Soy Cuba (1964)




Director: Mikhail Kalatozov

Duración: 135 minutos

País: Cuba/ Unión Soviética

Elenco: Sergio Corrieri, Salvador Wood, José Gallardo, Raúl García, Luz María Collazo, Jean Bouise, Alberto Morgan, Celia Rodriguez, Fausto Mirabal, Roberto García York, María de las Mercedes Díez, Bárbara Domínguez, Jesús del Monte, Luisa María Jiménez, Mario González Broche, entre otros.

" Cuatro viñetas que nos hablan sobre la vida de la población cubana, establecidas durante la era pre-revolucionaria que cambiaría a la isla. A través de esas cuatro historias se describe la lenta evolución de Cuba, del régimen de Fulgencio Batista a la revolución de Fidel Castro. Son cuatro narraciones que refuerzan el ideal comunista frente al capitalismo."

Para empezar habría que destacar que el hecho de que se haya podido recuperar esta película, que desde su estreno en los años sesenta dormía el sueño de los justos, es todo un acontecimiento. Ahora bien, nos hallamos ante una obra maestra, en todo el sentido de la expresión, cuya grandeza radica más que en su contenido, en su estética. De entrada nos encontramos con una película de carácter panfletario y propagandístico que busca adoctrinar al espectador en una ideología específica que fue característica de la Unión Soviética y que se convirtió en el estandarte de Cuba desde la revolución de Fidel Castro. 
Esta es una obra partidista y políticamente tendenciosa, eso es muy cierto. Sin embargo, no lo es el hecho de que la cinta que dirigió el director soviético Kalatozov, es una obra maestra del séptimo arte, que demuestra una sensibilidad especial, diferente a la que nos ofrecen las mejores creaciones norteamericanas, y única en este sentido.
Por tal razón, hay que tener en cuenta el contexto en el que se realizó la película. En aquel momento habían transcurrido cinco años de que se iniciara la revolución cubana, la cual liderada por Fidel Castro y Ernesto Guevara, acabaría con el régimen de Fulgencio Batista. La Unión Soviética pronto estableció relaciones diplomáticas con el país, el cual se convirtió rápidamente en uno de los objetivos principales de la inteligencia de los estadounidenses durante décadas. De hecho, la cinta está filmada dos años después de la crisis de los misiles de Cuba, un evento que propició que la Guerra Fría dejara de serlo. En ese sentido, entendiendo todo esto, se puede comprender porque se realizó una película como esta y las circunstancias particulares que hay en ella.
De tal manera que vemos distintas historias que muestran, desde diferentes ópticas, los momentos que precedieron a la Revolución Cubana. Esta forma narrativa (construida a base de bloques independientes y claramente definidos) lo que genera es permitir que el espectador reciba la descarga ideológica desde distintos puntos de vista y desde distintas posiciones socioeconómicas, que tienden (obviamente) a ser siempre las menos favorecidas. Sin embargo todas ellas aportan diferentes perspectivas del significado de la revolución.
En la introducción podemos apreciar pequeños títulos blancos en tomas aéreas de la costa cubana, transformada por la luz de la cámara. Lento aterrizaje. Y entonces aparece el primero de la apabullante serie de planos-secuencia que despega por todos lados la película, y va tras de un hombre que con con un palo empuja su barca por una calle de agua entre chozas construidas a base de tablas, algunos tendederos y un rudimentario viaducto.
Ya desde momento todo lleva al espectador a preguntarse cómo demonios se mueve esa cámara, con qué trucos e ingenierías, para ser como un pajáro que vuela veloz, sube y baja, pasa bajo puentes, entra y sale por ventanas, se cuela por toda clase de agujeros, se eleva de pronto a la altura de un cenit.
Y luego, en la moderna Habana de Batista, existe pura diversión, juego y mulatas. La cámara-pájaro sigue a las concursantes del bikini, al presentador, a los que festejan y que recogen bebidas de la bandeja y se pasan vasos y saludos en danza continua. Sube a una azotea, desciende al solario, revolotea entre los personajes, se centra en una bella mujer que se levanta de la hamaca, camina cadenciosa hacia el borde de la piscina y se zambulle. La cámara entonces también se zambulle y toma imágenes debajo del agua de los participantes, de como ondean sus extremidades, del baile incesante.
Por ello, me sumo a quienes se quedan admirados viendo las tomas tan impresionantes, originales, artísticas que realizó allá por el lejano 1964 este director ruso. Su técnica cinematográfica es tan vanguardista y singular que estremece los sentidos. Por ejemplo, esos enfoques verticales de los personajes a ras de suelo hasta llegar hacia el cielo, o al contrario desde las alturas hacia la base.
El director no utiliza un argumento común. No hay una historia con presentación, nudo y desenlace, sino que la narración opta por la poesía y las historias cruzadas. La voz en off de la propia Cuba es la que nos sumerge en la historia, y quién además sera el nexo entre las diversas líneas del argumento. Cuba nos cuenta su historia, y para ello se remonta a Colon y la etapa en la que sufrió por su descubrimiento ya que fue colonizada, hasta que logró la independencia de los españoles. Pero a pesar de que los españoles ya no esta, Cuba sigue siendo prácticamente una colonia, en esta ocasión de Estados Unidos. 
Así que de manera breve podría decirse que la película es una evidente confrontación entre los valores capitalistas e imperialista contra los de la revolución. Y la película nos presenta toda esa etapa de crisis del sistema y la propia revolución. La prostitución y la colonización de América aparecen retratadas en la obra con rabia, mientras que el director hace hincapié en la nobleza del pueblo cubano, que es la víctima (las imágenes de nuestra protagonista con la cabeza agachada después de haber sido sometida, incapaz de mirar el rostro de su marido.).
Por otra parte, el drama de los campesinos es representado con toda la crueldad, poniendo énfasis en que son incapaces de sobrevivir, precisamente porque no son propietarios de las tierras (lo que acabará provocando el drama; además esto se relaciona con la política socialista de Fidel. Finalmente sólo existe la lucha para los oprimidos, incluidos los habitantes de las grandes ciudades (donde la revolución toma un aire más intelectual, como podemos ver en las discusiones universitarias). Como sea, apenas existen diálogos, pues nos encontramos con una obra que apuesta todo por su calidad visual.
Más allá de ideologías, estamos ante una producción cinematográfica de una calidad extraordinaria. Su osadía visual, vanguardista, innovadora, tiene sin duda el sello de Welles que de Eisenstein, pero es innegable su autenticidad y el poder fascinador de sus imágenes. Una vanguardista técnica de filmar la pura azúcar cubana.

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