Conan the Barbarian [1982]




Director: John Milius

Duración: 129 minutos

País: Estados Unidos

Reparto: Arnold Schwarzenegger, James Earl Jones, Max von Sydow, Sandahl Bergman, Ben Davidson, Cassandra Gava, Gerry Lopez, Mako, Valérie Quennessen, William Smith, Luis Barboo, Franco Columbu, Leslie Foldvary, Gary Herman, Erik Holmey, entre otros.

" Un niño que pertenece a una tribu primitiva graba en su memoria los rostros de los guerreros que han exterminado a su familia y a él lo han vendido a unos mercaderes de esclavos. Años después, el joven se ha convertido en un fornido y valiente guerrero."

Cuando Robert E. Howard creó en 1932 en la revista Weird Tales a Conan, poco pudo imaginar que su personaje, décadas después, iba a convertirse en un fenómeno mundial gracias sobre todo a los cómics de los 70 de la compañía Marvel y por supuesto, a la película.
Es en el año 1982, de la mano de John Milius (guionista de Apocalypse Now, no olvidar) en la dirección y protagonizada por un escultural Arnold Schwarzenegger (nadie se adaptará mejor al dibujo) y que alcanzó la fama gracias a su recreación del personaje. Es cuando llega a los cines esta adaptación, y revienta las mentes de toda una generación, que descubren este género de manera inesperada.
Conan fue un personaje que no se salvaría de estar en la mira de la gran industria que es el cine y el punto de partida para una sucesión de películas que deleitarían a grandes y pequeños por su original factura y original argumento: un niño que observa como destruyen a su pueblo entero y matan a sus padres, para después crecer y convertirse en un auténtico bárbaro. 
Esta cinta aportó los temas que serían muy propios del género: sangre, venganza, mujeres, violencia, dioses enfadados y la aspiración eterna a ser rey. Las rimbombantes películas que se filmaron después no quedaron exentas de estos tópicos, aunque no serían mostrados al mismo nivel que en esta cinta. 
Ambientada en una época oscura y salvaje, en el reino ficticio de Hyborea, las andanzas de Conan y su lucha por la supervivencia se sostienen por su sed de venganza, después de haber presenciado cómo mataban a sus padres siendo pequeño. Su búsqueda lo llevará a encontrar un misterioso culto, adoradores de serpientes, cuyo líder, Thulsa Doom parece ser el objeto de su ansiada venganza.
Aunque personalmente no comparta la filosofía de la película (que la tiene y mucha) no deja de asombrarme por la calidad y planteamientos que se abordan en este clásico realizado justamente en el año que nací. Es sin lugar a dudas, una película fascinante, de ver y de pensar; de sentir y de escuchar. Un deleite continuo
Disfrazada como una película de aventuras, espadas y brujería, nos encontramos esta impresionante obra que parece transpirar a Nietszche por los cuatro lados, incluyendo las pinceladas de Wagner en la formidable banda sonora y la cita inicial de aquello que no nos mata nos hace más fuertes, toda una declaración de intenciones y de principios.
Todo está optimizado para crear una sensación de gloriosa majestuosidad, ayudada por un espectacular diseño de producción, y una no menos espectacular banda sonora: una obra maestra de Basil Poledouris, llena de notas míticas y ya clásicas por derecho propio. Toda una ópera wagneriana al servicio de la historia.
Aunque a priori puede parecer una tontería, Conan se acerca mucho al superhombre del mencionado Nietszche, que nace libre pero es sometido a la moral de los esclavos. Conan sólo se da cuenta de que es libre de nuevo cuando se da cuenta de la muerte de su Dios de nombre Crom, y simbólicamente adopta su lugar, recogiendo su espada, ante lo cual la corona de Crom se desprende de su calavera (una muestra de las diversas metáforas y símbolos que encierra esta película).
Conan no es bueno ni malo, ni busca la justicia ni la verdad, él está por encima de dichas consideraciones, él sólo responde a su propia voluntad de poder, y él es su propia verdad. Por eso es justo señalar que nadie debe buscar en esta película ningún mensaje de paz, de bondad o de convivencia. Es una película moralmente dura, incluso podría decirse que roza lo políticamente incorrecto si no fuera porque formalmente es sólo una historia de guerreros y de brujos.
La filosofía que se utiliza en la película, como ya lo he dicho, se remite a parámetros poco usuales en el cine comercial de acción, girando siempre el semblante hacia el legado de una parte importante de la filosofía alemana. Podría resultar pedante el analizar la cinta de esta manera, propia de críticos pseudointelectuales  y de muchas producciones más recientes; pero es que la obra de Milius es de las pocas que cuenta con un discurso sólido que no hace ruido en ningún momento con la espectacularidad de la propuesta y la gran ambientación. De modo que, como los grandes personajes de la mitología escandinava o germana, Conan es víctima de un mundo cuya piedad es inexpugnable, tanto como la montaña de Tulsa Doom.
El guión es lineal, sencillo, sólido pero además tiene unos diálogos bien hechos, inteligentes, y en muchas ocasiones cargado con un humor sutil, y en otras hasta terminan siendo poéticos, los cuales aportan un trasfondo a los personajes y una evolución inesperada en esta clase de películas.
En cuanto a las interpretaciones, Conan fue el primer gran papel de Schwarzenegger, sin duda el mejor de su carrera incluso por encima de Terminator. Sus dotes interpretativas no son dignas del aplauso, pero su imponente físico y su no pretendida estupidez lo convirtieron en el mejor candidato para encarnar a un personaje tan salvaje. En cuanto a su némesis, James Earl Jones consigue impactar e inquietar en su inolvidable papel de Thulsa Doom. También destaca Sandahl Bergman, una ladrona completamente impulsiva e irresistible incluso para Conan.
Creo sinceramente que muchos que critican a esta obra no la entienden. Se quedan en la aventura o los combates, pero se les escapa, no sólo la belleza de las imágenes, la composición o la música que la envuelve, sino el sentido metafísico o el simbolismo que esconde. Estamos ante reivindicación más depurada de lo épico y del valor, sin más justificación que el heroísmo en sí mismo. La grandeza como fin y como medio, la fraternidad con las armas, especie de credo donde caben todas las virtudes: la lealtad, la amistad, la entrega y el amor. 
Porque el el valor no es sólo matar enemigos, sino dar la vida por el otro o afrontar la muerte sin pestañear. Voluntad, irracionalidad, vitalismo, orgullo, toda una ideología que se tacha a la ligera de fascista cuando en realidad es anterior a aquella filosofía política. Yo no la comparto, pero tiene nobleza que es lo que cuenta.
Quien no la haya visto, no se que está esperando. Cine de aventuras como este, ya no se hace. Muy recomendable.

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