Dirección: Ted Kotcheff
Duración: 109 minutos
País: Australia / Reino Unido / Estados Unidos
Elenco: Donald Pleasence, Gary Bond, Chips Rafferty, Sylvia Kay, Jack Thompson, Peter Whittle, Al Thomas, John Meillon, John Armstrong, Slim DeGrey, Maggie Dence, Norman Erskine, Owen Moase, John Dalleen, Buster Fiddess, Tex Foote, Colin Hughes, Jacko Jackson, entre otros.
John Grant, un maestro que trabaja en la remota ciudad australiana de Tiboonda, está bajo un vinculo financiero con su trabajo en el gobierno. Al final del trimestre antes de las vacaciones de Navidad, planea visitar a su novia en Sydney. Para tomar un vuelo a Sydney, toma un tren a la cercana ciudad minera llamada Bundanyabba (o solo The Yabba), y planea quedarse allí durante la noche antes de continuar hacia el aeropuerto. Pero las cosas se salen de control, ya que es engullido por el Yabba y sus desconcertantes residentes.
Estamos ante una película que explora un descenso de pesadilla hacia la locura de la manera más inquietante, aterrador, y sin embargo, perfecta posible. El primer plano de la película (una toma panorámica vista desde arriba) establece el carácter desolado y aislado del escenario.
El protagonista, Gary Bond es un maestro británico en un lugar llamado Tiboonda, un pueblo remoto del interior de Australia, está claramente atrapado en medio de la nada, y Bond es muy consciente de ello. De tal forma que lo vemos expresar su desprecio hacia el sistema educativo por atarlo con una obligación financiera y convertirlo en su esclavo.
Cuando arrancan las vacaciones de Navidad, el resentido profesor con la intención de ir a Sidney a visitar a su novia, se dirige primero a un pueblo cercano llamado Bundanyabba, al que los lugareños llaman de forma corta como Yabba.
Una vez en Yabba, el educador entra en contacto con los lugareños, quienes parecen excesivamente entusiastas por conocerlo y le ofrecen un poco de su alcohol. Y una vez que el alcohol empieza a correr, todo se vuelve una locura.
El consumo desenfrenado de alcohol en Yabba lleva a Bond a un viaje hacia el abismo más profundo y oscuro del lado imprudente y peligroso de la masculinidad. Puesto que los hombres con los que el maestro se encuentra en Yabba no tienen nada que hacer más que beber y entregarse a actividades sumamente perturbadoras que consideran un ejercicio para fortalecer lazos entre ellos.
Esta desesperación por superarse unos a otros y caer en la violencia y el machismo descontrolado tiene sus raíces en el hecho de que estas personas tienen muy poco que hacer en sus vidas. La soledad y la falta de sentido de la vida de un hombre en ese lugar de Australia alimentan su necesidad de jugar con el peligro y lidiar entre ellos con su concepción desquiciada de lo que implica ser hombre.
Basada en la novela homónima escrita por Kenneth Cook, (conocida de manera más que acertada como Despertar en el infierno en España) se trata de un impactante thriller psicológico, visceral a niveles aterradores y brutalmente realista.
Dirigida con sutileza por el canadiense Ted Kotcheff, la película es un vieja al lado oscuro de la condición humana que no se anda con rodeos. El citado Kotcheff realizó algunas cintas destacadas (entre ellas aquella conocida como Duddy, el trepador y Las locuras de Dick y Jane con Jane Fonda) pero esta es sin duda, la obra más perdurable y conmovedora de todas las que realizó en su larga carrera,
En primer término, la adaptación que Evan Jones concretó de la novela de Cook dio lugar a un guion magistral, impredecible y aterrador. La historia es fascinante y realista, se mantiene alejada del melodrama y siempre mantiene un tono sugerente.
Aunque el alcohol es la razón principal detrás de las deplorables experiencias que el profesor atraviesa en Yabba, Kotcheff y Jones insinúan de manera sutil que Bond tampoco es por completo inocente. Su frustración reprimida por estar atado a Tiboonda en realidad lo lleva a sentirse un poco liberado una vez que llega a la ciudad mucho más poblada de Yabba.
