Duración: 115 minutos
País: Hong Kong
Elenco: Chia-Hui Liu, Lo Lieh, Yue Wong, Liu Chia-Yung, Norman Chu, Yung Henry Yu, Hung Wei, Lun Hua, Szu-Chia Chen, John Cheung, Wilson Tong, Hang-Sheng Wu, Hoi-Sang Lee, Kwok-Choi Hon, Tung-Kua Ai, Ho Bao-Hsing, Billy Chan, Lung Chan, entre otros.
Los patriotas anti-Ching, bajo la dirección de Ho Kuang-han, han establecido secretamente su base en Cantón, disfrazados de maestros de escuela. Durante un brutal ataque manchú, Lui consigue escapar y se dedica a aprender artes marciales para vengarse. En poco tiempo domina el uso mortífero de los puños, los pies y las palmas de las manos, junto con armas como espadas, palos y lanzas. Una vez completado su aprendizaje, se enfrenta a los manchúes.
Esta cinta se considera un clásico de todos los tiempos y, después de verla por primera vez, entiendo plenamente el por qué es de esa manera. Es una historia que se centra sobre todo en el entrenamiento de las artes marciales, en concreto en el estilo Shaolin (si es que existe alguno llamado así, puedo estar equivocado). Pero bueno, conseguimos que se establezca la situación que la narrativa necesita: un señor de la guerra irrumpe en una aldea, toma el poder (y luego se hacen nombrar tártaros nada menos) y un joven, hijo del dueño de una marisquería se escapa para entrenarse con los monjes Shaolin.
Durante unos ocho años, Liu Chia Liang (también conocido como Lau-kar-leung) trabajó como coreógrafo de artes marciales en la compañía Shaw Brothers, en especial con el legendario director Chang Cheh, de quien Liu aprendió claramente la puesta en escena como la llaman los franceses: es decir la habilidad de un director para utilizar la cámara, el montaje y el tema para pasar de un episodio dramático a otro.
A su vez, Liu intentó mostrarle a Chang las posibilidades inherentes al Kung-fu tradicional pero fue en vano; Cahng siempre se consideró un realizador de películas de acción y aventuras, no en particular un directores de obras sobre artes marciales. Asi que Liu empezó a hacer sus propias cintas en la compañía, y demostró lo que había aprendido de su mentor, al mismo tiempo que desarrollaba sus propios temas relacionados con las artes tradicionales que hemos dado en llamar Kung-fu.
Quizá las diferencias culturales impidan comprender el significado y la importancia de esta pelicula. El titulo original, la 36a Cámara de Shaolin, hace referencia a la petición de San Te al Abad Principal de Shaolin para enseñar las técnicas marciales del lugar a los chinos Han, con el fin de darles las herramientas necesarias para luchar contra los ocupantes manchúes de la dinastía Qing, a los que se consideraba forasteros.
Hoy en día, los chinos siguen odiando a los Qing y desearían que esa dinastía nunca hubiera existido, ya que se considera que su nivel de corrupción y falta de visión de futuro en el siglo XX debilitaron al país, lo que provocó que algunas regiones fueran colonizadas por muchas potencias extranjeras de la época. Por ejemplo Hong Kong fue una colonia tomada por los británicos tras humillar a los chinos en una estrepitosa derrota en las llamadas Guerras del Opio.
El hecho de que la industria cinematográfica de Hong Kong hiciera películas sobre la rebelión debe entenderse en este contexto de dicho país como colonia británica. El maestro Lau es cantonés (como lo fue Wong Fei-hung) por lo que tenia una especial cercanía a la problemática relación colonial con los británicos ocupantes. Por eso considero que esta obra es un interesante ejemplo de cine postcolonial.
Estos antecedentes son esenciales para comprender el significado de la declaración del maestro Lau en este relato. No se trata de una simple historia de venganza, sino que la venganza es la respuesta moral y ética (en chino el término técnico/filosófico es righteousness lo que en nuestro idioma seria mejor descrito como justicia) por el brutal asesinato de sus compañeros de clase, su profesor de ética y su familia.
En la primera parte de la historia, el Maestro Asesino (interpretado por el hermano adoptivo del Maestro Lau, un tal Liu Chia-hui, el verdadero hermano del Maestro interpreta al rebelde General Yin que lucha con un hacha) se encuentra estudiando la ética confuciana. Después de que todos sus amigos y familiares son masacrados de forma despiadada por participar en una revuelta contra las fuerzas ocupantes Qing (los aludidos manchúes), el amigo del Maestro Asesino se lamenta de que no tenia sentido estudiar la ética, ya que era inútil para ellos salvar a sus seres queridos y resistir a los Qing.
