Dirección: Jacques Rivette
Duración: 192 minutos
País: Francia
Elenco: Juliet Berto, Dominique Labourier, Bulle Ogier, Marie-France Pisier, Barbet Schroeder, Nathalie Asnar, Marie-Thérèse Saussure, Philipe Clévenot, Anne Zamire, Jean Douchet, Adèle Taffetas, Monique Clément, Jérôme Richard, Michael Graham, Jean-Marie Sénia, Jean-claude Biette, Jacques Bontemps, Michel Caen, entre otros.
Dos jóvenes misteriosamente vinculadas ven cómo su vida cotidiana se ve alterada por un extraño melodrama que se desarrolla en una realidad paralela cercana a la alucinación.
Bueno, realmente no sé por dónde empezar. No entiendo en absoluto por qué se considera que esta es una gran película. En mi opinión, ni siquiera es una obra que calificaría de aceptable, y mucho menos de una gran pelicula.
Por mucho que lo intento, no se me ocurre nada bueno que decir. Empecemos por la fotografía: un gran nada. No hay nada en la forma en que sé filmó esta cinta que la haga destacar de alguna manera. De hecho, diría que esta mal filmada.
En cuanto a las dos actrices principales ninguna aporta nada sustancial a sus interpretaciones. Es como si el director hubiera tomado a dos mujeres de un bar una noche y les hubiera dicho: ¡Pueden protagonizar mi película!
La trama es tortuosa y serpenteante, en el mejor de los casos. Y me suelen gustar las películas que no tienen necesariamente una trama sólida. Me vienen a la mente las creaciones de Antonioni, en las que no pasa gran cosa, pero el director aporta mucho subtexto, misterio y atmosfera a sus películas, mientras que en este caso, es mejor olvidarla.
De hecho, la trama me recuerda nada más que a un intento amateur de realizar una obra casera.
Algunos directores utilizan menos del dos por ciento de su metraje en el montaje final, pero Rivette debe de haber utilizado el noventa y dos por ciento del suyo para construir esta pelicula; tal vez haya utilizado absolutamente, incluyendo al parecer las tomas descartadas.
Es decir, el tedio a veces tiene sentido, pero no en este caso. Se trata de un tedio que se vuelve interminable, ya que cada escena parece calculada para poner a prueba la paciencia del espectador. No hay humor, ni ímpetu, ni estilo, ni grandes frases, ni escenas clásicas, ni siquiera intentos tristes de conseguirlo, solo una comicidad forzada que fracasa en todas las escenas.
Hay risitas tontas sin fin, escenas como las del club nocturno que son simplemente agotadoras por su extendida duración, secuencias fantásticas que supuestamente pretenden parecerse a una comedia cursi de televisión, pero que al carecer de cualquier atisbo de humor, pierden por completo su sentido y los actores se ven perdidos.
A mi juicio, como señalé antes el par de actrices que protagonizan el filme se esfuerzan demasiado por parecer simpáticas y solo consiguen resultar empalagosas. Y aunque algunos aseguran que no hubo improvisación y si se seguía lo escrito en un guion, estoy esperando a que algún director comprenda esta sencilla verdad: que dar rienda suelta a los actores no provoca que la acción sea más espontánea y natural, sino más apagada, más consciente de sí misma, más antinatural y vergonzosa que si se siguiera un guion coherente y meticuloso.
Luego entonces la dura que emerge es ¿de qué trata esta cinta? Bueno, en realidad no trata sobre nada en particular. Dos mujeres se conocen, se mudan juntas y tienen muchas conversaciones aburridas, hasta que empiezan a mirar una telenovela estilo ochentera, para más tarde incorporarse al propio elenco de la telenovela ridícula que antes estaban mirando y les causaba mucha gracia.
Después de un rato te das cuenta de que Rivette solo está experimentando como un autentico cretino. Se dejan frases mal dichas, los personajes miran de forma inadvertida (o deliberada, depende el caso) a la cámara. Seguro que Rivette ante su creación diría que este es una pelicula que no es una pelicula, que solo estaba jugando de manera deliberada con nuestras ilusiones. Yo le diría: Vous êtes un wankeur
También le preguntaría ¿por qué tres horas y media de este truño? Un articulo del sitio australiano Senses of Cinema se apresuró a explicarlo: Rivette rompe con la tradición de adherirse de modo rígido al marco temporal entre los noventa minutos y las dos horas, impuesto por las leyes del capitalismo de libre mercado. Como cineasta, Rivette se niega a limitarse a estas duraciones arbitrarias, o a las reglas aun más arbitrarias aunque tácitas, sobre las exigencias en cuanto al tema y la puesta en escena en las películas de duración épica. En cambio, Rivette alarga la duración de sus películas más allá de lo necesario, hasta el punto de que se entiende que la duración de la pelicula en sí misma es una declaración sobre el sistema en el que trabaja y contra el que se rebela.
¿Tres horas y cuarto simplemente para desafiar las convenciones? Repito: un wankeur
El público es el engañado aquí, objeto de burlas por intentar la realidad a lo que de forma consciente no es más que una película. Esto no es la Nueva Ola.
Considero a Rivette un imitador, un charlatán. Quiere rodar al estilo de Rohmer, pero no tiene la indefinida destreza de este último. Quiere romper las reglas como Godard, pero no tiene el estilo indefinido ni el carisma de este último. Quiere expresar algo significativo de manera espontánea como Truffaut, pero no tiene el intelecto ilimitado para ello. Lo único que puede hacer es intentarlo. Se nota que lo intenta y nada más.
Entonces, ¿por qué esta pelicula goza de una reputación tan elevada? Creo que tiene mucho que ver con lo que la obra intentaba lograr en aquel momento. En mi opinión, las aspiraciones intelectuales de la obra cegaron a los críticos de la época.
Para mí estaban tan contentos de ver un filme que intentaba ser algo más que una simple narración que la elogiaron mucho más de lo que se merecía. Y sin duda a finales de los sesenta y a principios de los setenta existía la sensibilidad de que el simple hecho de ser diferente, de no ser parte de la tendencia dominante, le daba a una obra un cierto prestigio.
Todo se reduce a un único chiste malo que no tiene gracia y a una única idea que no es ingeniosa. Tres horas y cuarto de tonterías, increíblemente aburridas.

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