Roman Holiday (1953)


Director: William Wyler
Duración: 118 minutos
País: Estados Unidos/Italia
Reparto: Gregory Peck, Audrey Hepburn, Eddie Albert, Hartley Power, Harcourt Williams, Margaret Rawlings, Tullio Carminati, Paolo Carlini, Claudio Ermelli, Paola Borboni, Alfredo Rizzo, Laura Solari, Gorella Gori, entre otros.
" Todo un clásico que relata la encantadora aventura romana y romántica entre una princesa moderna (que detesta sus obligaciones reales y desea pasar inadvertida) y un guapo periodista americano en busca de una exclusiva, quien finge desconocer su verdadera identidad, pero cuyo plan fracasa al enamorarse de la joven princesa."
Este precioso cuento no tiene edad y me atrevo a decir que conserva la misma frescura, es más, posiblemente ha ido ganando con el paso del tiempo como buen vino añejo.
Me imagino que la ciudad de Roma estará eternamente agradecida a William Wyler, pues no se puede homenajear mejor a una ciudad. Todo lo que aparece en la película está magníficamente plasmado, además con total naturalidad dentro de la historia.
A pesar de no ser un gran admirador de actrices que sólo destacan por su belleza, en este caso creo que Audrey Hepburn está tan brillante que sobran los calificativos. Porque su personalidad trasciende el ámbito del cine para convertirse en un icono popular y es por ello que consiguió el Oscar fruto de su estelar interpretación en esta comedia romántica tan especial. Y eso que odio la enorme mayoría de comedias románticas, y esto se debe principalmente a las historias que cuentan. Sus personajes me parecen tan típicos, que consiguen que a la media hora de película desee que sus protagonistas tengan cualquier tipo de accidente mortal. Y ni que decir de los finales felices de esas producciones que me hacen desear que un meteorito caiga en la Tierra y todos muramos.
Sin embargo considero a esta cinta como especial porque no cuenta una historia, sino un cuento como lo mencionaba al inicio y es un verdadero cuento de hadas.
Wyler parte de una directa crítica a la aristocracia, para luego relatarnos el cuento de Cenicienta pero a la inversa, lo cual le otorga un mayor encanto. Y es que los personajes si enganchan conmigo, a los 10 minutos ya estaba deseando ser el afortunado periodista que se encuentra de sopetón con Audrey, una princesa atacada por un brote de rebeldía que abandona la opresiva atmósfera de su ambiente para descubrir el mundo real, y las emociones que lo convierten en tal, sobre todo el amor.
Una aventura desarrollada con soltura, sin los saltos bruscos que a veces podría achacarse a las comedias románticas antiguas, que posee un crecimiento a lo largo de toda la película durante el cual se aprovecha para revelar los encantos de la ciudad romana, haciendo uso de una fotografía fantástica y dejando además por el trayecto una serie de situaciones que hacen esbozar sin quererlo una bonita sonrisa.
Del final sólo diré que es lo que la convierte en una de las grandes, de las inmortales. Cualquier otro habría arruinado toda la creación completa. Dicho desenlace me hizo estar pensando en este filme un par de días sin quitármelo de la cabeza.
Aprécienla y les aseguro que se divertirán, que sonreirán y casi con toda seguridad no podrán evitar llorar.

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