Hasta cierto punto, permite que se aprovechen de él debido a su propio deseo de dejarse llevar. Para su mala fortuna, su búsqueda por liberarse de la jaula de su vida mundana en el remoto pueblo lo lleva a una jaula aun mas grande de alcohol y violencia.
A lo largo de todo el metraje se percibe un trasfondo sórdido y una amenaza de violencia que dejarán al espectador completamente hipnotizado. Visto eso, la brutalidad que surge del aburrimiento que los hombres de la historia viven día con día es tan sorprendente por su autenticidad y está capturada de manera impactante en la pantalla.
En cuanto a la autenticidad, sin duda la infame y angustiante secuencia de la caza de los canguros desanimará a los espectadores. Aunque es muy desagradable y desconcertante, es innegable que realza tanto la realidad como el carácter aterrador de la película. Además (y este punto es fundamental mencionarlo) la persecución habría ocurrido, estuvieran o no las cámaras grabando.
Es que es así, los idiotas borrachos con armas y con demasiado tiempo libre hacen cosas salvajes y repugnantes; eso no es objeto de debate, es la verdad. Incluso, podría afirmarse que la inclusión de la secuencia por parte de Kotcheff simplemente aumenta el poder narrativo.
En lo que respecta a la cinematografía naturalista utilizada por Brian West esta captura el interior australiano como ninguna otra que haya visto: ahí están el calor, la inmensidad del territorio, el sudor, la vastedad de todo ello. Su trabajo de cámara es fluido y artístico, y su composición y encuadre son de una belleza innegable. Es una obra que recuerda lo mejor de fotógrafos como Bert Glennon o Freddie Young: una fotografía épica que resulta verdaderamente inolvidable.
En lo relativo a el montaje de Anthony Buckley es certero; sus cortes aportan sutileza y fuerza adicionales a la narrativa. En particular la banda sonora de John Scott es atmosférica e inquietante, y contribuye al tono siniestro de la historia, sin caer nunca en lo exagerado ni en el melodrama.
A todo esto el diseño de producción y la decoración de los sets se sienten tan realistas como desaseado; cada escenario de la película parece auténtico. Y lo mismo puede decirse del diseño de vestuario de Ron Williams: parece que los trajes empleados fueron robados de los tendederos de los vecinos durante la noche (antes de que fueran lavados, cabría añadir).
Por lo que atañe al intenso realismo de la película se extiende a las interpretaciones de los actores. Gary Bond en el papel de Grant ofrece una actuación magistralmente sobria. Para el espectador es simple ponerse totalmente de su lado mientras sufre torturas de tipo psicológico mientras se halla atrapado en The Yabba. A lo largo de su carrera, a Bond se le comparó a menudo con Peter O'Toole, pero su presencia en la pantalla es mucho menos teatral y su actuación en este filme, es en términos simples bastante natural.
Sin embargo, en lo personal me quedo con Donald Pleasence quien resulta brillante e inquietante en el papel del excéntrico Doctor Tydon. Su personaje suele ser tan irregular a lo largo del metraje, pero su presencia y sus peculiares gestos contribuyen a añadir un elemento escalofriante en varias escenas.
Por cierto, he leído que Scorsese recibió una gran influencia de esta cinta, y eso me lleva a establecer otra analogía. El descenso a la locura de pesadilla en el que se embarca el protagonista en esta película es similar a la noche colorida y peculiar que vive el protagonista en After Hours del propio Scorsese. Aunque ese filme es una comedia negra y no es ni de lejos tan inquietante como la cinta que hoy me ocupa, el elemento de pez fuera del agua en ambas película es sin duda comparable.
Al final Despertar en el infierno es al alcoholismo lo que Réquiem por un sueño es al consumo de drogas. Pero dicho esto, seria injusto describir la cinta como una simple advertencia sobre el consumo imprudente de alcohol. Es mucho más profunda que eso. Esta película tiene mucho que decir sobre algunos hombres en aquella década en aquel lejano lugar, cuyas raíces se encuentran en el mero aburrimiento.
Explora los peligros de la soledad y arroja luz sobre cómo uno puede perder el control de sus sentidos cuando lleva una vida de total insatisfacción. Desde luego, no es una obra para todos, pero en mi criterio es una obra maestra oscura, turbadora y surrealista.

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