Badlands (1973)




Director: Terrence Malick

Duración: 94 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Martin Sheen, Sissy Spacek, Warren Oates, Ramon Bieri, Alan Vint, Gary Littlejohn, John Carter, Bryan Montgomery, Gail Threlkeld, Charles Fitzpatrick, Howard Ragsdale, John Womack Jr., Dona Baldwin, Ben Bravo, entre otros.

" Una impresionable muchacha de 15 años llamada Holly Sargis originaria de un pueblo sin futuro conoce al rebelde Kit Carruthers, quien es mayor que ella y que posteriormente se convertirá en su novio y que se dedica a recoger la basura , decide dejar atrás su vida mediocre y se embarcan juntos en una matanza que inicia en los terrenos áridos de Dakota del Sur."

El ser humano suele creer que él es todo y que tiene poder sobre todo y todos. Intenta superar a las fuerzas físicas con desastrosos resultados. Cree tener dominio sobre el tiempo y los momentos. El tiempo es único; nunca va a volver a existir un instante igual. Lo realizado en cada instante puede determinar el contexto en el que se mueva el ser humano. No puede controlar el tiempo, porque se le escapa de las manos. No puede tener control sobre las circunstancias, especialmente cuando todo está pendiente de un hilo y puede volverse en su contra. 
Durante muchos años, está fue la única película que yo había visto de Terrence Malick, y todavía hoy, cuando leo o escucho el nombre de su creador, las primeras imágenes que vienen a mi mente no son las de selvas o dinosaurios, sino las de una chica pelirroja y pecosa moviendo su bastón con las manos en el jardín, una casa en llamas, las luces de un auto abriéndose paso en la oscuridad y un rastro de polvo en las áridas e interminables llanuras del Medio Oeste Americano.
Esta que fue una de las primeras producciones del extraordinario Terrence Malick es una reflexión sobre el tiempo, las circunstancias y la conducta humana. Los protagonistas creen poder controlar sus pasos y sus acciones, pero el contexto se lo impide. Para escapar de ese contexto se ven obligados a tomar decisiones terribles, que les alteran aún más y les acerca hacia un destino desastroso.
Esta es la primera muestra de Malick, que contiene las claves y características que definirán buena parte de su corta pero imprescindible obra. Fuerza visual, fotografía preciosista (es decir, excesiva sutileza, refinamiento y perfección en el estilo), imágenes que son pura poesía. Una fotografía de tonos desalentadores casi crepusculares que retrata con maravillosa sencillez, belleza y sobriedad la dureza de un mundo al regazo de la poderosa y asombrosa madre naturaleza. 
La simetría de los planos, la profundidad de campo, y en definitiva la maestría con la que este talentoso cineasta imprime a sus obras de un tono y tinte lírico-poético, pueden llevar a la conclusión de que estamos ante uno de los directores más importantes del Hollywood contemporáneo.
La acción inicia cuando Kit Carruthers conoce y se enamora de Holly Sargis, hija de padre viudo, solitario y sobreprotector que se dedica a pintar vallas de publicidad. Juntos emprenden una huida que les lleva a Dakota del Sur y Montana, en una odisea estremecedora. Kit, de unos 25 años, trabaja recogiendo la basura del pueblo hasta que es despedido y pasa a trabajar después en una especie de rastro. Es indolente, rudimentario, salvaje y violento. De escasa inteligencia, presenta síntomas de sociopatía. Ella, de unos 15 años, es ingenua, inocente, sumisa y pasiva. La negativa del padre a que Holly establezca una relación de noviazgo con Kit, desencadena en éste una explosión de violencia que lo lleva a una huida alocada, sanguinaria, autodestructiva y sin sentido. El relato muestra el desarrollo de la acción y de los acontecimientos que la delimitan sin aportar ni opiniones ni juicios de valor. Porque detrás de un asesinato puede no existir ninguna razón para cometerlo, y eso lo hace más inquietante y terrible.
A Malick sólo le interesa la mera exposición de los hechos, y ahí reside precisamente el tremendo magnetismo de su obra. No hay que intentar comprender sus películas exclusivamente por la vía de la razón, se debe permitir que entren por los sentidos y la sensibilidad. Si esto se consigue, la experiencia puede ser única. Aunque creo que eso debería ocurrir con todas las obras cinematográficas, según mi opinión.
En el relato contrasta la tensión que vive la pareja y los temores que la embargan con la soledad, el silencio, la tranquilidad y la paz de los amplios espacios abiertos de las llamadas malas tierras de Montana y Dakota del Sur, las cuales reciben este nombre por su carácter infecundo y desértico, que las convierte en no aptas para el cultivo y para los pastos ganaderos. Las propias fechorías de Kit se enmarcan en un paisaje de espléndida belleza y gran suntuosidad. El propio Kit queda con frecuencia extasiado e inmóvil ante los espectáculos visuales que la naturaleza crea con motivo del atardecer, la puesta del sol o una noche de luna llena.
Aquí como en la fantástica Days of Heaven, es una voz en off femenina la que sirve de hilo narrativo, como si de un fotograma de película muda se tratara y aparecieran las típicas cortinillas en la pantalla con sus característicos párrafos explicativos. Al mismo tiempo le transmite un grato tono de intimismo y calidez. Se compone de fragmentos breves, concretos y significativos, que aportan información.
En algún sentido esta es la historia de un hombre sanguinario y una muchacha inconsciente que en realidad se muestran incapacitados para entender y ser entendidos por el mundo y que deciden, en contraposición a lo real, construir un fuerte en medio de la nada y revivir el paraíso con un escabroso romanticismos que poco o nada tiene que ver con el amor humano.
No son dos enamorados: ella se asocia con él como vía para el descubrimiento y él la toma a ella por el abrigo de pertenencia que le brinda. No obstante, a veces se quieren o al menos quieren a lo que consiguen crear cuando están juntos y junto a la tierra, al río o los animales. Estas criaturas que no quieren ni desean en realidad un futuro (juntos o separados) saben que al iniciar el viaje hacia esas malas tierras, escogen el camino a la perdición. Pero no les importa.
Si quienes salieron huyendo del cine a los 20 minutos de The Tree of Life decidieran atreverse de nuevo con una película de Malick, encontrarían en uno de sus primeros trabajos una versión sorprendentemente detallada pero más digerible de sus principios artísticos (que muchos consideran exasperantes) como la infinita y ensimismada voz en off, la fotografía preciosista, la condensación y la lentitud narrativa, la exquisita selección musical, la contemplación lírica de la muerte y la violencia, el antagonismo entre la vida natural y la civilización y entre las aspiraciones humanas de existir en calma y lograr subsistir y las rígidas y torcidas leyes que gobiernan al mundo y al universo.
En definitiva, una película que merece recuperarse.

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