Dirección: Sam Peckinpah
Duración: 117 minutos
País: Estados Unidos / Reino Unido
Elenco: Dustin Hoffman, Susan George, Peter Vaughan, T.P. McKenna, Del Henney, Jim Norton, Donald Webster, Ken Hutchison, Len Jones, Sally Thomsett, Bob Keegan, Peter Arne, Cherina Schaer, Colin Welland, June Brown, Jimmy Charters, Chloe Franks, Michael Mundell, entre otros
El astrofísico americano David Sumner se traslada a vivir al pueblo de su mujer en Inglaterra. Es un hombre reservado y tímido que vive absorto en sus investigaciones y procura evitar cualquier disputa. Sin embargo, la violencia de ciertos individuos del pueblo llega a tal extremo que Sumner, situado entre la espada y la pared, reacciona con las mismas armas que sus agresores para defender a su mujer y a su hogar.
A principios de la década de los dos miles, se produjo una oleada de películas etiquetadas como torture porn (por aquello de ser un miserable y regocijarse con el sufrimiento ajeno) que compartían tres características principales.
En primer lugar, su objetivo era provocar que el publico sintiera la misma desesperación absoluta que los personajes torturados en la pantalla. Segundo, casi siempre presentaban un profundo retrato social. Y tercero, siempre eran rechazadas por críticos hipócritas que no lograban ver la inteligencia en la desesperación, y luego se iban a alabar obras vacías de buen cine por expresar algo sobre la condición humana.
Este tipo de películas siempre me han interesado porque mezclan un ritmo implacable con un mensaje especifico sobre cómo tienden a pensar los humanos. Y me parece interesante que Los perros de paja, aunque no es realmente una película que involucre la tortura en su trama, tenga todos y cada uno de los aspectos que acabo de enumerar.
Si bien hoy en día ha ganado mucho más reconocimiento, en su momento fue tan odiada por los críticos como lo es ahora el aludido torture porn.
Por otro lado, es curioso lo sencillo que le resulta a la sociedad negarlo todo cuando una película como esta dice algo sobre la condición humana que nadie se atreve a decir, mientras que luego la misma sociedad puede ir y alabar una cinta por completo vacía y llena de clichés como muchas que han tenido éxito en los años recientes, de las que prefiero omitir nombres porque ese es tema para otra reseña.
Así pues, esa hipocresía me parece casi cómica. Y creo que tal vez, ese era uno de los puntos de la creación de Peckinpah.
Esta es sin duda una obra cruda y descarnada; y a juzgar por algunos de los comentarios en determinados foros, puede que haya ciertos aspectos que hayan quedado obsoletos, pero en mi caso desde la primera vez que la vi esta película fue toda una revelación.
Sí, el desarrollo es lento (si sufres de TDAH severo, que parece ser el caso de la mayoría de la gente), pero es necesario, ya que estamos lidiando con la naturaleza animal del hombre y cómo, a pesar de todo el tiempo que hemos tenido para evolucionar como especie, lo único que se necesita para despertar a la bestia que llevamos dentro es una chica sexy sin sostén.
En nuestros tiempos ha habido muchos hombres inteligentes que han sucumbido a la seductora belleza de las mujeres. En ese sentido el personaje de Dustin Hoffman (de nombre David Sumner) es un matemático que parece deleitarse en su inteligencia; se ha casado con una joven muy atractiva que desde el principio es consciente de su sexualidad.
Ambos se retiran a un pequeño pueblo en Inglaterra de donde proviene su esposa, lo cual es necesario para aumentar la libido de estos tipos, ya que las ovejas guapas probablemente los excitan. Y para mala fortuna de la seductora muchacha, David está demasiado absorto en sus propios pensamientos como para darse cuenta de que las necesidades de su joven esposa están siendo comprometidas.
Susan George (cuyo personaje es Amy Sumner) hace un trabajo realmente excelente interpretando a ese tipo de mujer joven e ingenua a la que la mayoría de los hombres le dan demasiada importancia. No hay nada más peligroso que una chica joven y atractiva, y un hombre debe ser consciente de ello en todo momento o ella lo arruinará, ya sea a propósito o no.
