Gycklarnas afton (1953)




Director: Ingmar Bergman

Duración: 93 minutos

País: Suecia


Elenco: Ake Grönberg, Harriet Andersson, Hasse Ekman, Anders Ek, Gudrun Brost, Annika Tretow, Erik Strandmark, Gunnar Björnstrand, Curt Löwgren, Kiki, Lissi Alandh, Julie Bernby, John W. Björling, Naemie Briese, Michael Fant, Karl-Axel Forssber, entre otros.

" Albert Johansson, el propietario de un circo, abandona a su familia para entregarse a Anne, una orgullosa y apasionada amazona que celosa de que Albert vuelva a reencontrarse con su esposa e hijos tiene una aventura con un joven y neurótico actor. Sin embargo, el circo no deja de ser un desastre y Albert y su compañera se ven obligados a mendigar para sobrevivir."

Esta cinta es quizás una de las películas menos conocidas del gran maestro sueco, y a pesar de ello, no tiene nada que envidiar a sus obras más populares. Un proyecto de Bergman que en ciertos momentos puede producir en el espectador una angustia terrible, tanto que desearía morir en ese preciso instante; escenas que oscilan entre el expresionismo y muy cercanas al terror sirven para retratar a un hombre encerrado en sí mismo, un hombre muerto por dentro, sin ilusión, sin vida, un ser decadente. Esta es la visión que Bergman tiene del hombre, una visión pesimista de la existencia humana y del mundo.
El director sueco domina como lo hace en muchas de sus obras los recursos expresivos y los contenidos, lo que le permite crear una pieza particularmente sólida, fluida y consistente. Hace una detallada narración de la fragilidad y vulnerabilidad humana. Le gusta demostrar que muchos viven oprimidos por las dudas, los temores, y hasta la incertidumbre y la pobreza. Para él las relaciones entre las personas siempre son difíciles y generadoras de una enorme intranquilidad. No son pocos los que debido a ello, viven al borde de la desesperación. No existe en el horizonte más que un mundo miserable, opresivo, mezquino, intolerante, cerrado e intransigente. Y el futuro no parece ser muy distinto a lo que ya se está presentando. Aparecen así, los sentimientos de fatiga, desencanto, angustia y desesperanza. Las relaciones con las personas con las que se puede encontrar en el camino de la vida se dan con gente desconsiderada, hiriente y a la que no le importa humillar al otro.
Esa es la realidad que le encantaba retratar a Bergman y que mejor que hacerlo a través de un circo ambulante con seres degradados, sin alma y amargados, sucios y hasta con pulgas. Bergman se adentra en ese pequeño cosmos, un circo que va de aquí para allá sin rumbo fijo con personajes que se la viven intentando mostrar lo que no son con trajes abundantes en la decoración de pésimo gusto o con sacos sin botones, ropa sucia y muy elegantes en su caminar, mostrando fachas simuladas y muchas veces ni a eso llegan.
Bergman cuenta con una fotografía que deslumbra por su pulcritud y limpieza, pensada con mucha profundidad, buscando en cada toma, en cada ángulo, el símbolo perfecto para cada persona y para cada escena. Sin duda la fotografía de la cinta es uno de los factores más trascendentales para poder determinar en este caso la psicología de los personajes.
Aquí nos podemos hallar de frente a escenas tan excéntricas como sus personajes, ahí nos acompaña una música tan peculiar ya que logra potenciar la decadencia del ser humano. Entre el surrealismo y el realismo el director crea unas escenas de auténtico suspenso, como aquella en la que aparece una pistola y un espejo o el inicio en donde podemos apreciar a una mujer bañándose en el mar con algunos soldados o aquella pelea en la arena del circo. Escenas que quitan el habla.
A partir de un determinado momento la acción se fracciona en dos tramas que en igual medida, combinan intentos de rechazo y dominación, de indiferencia y abuso, de aislamiento y fracaso. A mi entender en esta película se anticipan elementos que luego se encontrarían en una de las obras más reconocidas de Bergman que fue Det Sjunde inseglet, mejor conocida por estos lares como El séptimo sello.
No me gustaría olvidarme de destacar la labor interpretativa del trío protagonista de la obra: en primer lugar al actor de nombre Anders Ek por poner la balanza en equilibrio, luego Harriet Anderson por mostrarnos que el erotismo y la sobriedad pueden llevarse de la mano y por último, pero no por ello menos importante al soberbio Ake Gronberg por brindarnos unos 30 minutos finales espectaculares. Frost, Anne y Albert, tres nombres difíciles de olvidar.
Una película que está situada a mitad del trayecto tan largo entre sus obras más sobrias y sus comienzos. Bergman fue dominando la técnica del cine clásico, hasta ir creando poco a poco su propio lenguaje, pero existe una constante en su filmografía que fue el hablarnos sobre la condición humana, Bergman la descomponía en cada una de sus partes en cada una de sus películas. Fue sin duda, uno de los grandes conocedores del alma humana. Es increíble hasta donde era capaz de llegar con creaciones tan complejas, tanto que muchas de ellas requieren de análisis y reflexiones profundos e incluso de verlas más de dos ocasiones. Un cine sabio y más que reflexivo.

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