Director: Oliver Stone
Duración: 189 minutos
País: Estados Unidos/Francia
Elenco: Sally Kirkland, Kevin Costner, Jay O. Sanders, Edward Asner, Jack Lemmon, Vincent D'Onofrio, Gary Oldman, Sissy Spacek, Brian Doyle Murray, Wayne Knight, Michael Rooker, Laurie Metcalf, Gary Grubbs, Beata Pozniak, Joe Pesci, Ron Jackson, Walter Matthau, Sean Stone, Pruitt Taylor Vince, Tommy Lee Jones, Kevin Bacon, Donald Sutherland, entre otros.
" El fiscal de Nueva Orleans Jim Garrison reabrió el caso del asesinato del presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy y presentó cargos contra algunas personas. Después de entrevistar a numerosos testigos de Dallas y a personas relacionadas con los hechos, mantuvo la tesis de que el magnicidio fue fruto de una conspiración en la que podrían haber intervenido el FBI, la CIA y el propio vicepresidente Lyndon B. Johnson."
Costa-Gavras el director de cine franco-griego decía parafraseando una conocida frase que siempre aparece en las películas: Cualquier semejanza con personas o lugares realmente existentes, no es coincidencia, es intencional.
Desde esta perspectiva, el cineasta pasa en esta circunstancia de ser un artista, termino con el que todos relacionamos su labor, a ser un historiador. Así, la interpretación/denuncia que nos ofrece busca siempre situarnos no como espectadores (situación que ocurre con otras películas), sino como testigos de un hecho crucial, impidiéndonos después de todo lo visto permitir que éste caiga en el olvido y la mentira.
Oliver Stone, con esta película explora esta posibilidad en toda su profundidad, pues en esta cinta, el director juega con la pluralidad de significados de un término como historia que, por una parte, remite a los "hechos" pero también lo hace al "relato" de los mismos. No hay historia sin relato de la historia.
Jim Garrison, fiscal de distrito de Nueva Orleans es testigo del incidente del 22 de noviembre de 1963, en el que al parecer un hombre llamado Lee Harvey Oswald disparó desde un depósito de libros contra el presidente John Fitzgerald Kennedy. Tres años después, Garrison encuentra nuevas pistas que podrían desvirtuar la teoria del asesino solitario y llevar incluso a la conclusión de que aquel día se fraguó una nefasta conspiración desde las altas esferas del poder.
Estamos ante una de las mejores obras de Stone (si no es que la mejor), gracias al intrincado juego de traiciones y confabulaciones que nos presenta y que apuntan a formular un sinfín de preguntas sin respuesta. Una película que incita a adentrarnos en uno de los sucesos más escabrosos de la historia norteamericana, desde la óptica de un Fiscal de Distrito encarnado por el infravalorado Kevin Costner, quien logra sin lugar a dudas el mejor papel de su carrera.
Basada en las novelas On the Trail of the Assassins de Jim Garrison (el propio protagonista de la historia) y Crossfire: The Plot That Killed Kennedy de Jim Marrs, el propio director y Zachary Sklar adaptan de manera reflexiva y certera una impactante dramatización de los hechos acaecidos aquel infame día del magnicidio perpetrado al entonces líder político de los Estados Unidos de América.
A pesar de su extenso e intrincado argumento, la cinta sostiene un elemento sorpresa que jamás se pierde; además se da el lujo de poseer uno de los mejores y más codiciados repartos de los últimos tiempos, así como una curiosa aparición del propio Jim Garrison interpretando nada más y nada menos que a Earl Warren, el hombre a cargo de la aparentemente ineficiente Comisión Warren.
En ese sentido, lo más destacable de esta cinta es la extrema seriedad con la que se aborda la explosiva trama sin recurrir jamás a la obsesión ni la paranoia, tal y como fue la propia investigación de Garrison que tardó más de cinco años en conseguir pruebas suficientes para reabrir el caso Kennedy y lograr llevarlo a los tribunales, en los que el fiscal se atrevió incluso a denunciar a la CIA y a los presidentes Nixon y Johnson como responsables del asesinato y de acusar a la Comisión Warren (que investigó el crimen) de realizar un montaje basado en mentiras, intereses y fascismo puro.
En resumen, con palabras del mismo Garrison: ha sido un golpe de estado.
El arte de la edición, no solo radica en el complot en sí mismo, sino también en el soberbio trabajo que realizaron Pietro Scalia y Joe Hutshing, los artistas responsables de un montaje con sello propio, con carisma, y de gran parte de la implacable estética con la que cuenta la película. Scalia y Hutshing dan a la trama una grandísima agilidad, haciéndola extremadamente entretenida, pero también podemos percibir algo más, algo que incluso el espectador poco habituado puede notar y averiguar, una tensión oculta que estremece el espíritu y excita, un armado de planos y escenas que van aumentando la presión arterial y que lucha salvajemente contra el nervio del público; de hecho ya lo podemos percibir como un anticipo resumido en el magistral prologo inicial que abre la película, mezcolanza de imágenes de archivo e imagenes de ficción con un montaje realmente aplastante.
Un crítico dijo alguna vez: nunca en los años noventa un oscar fue tan merecido como el oscar a la mejor edición de JFK. Y tenía toda la razón.
Invito a todo ser humano a enriquecerse con las dudas y el ejercicio reflexivo que provoca esta película, y con los atributos artísticos y técnicos que nos hacen entender qué es lo que hace que el cine sea cine. Esta quizá sea la película más oscura y polémica que haya dado nunca el cine norteamericano, con un discurso que debería interesar a los ciudadanos de todos los países porque, en esencia, no habla solamente del asesinato de Kennedy, sino que también nos muestra las grietas de un sistema político en el que cuando no interesa de manera económica, se arregla mediante un ajuste moralmente cuestionable.
Asesinar a un presidente elegido democráticamente no es un mero crimen humano, es la semilla que engendra una duda muy seria. Y habrá que admitirlo, las siglas JFK siguen siendo un tabú actualmente, unas letras que siguen perturbando y que demuestran que Kennedy no es todavía un ideal dormido.
Comentarios