37°2 le matin (1986)




Director: Jean-Jacques Beineix

Duración: 185 minutos

País: Francia

Elenco: Jean Hugues Anglade, Béatrice Dalle, Gérard Darmon, Consuelo De Haviland, Clémentine Célarié, Jacques Mathou, Vincent Lindon, Jean-Pierre Bisson, Dominique Pinon, Bernard Hug, Catherine D'At, Claude Aufaure, Louis Bellanti, Dominique Besnehard, Raoul Billerey, entre otros.

" Narra los apasionados encuentros entre Betty, una joven mentalmente inestable y Zorg, un reparador que alguna vez en el pasado escribió una novela. Zorg es una persona muy hábil para los trabajos manuales que labora en Francia como encargado de unas casas en la playa. Su vida es tranquila y pacífica, trabaja con dedicación y escribe en su tiempo libre. Pero un día Betty entra en su vida, una joven tan bella como salvaje e impredecible. De repente, el carácter sin reglas de Betty empieza a descontrolarse. Y Zorg ve cómo la mujer a la que ama enferma lentamente."

Esta película es una sorprendente tragicomedia (en el más amplio de los términos tragedia y comedia), y un paradigma del cine postmoderno europeo de los años ochenta. La versión del director dura tres horas, pero la versión que más se difundió de la obra fue aquella que se extiende a solo dos. Da lo mismo una que otra versión. Una cinta que es una maravilla, una historia con mucho sexo y una ternura que, lejos de sentimentalismos empalagosos, demuestra que el amor es algo más que no tener que decir nunca lo siento.
Desde el cartel de la película podemos ver a Betty, toda en azul, expectante. Y lo primero que surge como interrogante ante aquella espléndida imagen es: ¿Qué espera Betty?.
El color azul parece representar a aquellos sueños olvidados de un hombre joven pero apático, derrotado. Y Betty representa ese huracán que llega para destruir todos los elementos de su vida tal y como están, para arrojarlos por la ventana, para vaciar su casa, para encontrar el tesoro escondido que son sus manuscritos, para rebelarse contra lo plana y aburrida que es la vida actual de Zorg, personificada a su vez en aquel señor gordo que además es propietario del lugar, y rescatar lo que hay en él, y que le puede ayudar a convertirse en lo que es en realidad y conseguir su propio lugar en el mundo.
Ella es el germen de la vida, y probablemente en el propio título se halle escondido alguna referencia a ello ya que Betty es la que permite el nacimiento de la vida que estaba dormida en Zorg. La pareja suele verse envuelta de manera permanente en colores pasteles y rojos muy intensos, aquellos que están relacionados con el calor y ello contrasta con el resto del cuadro que es oscuro y frío. 
En esa pasión está viva la llama del que aún tiene un sueño, y por esa razón parecen empezar a vestirse de azul (sobre todo ella), y contrastan con los ancianos que en sus últimos años los observan pasmados. Ella no acepta nada a medias, de tal manera que lo incita a emprender tareas que parecen imposibles o descabelladas, como el hecho de pintar todo el complejo en el que habitan. Ella decide pintar todos los detalles de azul, y en el propio mar azul aparece un velero como si de un sueño se tratara.
Todo lo antes escrito y mencionado puede resumirse en el hecho de que Zorg estaba apagado, y el hechizo femenino misterioso entonces apareció, el encanto de esa musa que pende sobre su cama, que se personificó y que viene a salvarlo en la forma de Betty.
Detalle curioso es aquel en el que en un par de ocasiones apreciamos en la película a la cámara que hace una especie de travelling que inicia cerca del piso, que se dirige a la cocina y se levanta sobre una olla que está tapada, con algo que hierve en su interior y que parece luchar primero por salir y por estallar en segundo lugar. Esto ocurre al principio cuando Zorg acaba de conocer a Betty, y justo al final cuando ella ya no está. En ambas ocasiones él acude y recibe el alimento que había en ella, y acude justo a tiempo como él mismo lo expresa.
Es así que logra escuchar la llamada que lo invita a no dejar pasar su tiempo en el letargo, a buscar lo mejor de sí mismo. Porque Betty que es una mujer que es toda pasión, que no soporta la inmovilidad (gran exponente de la alexitimia), en algunos momentos hace pensar que ella es la conciencia de la fugacidad de la vida, de que no hay demasiado tiempo. Pero también en otra oportunidad podemos verla bajo la lluvia, en un cementerio con flores entre sus manos que se van desintegrando, o en una escena totalmente gris en un puente, mirando un tren que pasa rápidamente, y de la cual parece rescatarla el cartero, aquel hombre que puede traer consigo la carta que signifique un nuevo comienzo.
Betty no sabe cómo, pero está decidida a devorarse la vida ahora mismo. De la misma manera nosotros como espectadores no sabemos cómo, pero la película nos va envolviendo en una nostalgia dulce que nos atrapa con la hermosa puesta de sol, con todos esos elementos de belleza incomparable como su fotografía que es simplemente exquisita.
Y es que, además de proporcionar una narrativa que puede ser leída e interpretada en distintos y varios niveles, de verdad que esta obra es una película de gran belleza en términos de la cinemtografía y la puesta en escena. Por ejemplo, el color es utilizado de maneras que literalmente cortan la respiración (para muestra los pisos azules de la tienda de los pianos, el auto amarillo, aquella iluminación de color amarillo, que hace parecer como si, a pesar del tiempo, el crepúsculo fuese eterno).
En fin, una historia de amor, sexo y obsesión que nadie debe perderse. Una creación artística que sólo los franceses podían lograr, que se mete debajo de la piel y se queda allí para siempre.

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