The King of Comedy (1982)




Director: Martin Scorsese

Duración: 109 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Robert De Niro, Jerry Lewis, Diahnne Abbott, Sandra Bernhard, Ed Herlihy, Lou Brown, Loretta Tupper, Peter Potulski, Vinnie Gonzales, Whitey Ryan, Doc Lawless, Marta Heflin, Katherine Wallach, Charles Kaleina, Richard Baratz, entre otros.

" El aspirante a comediante Rupert Pupkin intenta alcanzar el éxito en el mundo del espectáculo acechando a su ídolo, el famoso cómico y conductor de un programa nocturno de entrevistas que anhela su propia intimidad."

Scorsese firma esta cinta con parte de su inconfundible estilo, adentrándose en los abismos tan profundos que son las mentes de los marginales, aquellos insatisfechos de la vida que no gozaron de la oportunidad justa, en el momento justo.
El actor fetiche de Scorsese en aquella época, Robert De Niro, vuelve a elaborar el papel de este personaje sutilmente perfilado por los encuadres de la cámara de Scorsese, y los magistrales diálogos llenos de sabia ironía y rabia contestataria.
Se trata de un Scorsese que tal vez pueda considerarse menor, una cinta muy peculiar respecto al conjunto de su filmografía, sin embargo en el núcleo de la obra no es más que un apreciable análisis que desmenuza con lucidez y mordacidad los mecanismos y la demencia que rodean al mundo del espectáculo. Todo ello personificado en el individuo de nombre Rupert Pupkin, un incansable optimista (¿o un inagotable ingenuo?) candidato a sucesor de rey de la comedia que colecciona autógrafos de forma obsesiva, victima de una cultura de la fama excesivamente ensalzada por la sociedad.
Desde la primera imagen donde la enloquecida Masha (espléndida Sandra Bernhard) irrumpe histérica en el auto particular de la estrella del late night show Jerry Langford (fantástica la interpretación contenida y distante de un habitualmente histrionico Jerry Lewis), el espectador presencia desde la barrera los impulsos irrefrenables de la masa alienada, que se agarra a la vida a través del culto irrazonable hacia ídolos con pies de barro.
Con su habitual y abrumadora elegancia y estilo en el manejo de la cámara, Scorsese filma esta cinta. Y es que ningún encuadre ni movimiento de cámara está de más en toda la filmografía de este monstruo del séptimo arte, un tipo prodigio en el mundo del celuloide. Cada paso que da, en cada una de sus cintas parece como si estuviera estudiado de forma milimétrica, sin perder por ello ni un ápice de sinceridad, emotividad y compromiso.
He de señalar que coincido con aquellos que la califican de sorprendente obra de menor del director. Principalmente porque, y creo que no exagero si aseguro que estamos ante un sublime Robert de Niro en su faceta más cómica. Ha recibido halagos y critica en los últimos años por sus incursiones en el género de la comedia, pero tras ver esta obra, solo queda decir que estamos ante un gran actor y un buen comediante. Puede sonar excesivo, pero no le conozco un papel tan arriesgado en otra de sus películas. Tal vez en algunas de sus últimas comedias si molesta un poco su sobreactuación y gesticulaciones exageradas, pero en esta he encontrado a un cómico en toda regla.
Pero hablemos del personaje Rupert Pupkin, en quien algunos alcanzan a ver algo del famoso personaje de Taxi Driver, el psicópata Travis Bickle. Porque en algún sentido es amable cuando trata con los demás, pero existe una diferencia entre su forma de actuar en público y cuando está en la privacidad de su casa, y especialmente esa obsesión, naturalmente, cada una es diferente entre sí y con un grado de intensidad en mayor o menor medida.
A fin de cuentas, Rupert Pupkin solo es un hombre que se considera lo suficientemente bueno como para escapar de la deprimente vida que lleva. A sus 34 años necesita una gran oportunidad, no tiene tiempo para empezar desde lo más bajo. Ya está en lo más bajo. Necesita demostrarle al mundo que es el Rey de la Comedia.
Estamos acostumbrados a encontrarnos con personajes estrafalarios dentro del cine (el señor Scorsese es un experto en la creación de estos tipos), pero rara vez conseguimos comprender la naturaleza de sus conductas, el por qué de la personalidad de dicho protagonista. Nos divertimos o aterramos con sus acciones, pero nos resulta muy complicado vislumbrar el trasfondo de las mismas y solemos realizar conjeturas al respecto. 
Esta es una cinta redonda porque consigue (en un apoteósico final) explicar perfectamente por qué Rupert Pupkin es como es, por qué actúa de la manera en que lo hace. Su desesperado intento de recreación personal a través de la búsqueda del éxito y la fama, su incesante (e inagotable) esfuerzo por eliminar las barreras que se interponen a su paso, su grandilocuente exceso de imaginación, evocando el triunfo que le aguarda, su actitud provocadora, su insoportable cara dura y su incansable réplica ante el rechazo, se explica en esos minutos finales verdaderamente estremecedores donde el tono cómico de la cinta se convierte en conmovedor drama, cargado de una emotividad mayor de lo que se percibe a simple vista. 
De tal manera que, lo verdaderamente complejo y maravilloso de esta obra, es exponer una reflexion tan abrumadora y clara acerca del sufrimiento de un hombre, que se aferra a sus sueños como unica salvación al sentido de su existencia.
Habría que destacar otro punto importante que se refleja en la película y es la actitud que tienen los que ya están en la cima con los que están empezando. Se puede entender que alguien famoso y con talento tenga que lidiar todos los días con gente que quiere conocerlo, que quiere saludarlo, que quiere trabajar con él, gente perturbada que solo quiere acosarlo y que por ello acabe desconfiando de todo el mundo. Pero todo tiene un límite, ¿por qué no querer escuchar (y digo solo escuchar) a una persona que te explica sus razones para acudir a ti, encima alguien que te admira y piensa que realizas una gran labor? Por lo menos toma en consideración lo que tiene que decir y si no te gusta pues se lo dices y ya está. Pero que alguien crea que tiene una oportunidad solo porque a ti no te interesa escucharle y por lo tanto, le brindes falsas esperanzas, no tiene madre.
En fin, sólo queda recordar su filosofía de vida que queda resumida o compendiada en la frase que en un momento de la cinta le encasqueta Rupert al encargado de la barra en cafeterías y bares (sí, un condenado barman) en presencia de los policías que lo custodian: Prefiero ser rey por un día que bufón toda una vida.

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