The Palm Beach Story (1942)




Director: Preston Sturges

Duración: 88 minutos

País: Estados Unidos


Elenco: Claudette Colbert, Joel McCrea, Mary Astor, Rudy Vallee, Sig Arno, Robert Warwick, Arthur Stuart Hull, Torben Meyer, Jimmy Conlin, Victor Potel, William Demarest, Jack Norton, Robert Greig, Roscoe Ates, Dewey Robinson, entre otros.

" El administrador del edificio donde viven Tom y Gerry Jeffers enseña la casa, aunque todavía viven en ella, a otros posibles inquilinos, ya que ellos se han retrasado en el pago del alquiler. Gerry se siente frustrada porque su marido, un arquitecto que intenta sacar adelante sus proyectos, no permite que ella utilice su belleza para conseguir que alguien se los financie. Entonces, Gerry conoce accidentalmente a J.D. Hackensacker III, uno de los hombres más ricos del mundo."

Gran comedia, yo diría imprescindible para los amantes de ese hermoso género. Un sentido del humor agudo y sofisticado en algunos momentos y absurdo e hilarante en otros, son dos buenos argumentos para que los que no la hayan visto se acerquen a esta injustamente poco conocida película.
La cinta combina, con maestría, comedia y drama, poniendo de manifiesto la relatividad de los géneros. El realizador explica en términos de comedia un relato dramático: Gerry, enamorada de Tom, decide divorciarse para poder contraer matrimonio con un millonario que financie el delirante proyecto de su esposo. La comicidad se basa en elementos que llevan impreso el sello brillante del señor Sturges. 
Las ambigüedades y las falsas apariencias son abundantes: Tom no da crédito al relato de Gerry sobre su encuentro fortuito con "el rey de las salchichas", que le ha dado 700 dólares. La transposición de estereotipos se concreta en que la pareja protagonista no es rica, como debería de ser, sino que vive en una situación insostenible. 
Es una lástima que a esta obra la oscurezcan otras obras maestras de este director como las ya abordadas The Lady Eve o Unfaithfully Yours, pero en el fondo, con una filmografía como la suya, no deja de tener sentido que sea así. Sturges tenía esa cosa que, a falta de una mejor palabra para definirla, suele llamarse un don. Ese aspecto difícil de definir, personal e intransferible, que convierte casi todas sus películas en perfectos ejemplos de la comedia clásica norteamericana. La prueba está en que a pesar de haber contado con las once reglas de oro para lograr una comedia de éxito que él mismo clasificó en 1941, se pueden contar con los dedos de una mano los directores que, tras su muerte, han sacado provecho de ellas a una altura similar a las del maestro, aun en sus obras menos populares. Y no está de más recordar que Sturges murió en 1959.
Lo que el director trataba de demostrar con la desesperada persecución del pobre Tom tras la astuta Gerry era, en sus propias palabras, el infinito poder de la belleza femenina. Unas piernas largas, como bien lo señala el personaje interpretado por Claudette Colbert, permiten abrir cualquier puerta, incluso (o especialmente) las de la alta sociedad. El sexo mueve el mundo, pone en marcha a trenes y aviones, hace que los hombres enloquezcan, canten, se emborrachen, carguen y disparen sus escopetas y persigan con sus perros el rastro de una apetitosa hembra extraviada.
Las alocadas escenas a bordo del tren, protagonizadas por los desquiciados miembros de aquel excéntrico club, son una ilustración tanto de la teoría de Sturges como de los múltiples recursos cómicos que despliega en una película que inicia y concluye de un modo tan surrealista como antológico, plagada de diálogos tan veloces como memorables, personajes estrafalarios, elegantes estocadas envenenadas con fina ironía y escenas románticas en las que los protagonistas cuentan con la suficiente humanidad como para aplacar el aparente cinismo del discurso de Sturges.
Es una cinta donde todos están perfectos en sus personajes. Principalmente Claudette Colbert, para quien Sturges escribió el guión. Colbert era por entonces la estrella por excelencia de la comedia norteamericana, como bien lo demostró en It Happened One Night. Era una actriz con un enorme carisma. También destacar a Mary Astor, en una de sus interpretaciones más divertidas, interpretando a la frívola hermana del millonario, divorciada cinco veces y que no obstante siente por los hombres un auténtico fervor. Su ridículo y  parasitario compañero Toto es el claro ejemplo de que necesita siempre a un hombre a su disposición. 
Es una creación cinematográfica en la que los hombres son los inocentes, los ingenuos y las mujeres las que llevan la iniciativa, las que tienen la mente más despejada, la cabeza bien amueblada y las que mejor saben lo que quieren. Y es en el personaje de Colbert donde gira toda la trama: ella es calculadora, atractiva, sobrada de lógica y decidida a todo. Su personaje es un adelanto de la mujer liberada de muchos años después.
En definitiva estamos ante una de las mejores obras de Sturges, en la que demostró lo que es saber dirigir, y en la que fue el precursor de guionistas que se convirtieron en directores. Sus historias convencieron a Hollywood de que un escritor podía ofrecer garantías de éxito tras las cámaras. Sturges siempre será uno de esos directores clásicos que ofrecen miradas modernas desde estructuras tradicionales.
Y vivieron felices... ¿o no?

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