemplando algo auténtico, de verdad. Acompañan a una canción que honra la dignidad y la amistad hasta el final, que resuena en el más profundo de los abismos y que resonará por siempre, al menos en mi memoria, por mucho que los años intenten enterrarla.
Por otro lado, puede ser que Rudyard Kipling (cuyo guión escrito por John Huston y Gladys Hill está basado en una historia suya) sea el imperialista menos británico de cuantos existieron. Sólo leyendo la obra que dejó este portentoso autor, es fácil darse cuenta que, a pesar de su gusto por el colonialismo, Kipling amaba a la India (británica, por supuesto) por encima de la propia Inglaterra. Es esta obra el mejor legado de este pensamiento. Un país subdesarrollado que un británico quiere gobernar y mejorar y jamás abandonar. La idea imperialista de que la India nunca estaría mejor que bajo la protección británica acompañaría a Kipling hasta la muerte. Pero también, nos dejó tras su último adiós, una manera de pensar y amar que será dificil de olvidar. Un ejemplo, lo tenemos en el maravilloso poema de nombre If donde nos deja un legado de pensamiento oriental pegado a sus entrañas.
Es el resumen más visceral e idealizado de todo el género de aventuras, a caballo entre los clásico de Hollywood y el desencanto posterior del género que se cuestionaba la bondad del héroe, el revisionismo basado en la idea más primitiva de las aventuras, que tan de moda se puso a partir de este momento, y todo gracias a la genial inventiva de un hombre. Es una de esas escasas obras donde todo está tratado con tanto cariño, alejado de cualquier condescendencia, que al final no puedes optar más que por rendirte ante la evidencia y alabar esta muestra de cine clásico hecha en una época donde todo cambió, donde demostró ser un maestro de la vieja guardia, antes que las cintas de terror, filmes de explotación negra y el cine político tomaran las salas.

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