L'avventura (1960)



Director: Michelangelo Antonioni

Duración: 143 minutos

País: Italia/Francia

Elenco: Gabriele Ferzetti, Monica Vitti, Lea Massari, Dominique Blanchar, Renzo Ricci, James Addams, Dorothy De Poliolo, Lelio Luttazzi, Giovanni Petti, Esmeralda Ruspoli, Jack O'Connell, Angela Tommasi Di Lampedusa, Franco Cimino, Prof. Cucco, Giovanni Danesi, entre otros.

" Anna, una rica joven romana, su novio Sandro y Claudia, su mejor amiga, se embarcan en un crucero veraniego entre las escarpadas islas sicilianas."

En el cine de Michelangelo Antonioni es importante comprender dos ideas constitutivas que dan forma a sus películas desde un punto de vista teórico. Es un cine donde se habla, ciertamente, pero el todo (que es la obra en sí) no se basa únicamente en sus diálogos, sino por encima de todo en la imagen. Rompe además con las leyes tradicionales del drama y propone una técnica de dramatización fundamentado en la fractura de la causalidad como concepto impulsor de la acción narrativa y la construcción de los personajes.
Esa causalidad psicológica, presentada a través de personajes definidos que actúan para lograr objetivos anunciados, da al filme común su progresión característica, algo que no existe en películas como ésta, que también está exenta de las estrategias características para manipular el orden y la duración de la historia, ya que existe la ausencia de flashbacks o la omisión de algunos diálogos sin alterar el sentido de la secuencia (algo mejor conocido como elipsis). En síntesis, un cine donde la imagen y su composición, unida a la destrucción del concepto de desarrollo dramático clásico, son los ingredientes iniciales.
Aquí, los individuos que lo habitan no difunden la acción de la cinta en ningún caso, no son presentados, no asumen papeles causales orientados por sus deseos, ni actúan de cara a la consecución de objetivos individuales o comunes. Se huye, por lo tanto, de cualquier simplificación narrativa basada en la típica estructura de un relato, en consecuencia la construcción de la trama se plantea en un plano esencialmente diferente. Podría decirse que la situación dramática es más o menos irrelevante en el sentido de que la película tiene su propia concepción temática, que a grandes rasgos desarrolla un existencialismo trágico y el problema ético de la comunicación que encierra sobre todo en los dos personajes principales, dotando de fuerza durante el proceso a las imágenes, aquí discursivamente más importantes que las palabras.
En esta línea, la desaparición de Anna pone incidentalmente el acento sobre otra desaparición menos perceptible, que obsesiona a los personajes (y al espectador de forma transitiva) que los desvía, impidiéndoles concentrarse en la búsqueda de la persona desaparecida, cuestión que según avanza la película parece perder importancia. La desaparición desarrolla sus efectos realmente en los personajes: se sugiera la pérdida de la libertad de cada individuo, la desorientación sentimental, la pérdida de las ilusiones y los ideales, incomunicación, deshumanización, y en el caso de los personajes protagonistas incluso se desintegración personal. La película por tanto, transcurre con insistencia sobre ideas siempre relacionadas con la filosofía existencialista.
Entra entonces en juego la estructura visual y de composición, creando un universo visual propio, expresivo y liberador, que ante todo se preocupa por su propia singularidad y autenticidad, en pocas palabras: su verdad. Esta cinta es una metáfora del deseo y de la insatisfacción de una generación del absurdo atrapada en la mediocridad y la impotencia como los personajes principales. El realizador sitúa a sus héroes en escenarios dominados por paisajes grises, anodinos, fantasmagóricos o angustiosamente recargados de edificios envejecidos y desolados. Los pueblos y las personas parecen detenidos en un tiempo pasado y extraño, donde todos permanecen estáticos y en silencio, sin ocupación y sin esperanza. 
El padre desplazado, las ruinas en la isla, el museo cerrado, todas ellas son imágenes de soledad y sobre todo de una ausencia del principio de autoridad, de una antigüedad frágil y desprovista de sentido en unas manos frívolas como la vasija antigua hallada en la isla que las manos de un despistado hombre deja caer. No falta el tema existencialista de la fugacidad de las cosas y de los sentimientos. La relación de los protagonistas tiene su comienzo más significativo en los interiores de un tren, signo de lo pasajero. ¿Y después? Si no estás contento, busca una aventura nueva, como le dice un cínico Sandro a su desencantada pareja.
Hemos conducido todo el tiempo sobre las curvas de la condición humana, el vehículo nos transportaba, el conductor nos llevaba, pero sólo el pasajero puede apreciar, si bien lo desea, el paisaje que se abre a su paso. Me quedo con la afirmación de Sandro que representa la ausencia de autoridad y lo fugaz de las cosas en lo alto de un campanario ante una vista monumental: "Quién necesita hoy cosas bellas, Claudia. ¿Cuánto duran? Todo esto se construyó para que durara siglos, Hoy, como mucho, diez, veinte años, ¿y después? 

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