La La Land (2016)



Director: Damien Chazelle

Duración: 128 minutos

País: Estados Unidos/ Hong Kong

Elenco: Ryan Gosling, Emma Stone, Amiée Conn, Terry Walters, Thom Shelton, Cinda Adams, Callie Hernandez, Jessica Rother, Sonoya Mizuno, Rosemarie DeWitt, J.K. Simmons, Claudine Claudio, Jason Fuchs, D.A. Wallach, Trevor Lissauer, entre otros.

"En Los Ángeles, un pianista de jazz se enamora de una aspirante a actriz"

Hace un mes que la vi y por fin tengo la oportunidad de hablar de ella. Pero, vamos desde el principio. Estábamos en plena temporada de premios, y nos inundaba la avalancha de películas de los premios, que ya son casi un subgénero dentro del mundo del cine. Películas avaladas por una larga lista de nominaciones, más o menos compradas por los estudios, que en muchos casos hubieran pasado sin pena ni gloria, y que nos venden como obras maestras o definitivas.
Esta obra es un claro ejemplo de este cine. Una versión más de chico encuentra chica (o viceversa), con toques vintage, homenajes a los musicales clásicos, pizcas de comedia amable y de melodrama ligero, que no sabe muy bien por cuál de los caminos decantarse y que se queda a medias en todos.
La verdad es que yo pensaba iniciar mi comentario expresando que esta película no debería ser considerada un musical, pero temía no ser comprendido por el lector. En sentido estricto, si lo es, considerando su adecuada banda sonora (original e incorporada) y de manera definitiva porque contiene bailes y coreografías. Pero si se hubieran suprimido tales elementos tengo que decir que, en mi opinión, este largometraje no sólo no hubiera mermado su nivel de calidad sino que el resultado habría sido otro mucho más coherente.
¿Por qué? Porque la medianía en torno al cantar, bailar o realizar una coreografía es tan apabullante que produce cierta incomodidad. El cine musical es un género muy serio y adictivo precisamente porque sus iconos fílmicos se caracterizan por todo lo contrario: trabajo, profesionalidad y calidad. En esta película los protagonistas no saben cantar ni lo intentan, no saben bailar ni lo intentan; y las coreografías son burdas y malas imitaciones del gran cine musical.
Pero bueno, sucede que los musicales gustan. No hay nada arriesgado en un musical, tal vez solo cuando el musical sea arriesgado en sí mismo (como puede ser la magnifica All That Jazz), pero esta cinta no lo es. Esta cinta es meramente autocomplaciente, sencilla, hueca y agradable. Pero nada más. todos los demás ornamentos que le han dedicado son más fruto de una buena jugada de la mercadotecnia que de la verdad.
Porque un musical es una apuesta segura, más aun cuando el guion se encamina a repetir un esquema tan trillado que lo recitas de memoria; salvo que esto no debería importarnos si los números musicales animan la función. Sin embargo, esto apenas sucede. Un autoproclamado musical con apenas un numero memorable y el resto tratando de recordar donde se han equivocado. Y con toda la valentía, por caraduras, del mundo se atreven a homenajear a musicales de antaño sin ningún pudor o sutileza. Ahí tenemos fragmentos de West Side Story o algunos recortes más descarados de An American in Paris. Y ni por hacer uso de esas tácticas se libra de su torpeza, aunque por suerte sirven como tabla de salvación. Supongo que la explosión de entusiasmo que ha producido es consecuente a la escasez de sentimiento de la mayoría de películas actuales. No llegaré a decir que en el país de los ciegos el tuerto es el rey porque seria minimizar demasiado esta bonita película, pero valga ese refrán para resumir un poco el asunto.
Pero bueno, habrá defensores de la cinta que se pongan violentos (como todos los que justifican sus gustos en la actualidad) y que comprendan nada del análisis que se haga sobre ella. Porque esta obra es para quien lleva el musical en la sangre cinéfila desde hace varios años, una autentica recopilación con poca inspiración, llena de clichés, con un nulo sentido de la filmación de los números musicales, despreciando la breve narración que exige el rodaje de cada uno de ellos y algunas veces, con una puesta en escena que parece anular incluso el desarrollo del numero, como ocurre con el de la casa que comparte la protagonista con sus amigas. Eso si, hay muy buenas canciones, aunque ninguna de ellas aunada a algún numero pueda quedar en el recuerdo, para que la cinta pueda formar parte de lo mejor del género. Y sin embargo, mi favorita sigue siendo Another Day of Sun, con la que todo el relato comienza. De hecho, la extraordinaria City of Stars no pasa de ser una pieza a la que no se le saca el partido que permite, a pesar de su emotividad. 
