Dirección: John Huston
Duración: 97 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Stacy Keach, Jeff Bridges, Susan Tyrell, Candy Clark, Nicholas Colasanto, Art Aragon, Curtis Cokes, Sixto Rodriguez, Billy Walker, Wayne Mahan, Ruben Navarro, Álvaro López, Carl D. Parker, Bill Riddle, Al Silvani, entre otros.
Se narran las historias de dos hombres de la clase trabajadora de Stockton en California, que se encuentran en extremos opuestos de una carrera o una posible carrera en el boxeo, y que se conocen por casualidad al entrenar a la misma hora en el gimnasio local.
Por vergonzoso que sea admitirlo, al descubrir esta cinta la abracé con gratitud: había encontrado algo digno de mi atención que no era la vulgaridad usual de Hollywood ni el escapismo sin sentido para las masas tan habitual en estos días. Era más bien una película con carácter, una película con astucia.
A menudo considerada como el regreso de John Huston a su mejor forma tras más de una década de películas en su mayoría menos exitosas, Ciudad dorada es una sólida y oportuna mirada a dos hombres que avanzan en direcciones opuestas en el mismo rincón sórdido de los niveles más bajos del boxeo profesional.
La homónima Fat City (que le da el título a la producción) es la meta que los hombres anhelan sin poder alcanzarla jamás (un eco de varias obras de Huston desde El halcón maltés hasta Key Largo pasando por Moby Dick, Los inadaptados y Un paseo con amor y muerte), y ambos hombres reaccionan ante esa imposibilidad a su particular manera.
No creo que sea una de las mejores cintas de Huston. De hecho, creo que encaja bastante bien con su período de agotamiento, como lo describió Vincent Canby, pero tal vez es solo que el guion es mejor que la mayoría de los que había estado trabajando durante aproximadamente una década.
La narrativa inicia con Billy Tully que es un exboxeador que prometía mucho, pero cuya carrera se vino abajo tras el fracaso de su matrimonio. Pensando en volver al ring, se presenta en un gimnasio solo para entrenar, donde conoce a un tal Ernie Munger un joven de dieciocho años que a pesar de carecer de experiencia real, causa tan buena impresión que el propio Tully le recomienda acudir a su antiguo manager Rubén para pedirle una prueba.
Cada uno de ellos tiene una mujer en su vida. Tully conoce a Oma, una señora destrozada de mediana edad cuyo novio Earl es enviado a prisión, y se mudan a vivir juntos. A su vez, Ernie tiene a Faye una estudiante de secundaria en apariencia menor que él.
Entonces, la película trata sobre cómo estos dos hombres (Tully que ya ha pasado su mejor momento, y Ernie que está al inicio de una posible carrera ascendente) se enfrentan a problemas similares en torno a las mujeres, el dinero y la condición física, tanto dentro como fuera del ring.
Es justo este sugerente contraste de acontecimientos en la anécdota lo que da sentido a la trama: mientras Ernie intenta de forma desesperada subir al ring, evitando los clichés de las películas deportivas al motivar que pierda tantas peleas como las que gana, Tully hace todo lo posible por evitar el cuadrilátero, aceptando trabajos ocasionales hasta convertirse en un habitual de los campos rastrillando, recogiendo nueces o arrancando cebollas de la tierra.
Además, su vida familiar con la inestable y bebedora Oma está marcada por la presencia de su enamorado Earl (en realidad marido que se encuentra recluido), representado por las ultimas pertenencias del desaparecido hombre que se encuentran en el departamento que están guardadas en una caja cualquiera . Por otro lado Ernie se enfrenta a una vida adulta, en especial cuando Faye le anuncia que está embarazada.
A mi parecer donde la película se destaca es en su retrato en especifico de estos dos hombres. Es decir, son personajes plenamente desarrollados que viven al margen de la sociedad y buscan abrirse camino hacia Fat City, donde la vida será fácil.
Para conseguirlo lo único que tienen que hacer es subir al ring y ganar todos los combates; sin embargo, la vida no deja de interponerse en su camino, y ambos reaccionan de manera diferente ante las calamidades.
En lo que respecta a Tully sigue renunciando cada vez que sufre un revés, pero Ernie sigue adelante, ya sea que lo derriben en el primer asalto, que le declaren de manera injusta una derrota por nocaut técnico cuando le brota sangre de la nariz pero podría seguir peleando o que por mera probabilidad obtenga la victoria.
Sucede que Tully lo quiere todo, pero le da miedo dar los pasos necesarios para llegar a ese lugar, relegándose a emborracharse en busca de consuelo cada vez que tiene un momento, mientras que Ernie intenta construir algo.
Es un buen retrato de dos hombres opuestos, y Huston maneja de modo adecuado la producción. Al igual que ocurrió en el resto de su etapa de declive, Huston nunca dejó de ser un cineasta en términos visuales bastante competente.
Atrás quedaban los días en que imitaba los complejos encadenamientos de William Wyler, pero seguía teniendo un gran ojo para capturar las interpretaciones, y en el caso particular de Stacy Keach, Huston encontró a un protagonista en ese momento desconocido, en especial cuando se combina con la actuación desgarrada de Susan Tyrell que es una mujer desesperada y herida, buscando cualquier conexión posible y sin saber cómo manejarla cuando por fin la consigue.
Para subrayar la falta de una trama central que es en realidad para mi, una de las virtudes del filme. Esto lo compensa con una atmósfera muy lograda y unos personajes interesantes y creíbles. Se toma su tiempo para contar la historia que hay, y su sentido del fatalismo recuerda casi a Thomas Hardy.
Por ultimo es un retrato indeleble de personas perdidas y solitarias que malogran de forma silenciosa lo que les queda de vida. Luchan por sobrevivir, pero la lucha es inútil y quedan a merced de un destino implacable que solo se puede adivinar, debido a la negativa de la historia a complacer las expectativas del publico de resoluciones sin sentido y finales intencionalmente felices.
Ganar no es lo que importa, sino cuánto va a costar simplemente sobrevivir.

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