Dirección: Luis Buñuel
Duración: 101 minutos
País: Francia / Italia / España
Elenco: Fernando Rey, Delphine Seyrig, Paul Frankeur, Bulle Ogier, Stéphane Audran, Jean-Pierre Cassel, Julien Bertheau, Milena Vukotic, Maria Gabriella Maione, Claude Piéplu, Muni, Pierre Maguelon, François Maistre, Michel Piccoli, Ellen Bahl, Christian Baltauss, Olivier Bauchet, Robert Benoit, entre otros.
Una red compleja, cambiante y prácticamente sin trama de sueños dentro de sueños dentro de otros sueños, centrada en un grupo de seis miembros de la clase media alta en apariencia respetables de la sociedad y sus intentos repetidamente frustrados de comer juntos; las interrupciones se vuelven cada vez más surrealistas a medida que avanza la película.
En algún lugar, entre los kilómetros de celuloide se podía oír a Luis Buñuel riéndose entre dientes mientras sometía a estos desventurados miembros de la alta sociedad a las situaciones más absurdas y los hacia, en un mundo paralelo, caminar por campos verdes a lo largo de una carretera que parece conducir a algún lugar, pero que resulta ser un camino a ninguna parte.
El discreto encanto de la burguesía es una obra imprescindible en todos los sentidos. Y esto se debe para mi a que el concepto de burguesía ha ido cambiando a lo largo de los años. Sin embargo, sea cual sea el contexto, siempre prevalecerán algunos rasgos de este grupo dominante, todos ellos muy evidentes en la película: la hipocresía, el narcisismo, el egoísmo y una cierta dosis de estupidez.
Una película extraña y fantástica, dirigida con gran habilidad por el maestro español del surrealismo. Un embajador que suele dedicarse también al tráfico de drogas opera junto a un grupo de elementos de la burguesía francesa. Están planeando una cena, pero la comida nunca llega a la mesa. Cada vez que quieren reunirse para cenar, una circunstancia imprevista frustra su plan.
Es como si, a través del humor cínico, el director condenara a la burguesía a no participar nunca en el gran banquete capitalista. En este contexto, el concepto de burguesía deja de aparecer en significados políticos o económicos. Aquí la burguesía es un mero fetiche, tal como de hecho se difunde hoy en las redes sociales.
Sueños y realidad, auténticos o inventados, impiden su festín. Una de las obras más singulares y sorprendentes de Buñuel, El discreto encanto de la burguesía, de estilo similar a El ángel exterminador está repleta de momentos surrealistas, críticas, situaciones absurdas y pesadillas asombrosas.
Esta debe ser una de las mejores obras de la filmografía de Buñuel, que incluye su característica sátira escatológica, con pesadillas tan intensas como surrealistas y acontecimientos sorprendentes. Película de comedia y drama sobre las peculiares relaciones entre varios miembros de la clase media en un restaurante o una mansión, donde algunos invitados a la cena se dan cuenta de que sin motivo aparente, no pueden salir del comedor.
Es de forma innegable una cinta ingeniosa. El humor lacónico de Buñuel brilla con luz propia, y la sutil critica social da en el blanco la mayoría de las veces. La penúltima toma en donde aparece Fernando Rey con un trozo de jamón metido en la boca es una de las imágenes cinematográficas más divertidas y memorables que he visto en mucho tiempo.
Y Delphine Seyrig se mueve con soltura por sus escenas con una acentuada indiferencia, despreocupada y graciosa. Pero las partes no terminan de conformar un todo coherente.
La película alcanza su punto álgido hacia la mitad, una vez que se ha establecido la dinámica (se asiste a las cenas, pero la comida se negará de forma provocativa) y la trama principal ha comenzado a desviarse y fragmentarse.
A medida que lo surrealista se entromete en lo cotidiano, se instala una deliciosa sensación de suspenso. Luego entonces, es una lástima que los últimos cuarenta y cinco minutos desperdicien está tensión que han generado, recayendo en una farsa insulsa y una crítica bastante obvia de las costumbres sociales de la alta sociedad.
Alguien del equipo que participó en la producción citó en una ocasión al director español diciendo: Para mí, la moral burguesa es lo inmoral, aquello contra lo que hay que luchar; la moral basada en nuestras instituciones sociales injustas, como la religión, la patria, la familia, la cultura; en resumen los llamados pilares de la sociedad.
Temáticamente, el filme consiste en variaciones sobre esta conocida idea contracultural, y ese tipo de pensamiento estaba ciertamente de moda a finales de los sesenta y a principios de los setenta. Es un argumento interesante y potencialmente válido, pero me pareció que el tratamiento que le da la narrativa a la idea es superficial, incluso se convierte en un cliché.
Supongo que se podría decir lo mismo de El Topo o Sweet Movie, pero esas películas van más allá de una simple adhesión a ideologías de moda y al estilo de la época. No creo que sea el caso de esta cinta.
Por supuesto, se acerca más a una comedia de costumbres urbana y discreta que a una bomba artística incendiaria lanzada a través de la ventana de la complacencia de la cultura popular, así que tal vez la comparación sea injusta. Es decir, en términos solo del aspecto cómico es atractiva, de una manera ligera.
Por último, me decepcionó el aspecto visual de la cinta. Entiendo que los insulsos comedores que parecen decorados de teatro son un recurso y uno que funciona.
Pero, dejando de lado las derivaciones surrealistas, no hay mucho que ver. Del mismo modo la ubicación y los movimientos de la cámara son casi ordinarios hasta volverse tediosos, y aunque captan los acontecimientos de manera adecuada, no hacen nada interesante con ellos
Por supuesto, estoy siendo cruel y tremendamente injusto. Al hacer hincapié en lo que no me gustó, estoy restando importancia a las maravillosas actuaciones y a los diálogos cómicos, discretos pero divertidos.
Estoy pasando por alto las secuencias oníricas fabulosas e inquietantes y el magistral dominio del tono por parte de Buñuel.
Como sea la sigo considerando una buena película a secas porque es encantadora, divertida y en cierta medida, intelectualmente intrigante. Pero aun así al aparecer los crédito me quedé sintiéndome un poco decepcionado.
En 1972, los otros eran la burguesía. Hoy en día, quizá sean todos los que están en las redes sociales.

Comentarios