A mi entender, Chazelle no logró captar algunas leyes básicas del genero y se ha quedado a medio camino entre una historia común sobre aspirantes a triunfadores, de perseguidores del gran sueño americano, la historia antes vista de Sebastian y Mia. En el caso de Mia, perpetrado con algo más que algún recurso deus ex machina. En el caso de Sebastian, más congruente con la renuncia temporal a su sueño, a modo casi de inversión para poder conseguirlo más adelante. La historia puede ser tan endeble que a veces los actores no saben que actitud tomar o como de cierta verosimilitud a esos personajes tan acartonados que solo se sabe como actúan porque lo exige el guion. Tal vez no acaben de funcionar como pareja para estar a la altura de la película, la química imprescindible que enamore a los espectadores, que les provoque aquellos lances vitales con la emoción con que el guion pretende que lo sigamos.
Decir, por ejemplo que a la película le falta la Magia del genero, se refiere a esa sensación que el espectador tiene de levantarse de la butaca o el asiento de la casa y arrancarse a bailar, dejándose llevar por una coreografía que se crea con el propio breve instante de la inspiración que le transmite la música que oye, puede ser malentendido, pero creo que esa es la piedra definitiva para saber si se esta ante un verdadero musical, ante una burda imitación o ante una desangelada recreación. Por eso, que lo mejor de de un musical sea la música no siempre, paradojicamente sea lo suyo, aunque suene a estupidez. En este caso, he de reconocer que la obra de Justin Hurwitz tiene en todo momento un extraordinario nivel de inspiración.
Centrándome en el argumento, tal vez Damien Chazelle, un joven director quería rendir homenaje a los musicales clásicos y decidió que una historia de amor conocida, no demasiado original, le venia como anillo al dedo. No lo sé. El punto es que aquí, sin ir más lejos, nos muestra una pareja, que viven su relación dentro de los cánones de las comedias de Hollywood, es decir, se encuentran, se odian, vuelven a encontrarse, se gustan, se enamoran y un largo etcétera. En fin, el género tampoco es fácil de definir.
Creí que era un musical, al menos ese arranque espectacular me lo demostraba. Pero avanza y parece ser una comedia romántica con canciones y luego, tras una hora y diez, acaba volviéndose un drama agridulce, un intento de retrato generacional de unos jóvenes cuyos sueños son casi imposibles, con casi ninguna canción. El arranque ademas juega en su contra. A mi modo de ver, pone las expectativas en un lugar muy alto y después a medida que avanza el metraje, nunca se vuelve a alcanzar ese nivel.
Claro, no debe ser fácil hacer un musical o un drama con canciones, y aplaudo ese intento. Pero una de las claves como espectador, es que aparezca la música y se perciba como algo natural, algo que fluye y que viene para provocar que la historia avance. Pero no, ocurre todo lo contrario, se vuelve una distracción con tantos fuegos artificiales perfectos, para acabarse preguntando ¿qué diablos hacen estos ahora cantando y bailando? Y por eso, hablaba del argumento, porque es demasiado sencillo para una película que dura mas de dos horas y por lo tanto, se va alargando de manera excesiva, hasta el infinito y más allá. Porque en realidad lo que relatan no daba para tanto.
Lo interesante de la película aparece después de la hora. Curiosamente, cuando llega, a mitad de una larga discusión entre los protagonistas, se empieza a saborear lo que realmente querían contar. Y esos temas si me resultaron atrayentes: el precio a pagar por los sueños, las inevitables renuncias para lograrlo, la frustración por no conseguir lo que se sueña, la falta de confianza en uno mismo, el cambiar los sueños para adaptarse y madurar. Ese es el retrato generacional que podría calificarse como destacada, pero ya se ha visto en otros proyectos y me he parecido mucho mejor. Y esos proyectos pasaron desapercibidos.
En definitiva, un fenómeno de la mercadotecnia, una película que veremos porque hay que verla y que olvidaremos en cuanto llegue la siguiente obra indispensable que no te puedes perder, que seguramente hubiéramos disfrutado mas de habérnosla vendido como lo que realmente es.

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