No, responde el Maestro Asesino, la ética nos ha enseñado a ser leales (otro término confuciano) a nuestros seres queridos, así que debemos vengarnos. Si alguno de nosotros sobrevive debemos llegar a Shaolin, aprender artes marciales y vengarnos.
Este mensaje político es lo que hace de esta cinta algo más que un filme de acción arbitrario. En este lado del mundo, las películas de acción no suelen incluir la violencia en un contexto tan amargo. Aquí, la violencia tiene un profundo significado en el contexto de la invasión y ocupación extranjeras. Aquí se ve como la acción ética, que es como San Te responde a su primera victima de venganza que lleva a cabo (donde conoce a Hung Xiguan) cuando su victima le exige: ¡No puedes matarme, eres un monje!. A lo que San Te responde: ¡Incluso Buda castigó el mal!.
Aunque el cine de Hong Kong solo disponía de una fracción del presupuesto del que suelen gozar la basura glorificada que suelen ser la mayoría de las obras de este genero creadas en Hollywood, lo compensa con peligrosos mensajes políticos, un caos sin parangón en las artes marciales y verdaderas habilidades en la mentada disciplina de parte de los actores.
Debe señalarse los actores de estas producciones (al igual que sucede con los que participan en Bollywood, donde los interpretes tienen que demostrar sus dotes de baile) tienen que realizar algo realmente destacado en la pantalla, en lugar de limitarse a pavonearse como autenticas divas. Si se piensa que la actuación es exagerada, es porque el cine de Hong Kong surgió de la tradición de la Ópera de Pekín que posee un estilo particular de actuación con su propio lenguaje.
Para mi, esta puede ser una de las mejores cintas de acción que haya visto relacionada con el entrenamiento y sus complejidades. No sé si en general es una historia por completo redonda, ya que en el tercer acto algunos de los personajes se pierden en gestos exagerados, y el nuevo San Te (interpretado por el magistral Gordon Liu, utilizado años después por Tarantino en Kill Bill) desea reclutarlos para su titulada Cámara 36 que solo sirve para entrenar a nuevos discípulos.
Por supuesto, uno tiene que esperar para ver la secuela para saber cómo funciona la dichosa Cámara 36. Pero por ahora con esta historia, yo diría que alrededor de una hora en la mitad de la misma, tal vez mas está dedicada simplemente a mostrar cómo el protagonista crece a través de todas y cada una de las cámaras.
En ese sentido, cada obstáculo se vuelve apasionante y maravilloso de ver, en algunos de ellos vemos cuan riguroso tiene que ser el entrenamiento (caminar sobre pequeños troncos en un pequeño cuerpo de agua es uno de ellos, un momento destacado para mi) y algunos de ellos son casi ridículos (cómo aquel en el que ancianos monjes siguen golpeando un gong en un ejercicio de golpeteo de muñecas que alcanza un ritmo frenético).
Sin embargo, me parece que si uno está de verdadero humor para ello, esto es lo que debe ofrecerte una genuina pelicula de artes marciales: dicho de otra manera crecimiento, experiencia, y ganar no siempre tanta fuerza de ataque sino solo la habilidad de enfocar o mover los ojos muy rápido de un punto a otro.
Y al final el héroe utiliza todas estas habilidades en el momento fundamental, en el clímax. Y todo el asunto se vuelve muy entretenido, emocionante y casi esclarecedor, al estilo de una pelicula de serie B, observar a este tipo calvo volverse más duro, más fuerte y estar listo en todo momento para defender y atacar.
Ah, y sin duda las peleas son brutales cuando finalmente aparecen, ya que el director (que también era coreógrafo) haciendo uso del arte de la edición filma sus escenas de lucha de manera que haya en ella una intensidad total, aunque sigo destacando el esfuerzo de los interpretes para que funcione la danza del Kung-fu.
Entonces, si te agradan los acercamientos apresurados y algunos efectos de sonido destacados, y lo mas importante una historia que sea lo bastante simple como para que puedas seguirla (un problema en ocasiones con esta clase de filmes es que las tramas son complejas de modo innecesario) esta cinta es lo que estabas buscando. Es el tipo de experiencia que me brindó cúmulos de energía después de verla, como si quisiera hacer cien flexiones o algo así.
Pero me estoy desviando del tema, bastará con decir que en modo alguno puede decepcionar al espectador.
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