The Best Years of Our Lives (1946)


Director: William Wyler
Duración: 172 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Myrna Loy, Fredric March, Dana Andrews, Teresa Wright, Virgina Mayo, Cathy O'Donnell, Hoagy Carmichael, Harold Russell, Gladys George, Roman Bohnen, Ray Collins, Minna Gombell, Walter Baldwin, Steve Cochran, Dorothy Adams, entre otros.
" Tras la Segunda Guerra Mundial, los soldados supervivientes, algunos con incapacidades físicas, regresan a los Estados Unidos. Aunque al principio se les trata como héroes, poco tiempo después comienzan a sufrir la marginación de los perdedores."
Una excepcional película dirigida por William Wyler realizada en un momento complicado de su carrera profesional, a pesar de haber creado tan solo algunos años antes algunas obras maestras que lo pusieron en el distinguido grupo de directores destacados en la historia del cine. Y sus obras aunque pasados los años siguen siendo de visión obligada y esenciales para los que aman este bien nombrado séptimo arte. Porque todas ellas reflejan actitudes y conflictos humanos que siguen teniendo una evidente actualidad y una lectura extremadamente cercana a nosotros a pesar del paso del tiempo.
En esta ocasión, Wyler se basa en una novela de MacKinlay Kantor llamada Glory for me y si se mira con retrospectiva, el Comité de Actividades Antiamericanas tenía toda la razón en sospechar de ella.
En mi particular punto de vista, lo que se pone en tela de juicio es la naturaleza misma de la guerra (y de todas las guerras) incluídas las víctimas que dejan a su paso incluso en el bando ganador. La guerra además de un lucrativo negocio para muchos de los que se quedan detrás de los escritorios, es algo terrible que no acaba para muchos de los que asisten a ellas en primera línea. Todos conocemos bien las secuelas psicológicas que arrastran el resto de sus vidas cientos de personas que por azares del destino, fueron reclutadas a las filas de algunos de los ejércitos contendientes. La adaptación a las circunstancias de la paz puede llegar a ser terrible, y en algún caso, una experiencia que termina de una manera infortunada.
El director vuelve a estar magistral en la creación de los personajes, dotándoles de una enorme profundida psicológica. Y vuelve a dirigir con esmero a unos actores de calidad que encarnan a la perfección ese tipo de sujetos complejos. Es complicado destacar a algunos y olvidar a otros. Tal vez los que consiguieron los diversos Oscar eclipsan el trabajo de los demás, que en esta ocasión comparten el mismo punto de excelencia.
Los aspectos técnicos de la película están, como de costumbre, resueltos con una brillantez y un oficio extraordinarios. A Wyler se le ha llamado el rey del "plano secuencia", una técnica de filmación que lleva implícita una perfección minuciosa en la utilización de la cámara y que a la vez, incrementa la responsabilidad de la calidad interpretativa de los actores. Ambos aspectos aquí son sobresalientes, junto con una eficaz banda sonora y una fotografía bella y calculada.
Los diálogos son de una inteligencia y una sensibilidad exquisita. Todo es sutileza, aunque exista en ella cierto nivel de triunfalismo patriótico, sin llegar a ser una desmoralización paralizante. La cinta se sitúa en el punto medio de la reflexión rigurosa sobre los comportamientos humanos a la luz de las conmociones sociales que las provocan. No hay nada gratuito ni demagógico. No sobra ni falta nada.
Sin duda, un clásico del cine y una de las grandes películas de la historia del cine, con un final precioso también. Una película cruda, a ratos romántica, que en determinados pasajes nos exhibe en forma emocionante la gran diferencia entre el amor verdadero y el interesado. Una obra sobre los héroes de la guerra que se cuestionan por quiénes pelearon y con qué sentido, ya que el reconocimiento no llegará nunca en la medida de lo que ellos le brindaron a la causa.

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