De todos modos, esa primera toma de ella caminando por la calle realmente muestra el poder de esta chica; ella es consciente de si misma nivel inocente y en verdad no capta el peligro reflejado en la forma en que los varones locales la miran, y la forma en que le imponen su machismo al personaje de Hoffman. Hay un elemento tan básico que se está mostrando en estas escenas, y maldito sea el tal David por su naturaleza cobarde.
De todos modos, cuanto más avanzamos, más se va acumulando la tensión, esto es necesario porque permite que el ataque y el asedio sean mucho más creíbles.
Entonces, ¿qué es lo que vuelve tan aguda como censurable a estos perros de paja? Bueno, en primer lugar es simplemente una de las pocas representaciones precisas de las emociones humanas de forma real en el cine.
Desde luego Realismo es una palabra que los guionistas y directores usan de forma constante, pero a medida que Hollywood se acerca a lo que cree que es el realismo, la cuestión es que se aleja cinco pasos de lo que en realidad piensan los seres humanos.
Dicho esto, muy pocas películas han logrado expresar de forma auténtica cómo interactúan las personas sin convertir a los personajes en una especie de podio para predicar alguna idea que tiene el guionista o director, o simplemente en figuras de cartón que generan que avance la trama.
Es más, contrario a la creencia popular, la mejor actuación del mundo no puede arreglar personajes poco realistas. Eso funciona tanto como una bonita capa de pintura arregla una casa que está a punto de derrumbarse.
A mi parecer la emoción es el punto fuerte de los perros de paja. Las emociones de ambos personajes principales se retratan de manera diferente en cada situación. Una escena termina con un momento de amor, la siguiente comienza con uno de amargura y la siguiente con total indiferencia. Por lo tanto las cosas que deberían tener un impacto emocional en los personajes no lo tienen en absoluto. Ergo, las acciones que deberían causarles emociones negativas les causan placer.
Justo cuando te parece que un personajes es totalmente simpático, hace algo que arruina ese sentimiento, muy parecido a la traición de un amigo. En pocas palabras: he visto innumerables películas en mi vida, pero esta debe ser una de ellas con un núcleo emocional tan realista.
Del mismo modo, sin revelar nada, la historia llega a donde pocas cintas de su época se atrevieron a llegar con su temática. Aunque no diría que todas las ideas que se presentan en ella sean originales, algunas de ellas sí lo son, y ninguna de ellas es un cliché. En esa misma línea, se parece mucho a La naranja mecánica que se estrenó el mismo año. Sin embargo, una de ellas ahora es un clásico, mientras que la otra sigue siendo menos conocida por el publico en general: las injusticias de la vida.
Según veo, los perros de paja sentó casi por sí sola las bases del genero de suspenso, y su influencia se puede ver en todo, desde otras películas contemporáneas hasta cualquier suspenso que cae en los lugares comunes que se esté proyectando en el cine local mientras escribo esto.
Ahora bien, aunque me identifico con las ideas de esta cinta y la aprecio, creo que considerarla como una creación perfecta es un insulto a la intención del director. Supongo que Peckinpah no pretendía que fuese entretenida, supongo que pretendía que perturbara de manera profunda al espectador. Y si bien eso puede ser difícil de lograr en pleno 2026 debido a las innumerables copias y refritos del tema, esta cinta dista mucho de ser fácil de ver.
Para mi la perfección es una extensión de la satisfacción, y yo en lo personal no quedé satisfecho con esta película. No se suponía que lo estuviera. Es una contradicción flagrante a la fórmula de Hollywood que establece que hay que dejar al espectador boquiabierto o satisfecho, o no se ha cumplido el objetivo.
Por eso no puedo considerarla una creación perfecta, pero tampoco pretendía hacerlo. Es demasiado honesta para ello, es demasiado astuta para un propósito tan simple.

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