Dirección: Bernardo Bertolucci
Duración: 129 minutos
País: Italia / Francia
Elenco: Marlon Brando, Maria Schneider, Maria Michi, Giovanna Galletti, Gitt Magrini, Catherine Allégret, Luce Marquand, Marie-Hélène Breillat, Catherine Breillat, Dan Diament, Catherine Sola, Mauro Marchetti, Jean-Pierre Léaud, Massimo Girotti, Peter Schommer, Veronica Lazar, Marie-Christine Questerbert, Ramón Mendizábal, entre otros.
Mientras busca un departamento, Jeanne una hermosa joven parisina se encuentra con Paul, un misterioso expatriado estadounidense que llora el reciente suicidio de su esposa. Atraídos de forma instantánea el uno con el otro, tienen una aventura tormentosa y apasionada en la que deciden incluso no revelar sus nombres. Su relación afecta de manera profunda sus vidas, ya que Paul lucha con la muerte de su esposa y Jeanne se prepara para casarse con su prometido Thomas, un director de cine que realiza un documental realista sobre ella.
Se trata de una película de los setenta que no tiene claro qué pretende ser y que como resultado, acaba siendo de modo muy probable solo pornografía suave (con una excepción muy incomoda) mezclada con un poco de sátira, algunas reflexiones divagantes sobre la infancia y un sutil toque oscuro de fondo.
Cada persona tiene derecho a tener una opinión, pero me sorprende la cantidad de críticas entusiastas y minuciosas que hay sobre esta película, las cuales ofrecen un análisis sesudo de las supuestas motivaciones detrás de la participación tanto de Brando como de Bertolucci en el filme como para sugerir que El último tango en París es una especie de obra maestra cinematográfica.
Me imagino que toda esa gente pretende tomarme el pelo. Y es que, yo también conozco un montón de palabras rebuscadas (las cuales suelo usar de manera frecuente en este blog) y he visto suficientes películas a lo largo de mi vida como para saber qué es lo que hace que una de ellas por lo menos sea entretenida.
Dicho lo anterior, tengo que confesar que me cuesta muchísimo encontrarle algún aspecto positivo a esta cinta.
Quizás, esta obra debe ser el mejor ejemplo de basura cinematográfica independiente, pretenciosa y autocomplaciente. Es decir, aspira a ser impactante e intelectual, pero en realidad es un proyecto que carece por completo de sustancia, es totalmente inverosímil y aburre hasta la extenuación.
En definitiva, no soy una de esas personas a las que les ofende por el lenguaje utilizado, la desnudez (que suele ser en muchos casos bastante gratuita) o las escenas sexuales. A mi parecer, los espectadores que se escandalizan por todos esos elementos empleados en este filme, en su defecto deberían acercarse a cualquier película porno reciente si de verdad desean perder la cabeza.
Al menos, cuando los actores porno dicen obscenidades resulta un asunto creíble. En esta singular anécdota, después de que el personaje encarnado por Brando, el tal Paul le ordena a su hermosa coprotagonista que (a falta de una frase más apropiada) lo abuse en términos rectales, empieza a balbucear tonterías sobre buscar un cerdo para que le vomite en la cara y luego ver cómo se lo traga (me refiero al vómito, desde luego).
Ahora bien, si ese no es uno de los diálogos más ridículos de la historia del cine, sin duda califica como uno de los más extraños y uno de los que más risas provoca (por estar fuera de lugar). Aunque, de alguna manera no creo que esa fuera la intención.
Pero veamos, bien pueden acusarme de lascivia después de lo que pretendo señalar, pero en concreto la visión del magnifico cuerpo desnudo de Maria Schneider es el único elemento interesante y lo suficientemente atractivo como para que uno sea capaz de aguantar las dos horas completas que componen su metraje.
Teniendo en cuenta que nunca he considerado que el asunto de los desnudos sea algo indispensable o por lo menos necesario en una película que por lo menos consiga atraer tu atención, quizá esto te ayude a comprender lo horrible que es en términos genuinos y generales El último tango en París.
En resumen, esta película no dice nada y no lleva a ninguna parte. Cualquiera que diga lo contrario es en apariencia capaz de inferir un significado emocional e intelectual donde no lo hay. Por lo menos, para mi.
Hay quienes alaban cada aspecto de la carrera de Brando (y miren quien se los dice) y de forma probable nunca serán capaces de admitir que en aquel año de 1972, ya cercano a sus cincuenta años era un hombre regordete, que estaba perdiendo cabello que no tenia nada que hacer interpretando un papel como este.
Quiero decir, cualquiera que sea capaz de suspender su incredulidad el tiempo suficiente como para creer que una hermosa chica francesa de veinte años querría tener algo que ver con el señor de mediana edad, debe tener mucha más imaginación que yo.
Y suponiendo que un tipo que se veía como Brando en 1972 pudiera realmente conseguir a una mujer como Schneider, hubiera sido prudente besar el suelo que ella pisaba (por supuesto, en términos metafóricos).
En cambio, el personaje de Paul pasa la mayoría de la historia actuando como un lunático deprimido y tratándola un poco peor que a la basura. En otras palabras no le da ninguna razón para quedarse, y aunque ella ya está comprometida con un cineasta atractivo de la misma edad (por cierto, otra parte de la trama absurda que no lleva a ninguna parte), sigue volviendo con Brando para recibir en cada ocasión otra dosis de maltrato.
Supongo que esta mujer también padece de algunos problemas, aunque pasa mucho tiempo gritando y llorando porque ya no puede más y porque ella y Paul han terminado.
Así es, lo creas o no, es aun más repugnante de lo que suena.
En los últimos momentos de la película, incluso estaba parloteando para que acabaran con el personaje masculino protagonista. El tal Paul es sin duda uno de los personajes más antipáticos y estúpidos de la historia del cine, que se la pasa murmurando entre dientes sus irrisorios diálogos en una de las cintas más sobrevaloradas de todos los tiempos.
Más vale que alguien se los diga a quienes consideran que este disparate pretencioso es gran cine. La historia cultural está llena de ejemplos de intimidación por parte de la clase dominante cuando se escucha la voz de una autoridad (que debería saberlo mejor) elogiando una obra de dudoso mérito artístico.
Esta película, a veces estática y a veces vacilante, no tiene prácticamente nada interesante que decir sobre el carácter humano, ni ofrece ese tipo de excelencia cinematográfica que algunos dicen encontrar en ella.
En definitiva, esta película no tiene tiene absolutamente nada que la redima. Véala bajo su propia responsabilidad.

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