Atraer todas las miradas

La semana pasada ocurrió que en un programa de radio que he estado siguiendo con cierta periodicidad hace algún tiempo (gracias al internet y a su famoso canal de vídeos, de otra manera esto no sera posible), que uno de los conductores (cuyas opiniones suelen ser de las más reprobadas por el público que los acompaña) declarara con un tono un tanto irónico que la ciudad donde vivo es simplemente fea, muy fea. 
Sinceramente desde que entré a su canal y leí el titulo quedé impactado. No sé, en algún momento pensé que se trataba de alguna clase de broma. Y no necesariamente porque la aseveración no sea cierta, sino más bien porque a esta "urbe" prácticamente no se le presta mucha atención (o más bien debería decir nula) en algún medio nacional.
Después de observar todo el vídeo y entender el contexto en el que este tipo lo expresó, me vinieron a la mente durante el transcurso de la semana toda clase de reflexiones al respecto y es precisamente sobre ellas de lo que deseo escribir.
Para empezar ese hombre también me desagrada, aunque no tanto para odiarlo o aborrecerlo como les sucede a muchas personas. Y es que es algo común, a todos nos ocurre que una persona simplemente nos cae mal, pero jamás nos detenemos a preguntarnos por qué es así. En mi caso, si lo tengo muy claro; siempre he comprendido de manera evidente que clase de personas me resultan odiosas y a veces hasta repulsivas. Como sea, me molesta por el simple hecho de que lo considero un esnob. Es esa clase de sujeto que adopta gustos y tendencias porque se supone que son "distinguidas" o están de moda. Y creo que en ese sentido fue que realizó tal declaración.
Sí, aunque no lo parezca he conocido muchas personas (en la mayoría de los casos curiosamente originarias de la capital del país como dicho individuo) juzgar al lugar donde vivo de la misma manera. Si, así son de impostores esa clase de seres: cuando se pone de moda hablar bien o mal de algún lugar, cosa, circunstancia, evento o lo que sea, todos repiten la misma idea hasta el hartazgo para no quedarse atrás. Sí, los esnobs también son borregos, parte de otra clase de rebaño. Aunque habría que reconocer que son más listos que los integrantes de otras tribus. Por lo menos tienen la capacidad de reconocer que es lo que vale la pena y lo que no, a pesar de que no sepan ni de que se trata de lo que opinan y muchas veces no tienen un fundamento personal para declararlo, pero lo hacen como si la idea realmente fuese suya. Se entiende hasta cierto punto, es parte de la sobrevivencia del más apto, pero eso no les quita que sean unos completos farsantes.
La arriesgada afirmación vino justo en el momento en el que, en el programa se debatía precisamente sobre las elecciones que están a punto de ocurrir en el estado para elegir a nuestro próximo gobernador. Fue entonces que en una extraña asociación al tramposo conductor, se le vino a la mente la imagen de esta ciudad decadente, horrenda y poco menos que habitable. Les preguntó a sus compañeros si alguna vez la habían visitado y poco le importaron las respuestas de los demás, el estaba convencido que había que dejar más que claro su original punto de vista. Por supuesto, esto generó toda clase de discusiones al respecto en las infames redes sociales. Sin embargo, esto sucedió casi a un nivel que podría denominar insignificante, casi como el nivel de trascendencia que puede atesorar una ciudad/pueblo como esta.
Por un lado estaban todos aquellos que han vivido aquí durante toda su vida (como yo) y al sentirse agraviados casi de manera personal defienden el lugar con uñas y dientes; total, aquel calificativo (que desconozco que clase de incauto se lo puso) de "La Bella" debe ser por alguna razón muy poderosa. Como por ejemplo, que exista la posibilidad de que sea verdad, aunque tus ojos y tu mente te cuestionen por creerlo o peor aún no tengas ninguna explicación coherente para avalarlo. En el lado opuesto estaban los que concordaban con la brillante observación y no queriendo perder la oportunidad de elevar su reputación de melancólicos, le sumaban toda especie de carencias y desperfectos a la lista.
