The Addiction (1995)



Director: Abel Ferrara

Duración: 82 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Lili Taylor, Christopher Walken, Annabella Sciorra, Edie Falco, Paul Calderon, Fredro Starr, Kathryn Erbe, Michael Imperioli, Jamal Simmons, Robert W. Castle, Michael A. Fella, Louis Katz, Leroy Johnson, Fred Williams, Avron Coleman, entre otros.

" La estudiante de filosofía Kathleen Conklin es mordida por una mujer vampiro, lo que provoca cambios decisivos en su persona, convirtiéndose en una drogadicta ávida de sangre para calmar la insaciable sed que la oprime. Incapaz de rebelarse ante su nueva condición vital que la domina por completo, la desconcertada joven buscará comprender el auténtico alcance del fenómeno, al mismo tiempo que intervendrá en brutales masacres vampíricas de inadvertidos amigos y conocidos."

En la introducción de El Almuerzo Desnudo (libro que también se cita en la película), William Burroughs describía la adicción a la droga como un molde de monopolio y posesión, definiendo a la droga como origen de un virus maligno que convierte al adicto en portador y rostro del "mal", una especie de ectoplasma (supuesta emanación de un médium durante una sesión de espiritismo) dispuesto a robar, engañar, mentir o vender a su madre con tal de satisfacer el álgebra de la necesidad.
Es bajo este prisma que en la cinta, Ferrara recicla la mitología del vampirismo proyectándola como feroz metáfora de esa Maldad con mayúsculas que habita como un parásito dentro del ser humano y al mismo tiempo como encarnación brutal y deshumanizada de la adicción a la droga y traslación material del Pecado.
Libro tras libro, la obra de Ferrara se va construyendo peldaño a peldaño siguiendo las tesis y/o teorías filosóficas mas actuales. Por eso pareciera estar hecha con una enciclopedia básica bajo el brazo. Podrán decir que es pretenciosa, y quizás algo de razón tengan. Pero a mí me ha parecido una fría y seca cátedra académica con buenos recursos formales, nada más. Los actores salvan la verborrea con el compromiso que muestran en cada escena, con sus gestos y miradas. Si tuviéramos la oportunidad de quitar a los actores, la película se podría confundir tranquilamente con una tesis doctoral basada en la fusión de ideas. 
Tengo mis razones para manifestar esto último: ninguna de las ideas expresadas se impone como una visión definitiva del mundo mostrado, salvo que la sociedad está perdida en sus propias adicciones. Y para demostrar esa proposición no hace falta ninguna tesis filosófica: basta con abrir la ventana y mirar alrededor.
Las imágenes de cadáveres (Vietnam y los campos de concentración nazis) que aparecen a lo largo de la película no hacen sino reforzar la tesis de la visión de Ferrara sobre la condición humana: el hombre que es un vampiro y un adicto como surtidor infinito de ruina moral, generador de muerte y vacío, incapaz de frenar su repugnante hambre, su ansia voraz de horror y dolor.
Los vampiros de esta cinta recitan de memoria a Kierkegaard y a Sartre, vagan por la ciudad como si se tratara de un abismo insondable y sienten un vacío existencial que ni siquiera la sangre es capaz de satisfacer. 
Excesivo, discursivo y petulante hasta la nausea, Ferrara ofrece como única y posible solución para la salvación de nuestras almas el arrepentimiento, la expiación de la culpa, es decir, la religión, el catolicismo, como única formula posible para el perdón de nuestros diabólicos pecados, vía de luz (la cruz) y redención. Porque como síntesis ramplona de algún teólogo ignorado y puesto en términos accesibles: No somos malos por el mal que hacemos, más bien hacemos el mal porque somos malos. El alivio del vicio al que estamos condenados.
Personalmente, solo estoy de acuerdo parcialmente, ya que, según mi visión, esa es una de las opciones que tiene el hombre: la otra sería el trabajo personal para trascender esa adicción, lo que, según las filosofías orientales, nos conducirían a un estado de liberación del sufrimiento, el estado de felicidad supremo: el nirvana.
Como sea, Ferrara es uno de los cineastas más valientes de la última época, que por lo menos muestra una visión personal y única de lo que nos rodea. Esta creación suya es un filme terrorífico, claustrofóbico (a lo que aporta su imponente blanco y negro), y también es una película salvaje que además de aludir a los instintos más primarios, se pregunta sobre ellos. Incluso en ciertos momentos podría parecer una película de zombies, con todos esos vampiros sin control lanzándose sobre gente inocente. Incluso podría ser hasta una producción del género gore en su parte final (gore suave, tampoco es para tanto) con esa matanza/orgía en la casa.
Lili Taylor está escalofriante, pero lo de Christopher Walken como Peina es espectacular, ya que con diez minutos de presencia, deja marcado el relato con una impresionante tranquilidad ante la cámara y un poder escénico tan controlado, maravilla de interpretación.
Aquí no hay poderes sobrenaturales, ni grandes castillos, ni vampiros elegantes, ni doncellas. Lo único que hay son calles oscuras, gente desorientada, preguntas sin respuesta, mucha oscuridad y mucha reflexión sobre los cánceres que le van apareciendo a la sociedad según evoluciona. Y de la misma forma que la protagonista se convierte en uno de esos cánceres por culpa de todo lo que le rodea, busca sin cesar a victimas, pero también a aquellos que se han convertido en lo mismo que ella.
Aunque, siempre según mi visión, la película solo trate de una de las dos opciones que el ser humano tiene en la vida, no me cabe duda de que Ferrara hace una aproximación a ese lado oscuro y al origen de toda oscuridad en el mundo de una forma cinematográficamente sobresaliente y valiente, reforzando la historia con un blanco y negro poderoso que estimula nuestra mente hacia las tinieblas como si de un mago hipnotizador se tratara el Ferrara este.
Como me estoy emocionando un poco, voy a contenerme y reservar mi energía para seguir viendo película de Ferrara, que le hace falta a mi sed cinéfila ante el desértico e implacable panorama que se extiende ante mis ojos.
Por último, no sobra decir que no sólo de la comedia vive el hombre, sino también del enfrentamiento con aquello a lo que no queremos aceptar. Eso es lo que hace Ferrara, y atravesando en sus tinieblas, nos ofrece sus conclusiones. A ver quién es tan valiente como él.

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