Ghost Busters (1984)




Director: Ivan Reitman

Duración: 105 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Bill Murray, Dan Aykroyd, Sigourney Weaver, Harold Ramis, Rick Moranis, Annie Potts, William Atherton, Ernie Hudson, David Margulies, Steven Tash, Jennifer Runyon, Slavitza Jovan, Michael Ensign, Alice Drummond, Jordan Charney, entre otros.

" Tres profesores de parapsicología que están desempleados instalan en un viejo edificio un sistema único que se dedica a cazar, atrapar y encerrar fantasmas."

Me considero parte de una generación en la que productos como esta obra resultaron ser ideales para demostrarnos que el cine podía ser una diversión inteligente y al mismo tiempo emocionalmente llena de vitalidad.
Los populares 'científicos' que se dedican a cazar fantasmas luchan, pero lo hacen con sentido del humor (uno que a estas alturas me parece soso); los cazadores de fantasmas toman una pose de grandes científicos, pero son torpes en sus maniobras; los cazafantasmas son cuatro hombres que sacudieron el alma de una época y se quedaron en el corazón de una generación para siempre.
Esta probablemente no sea una película grandiosa, pero que sí se ha convertido en un clásico, un clásico que no buscaba serlo, tal vez sea eso la razón por la que tenga mayor mérito, porque cada vez que se tiene la oportunidad de verla apreciamos a algunos actores que han trascendido como Murray, Aykroyd, Ramis (que en paz descanse ahora), Ernie Hudson, y hasta el actor que sin querer queriendo se volvió cómico Rick Moranis y por supuesto habría que mencionar a la sorpresivamente sensual en este caso, Sigourney Weaver.
Es una película para una generación que siempre la tendrá como referente de lo que fue, de lo que dejó de ser. Es cierto, cine así ya no se, para bien y para mal.
Los doctores Raymond Stantz, Egon Spengler y Peter Venkman son un grupo de cientificos raros, especializados en una y mil ciencias ocultas, seguidores de todo lo extraño y paranormal, con un genio tan impresionante como poco práctico. Esto provoca que fracasen en todos sus proyectos y sean expulsados de forma deshonrosa de su Universidad. Entonces es cuando deciden tomar la decisión más loca y, en cierto punto, romántica: apostar sus vidas enteras a profundizar y capitalizar la investigación paranormal y dedicarse a cazar fantasmas, no tanto por ser justicieros o benefactores de la humanidad, sino más bien por el puro capitalismo.
Pero, sin duda, los que verdaderamente podríamos denominar como héroes son Aykroyd y Ramis, ya que pensaron y emprendieron esta idea con una historia así de osada, tan original para su época como para la nuestra. Y es que la idea de un grupo de hombres luchando contra algunos fantasmas es tan irreal, inverosímil y nueva que la convierte en lo que fue, una apuesta muy grande. Ambos escritores se jugaron la vida a todo o nada, en pocas palabras a crear la ridiculez más grande del cine (o una de tantas) o una obra que se convirtiera en un clásico. Para su buena fortuna, ocurrió lo primero.
Pero quien prácticamente se carga la película al hombro es Bill Murray, liderando todas las escenas, aunque en la medida justa para que a su alrededor todos los demás brillen también. Murray quien en ese momento era una estrella consagrada del famoso programa Saturday Night Live se suma al equipo para otorgarle una inyección de carisma, humor, desfachatez y frescura. Elementos que son precisamente las grandes fortalezas del cine de aquella década.
Debo señalar que esta película siempre ha sido una cinta que no terminó de alborotar mis ganas de verla, nunca me llamó la atención como para tenerla en mis destacadas de películas pendientes y extrañamente mis padres nunca me la pusieron para que me durmiera cuando era niño. Sí, de ahí (quiero creer) viene mi adoración por el cine. Como sea, finalmente me he decantado al fin por verla y la verdad es que en parte me ha sorprendido.
De sus fortalezas podría mencionar obviamente en primer lugar al trío protagonista (aunque Ramis y Aykroyd son devorados por Murray) con cierto carisma y con momentos humorísticos bastante buenos, una convincente y sensual Sigourney Weaver que cumple con una sublime química entre ella y el propio Murray. 
Luego destacaría la banda sonora con canciones para la eternidad como el tema principal que fue interpretado por Ray Parker Jr. y que sin duda es uno de los puntos fuertes de la cinta sino es que tal vez el mejor.
Por otra parte los efectos especiales son increibles para esa epoca, bastante bien, no creo que deban ser examinados con lupa y buscar el fallo, hay que tener en cuenta que esa clase de tecnología ha evolucionado y esta cinta tiene exactamente 30 años. La historia es original y muchas cintas han intentado copiarla, incluso el propio director intento homenajearse (perdonen la expresión) en creaciones posteriores en donde copio algunos aspectos de esta cinta.
De sus debilidades podría referir que a algunos personajes y algunos chistes no les encontré la gracia, casi llegando al punto de generar vergüenza ajena, como el tal Tully que no me despertó ni al menos una sonrisa, al igual que la secretaria que es totalmente prescindible en el relato. Es probable que el guión se podría haber mejorado siendo menos absurdo y fabuloso, generando menos cantidad de chistes pero de mejor calidad y rematar con un final que no fuera tan previsible y cayera en el lugar común. Pero eso es Hollywood.
En resumen una idea fácil de realizar, sin embargo fue original para esa época. Una creación divertida que no aburre en ningún momento. Está claro que esta cinta marcó y sigue marcando por lo cual es una referencia en el género. 

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