En mi caso, no deseo ubicarme en ninguno de los dos bandos. Más bien prefiero ser más neutral y pretendo ser más objetivo, ya que considero que si bien ninguna de las dos perspectivas es totalmente acertada, reconozco que cada una de ellas cuenta con fundamentos veraces, aunque sumamente influenciados por una subjetividad que es inevitable. También debo reconocer que estuve durante mucho tiempo formando parte de aquel grupo conformado por los desilusionados que pensaban que nada valía la pena en esta cuasi metrópoli. No es ni una ni la otra, sino más bien una combinación de ambas. 
Uno de los argumentos que me causó más gracia y cierto asombro a la vez, especialmente porque se repetía demasiado entre los protectores de la dignidad y reputación de esta bella localidad fue que la causa de que la ciudad se encuentre en dicho estado decrépito, es culpa del gobierno que no usa los recursos como debería hacerlo. Ese argumento me parece endeble porque le quita mucho de la responsabilidad a quienes vivimos aquí. Y para mí, si me pidieran que diera testimonio por ser habitante del lugar, si se me pidiera que diera una justificación a la naturaleza o la condición de esta pequeña parte del planeta en la que vivo, yo solo daría una: la gente. 
Claro, debe haber algo de cierto en aquello del mal uso del dinero, seguramente muchas cosas se podrían arreglar y mejorar si se destinaran a donde realmente hace falta. Pero no hay que engañarse, eso no cambiaría las cosas de raíz. Aplicando ese único remedio, tal vez podría conseguirse que la capital tuviese un mejor aspecto. Sin embargo, seguiría morando en ella toda la gente miserable a la que le gusta tirar basura, poner música horrenda a todo volumen a todas horas, habría que seguir topándose cada que vez que se sale a la calle con gente que no respeta las señales de tránsito ni a los transeúntes cuando maneja, o con chóferes de transporte publico que más bien se comportan como armas de destrucción masiva y demás especies de abyectos que respiran por estos lares. Aquí muchas veces la mayoría de la gente se comporta como verdaderos animales. Algo que probablemente no sea exclusivo de este lugar, más bien es una condición propia de este país, que lamentablemente se incrementa cada segundo; pero las circunstancias de cada sitio provocan que cada caso particular sea único y digno de un análisis exhaustivo en cada uno de ellos. 
Vamos, que esta ciudad jamás será un lugar turístico. No hay nada que visitar que se pueda contar o presumir con el mundo o que te cambie la vida por ser una experiencia inmejorable en la vida. Posee un clima tan cambiante como lo puede ser en ocasiones el humor de algunas mujeres y que puede generar ciertos estados de abatimiento. En resumen: pocas cosas que hacer, pocos lugares que visitar, pocas cosas que merezcan ser vistas. Está mal construida: calles pequeñas y mal diseñadas. Pero bueno, cuando se edificó ¿quien se iba a imaginar que tanta gente de otros estados iba a migrar hacia aquí? 
Recuerdo que cuando era niño solía decirse que la gente decidía venir a vivir aquí, no por ser un lugar paradisíaco, más bien lo hacían por su tranquilidad. Pues listo, eso tampoco existe ahora. Muchos autos, demasiada contaminación, demasiado ruido. Es más, la gente ya casi no recorre las calles sobre sus dos pies. Esto se está convirtiendo como suelo decirlo en broma en un "Little L.A."
En realidad, siempre quise escribir sobre ese tema, sobre la ciudad en la que he habitado tantos años. Y no tanto para criticarla, sino más bien para desmenuzar la peculiaridad de la misma. Es muy sencillo afirmar con la mano en la cintura que algo es aburrido, sucio y feo. Sí, pero habría que preguntarse por qué, habría que ser más profundos y sobre todas las cosas ser más auténticos.
Es raro, siento que describí muchas situaciones que suceden todos los días en esta mi ciudad, y sin embargo me siguen faltando muchas otras. Tal vez haya otra oportunidad.

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