Boogie Nights (1997)



Director: Paul Thomas Anderson

Duración: 155 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Luis Guzmán, Burt Reynolds, Julianne Moore, Rico Bueno, John C. Reilly, Nicole Ari Parker, Don Cheadle, Heather Graham, Mark Wahlberg, William H. Macy, Samson Barkhordarian, Nina Hartley, Brad Braeden, Joanna Gleason, Lawrence Hudd, entre otros.

" La historia de las aventuras de un joven en la industria de la pornografía californiana que ocurrió a finales de los años 70 y principios de los años 80. Este joven de nombre Eddie Adams, es descubierto por Jack Horner, un director de cine porno que considera su trabajo una forma de arte. Ese joven ingenuo que desea triunfar y que posee las características físicas adecuadas para ese tipo de cine, cambia su nombre por el de Dirk Diggler, se adapta inmediatamente a un nuevo estilo de vida y pronto se convierte en una gran estrella del porno."

Cuando terminó de filmar Sydney (1996), Paul Thomas Anderson no perdió el tiempo. Se aseguró de volver a contar con John C. Reilly en un papel menor, en cuanto a minutos en pantalla se refiere, pero mucho más digno que el anterior y consiguió un poco de dinero extra y se aventuró a dirigir la que desde su estreno es una de las mejores producciones americanas de la década de los 90, y que sin embargo algunos asegurarían es un poco inferior a la sobresaliente Magnolia.
Estamos hablando de una obra que es hija de su tiempo, ya que está influenciada enormemente por la obra de Scorsese o Tarantino, recogiendo del primero la energía y la técnica, y del segundo los diálogos ágiles y el dominio en la edición. Esta película narra la historia, desde el descubrimiento hasta el ascenso y posterior caída, de una estrella del porno en los hipócritas Estados Unidos de finales de los setenta y principios de los 80. El relato de un ingenuo joven llamado Eddie Adams, que se convierte en una figura de la industria por el tamaño de su miembro y cambia su nombre por el de Dirk Diggler.
Llámenme apasionado si quieren, pero para mí esta cinta representa el objetivo que todo cineasta debería ser capaz de alcanzar. Todo director debería conseguir que su película sea un espectáculo brillante a todos los niveles y que, a la vez que derrocha personalidad, también consiga deslumbrar al espectador sin que se note demasiado si está siendo o no complaciente con él, que haga que lo complejo parezca sencillo, que sea coherente dentro de su locura, que sea capaz de los grandes gestos y de los pequeños detalles, que su obra luzca una gran forma y un buen fondo, que consiga abarcar con la misma eficacia tanto la comedia como el drama.
Una gran película te tiene que apabullar como espectador y hacerte sentir que estás viendo algo fuera de lo convencional. Con esta película me ha pasado justamente eso, después de verla varias veces a lo largo de los años, puede señalar abiertamente que aunque pase mucho tiempo sin volver a mirarla, muchas cosas no he podido olvidarlas, simplemente no me la quito de la cabeza.
Entusiasma desde el primer momento. Exhibe una vitalidad y un desparpajo arrolladores y se nota su plenitud a todos los niveles: una dirección majestuosa y de indudable calidad, un guión muy bien elaborado y completo, una encantadora galería de personajes entrañables y unas actuaciones notables hasta en actores de reconocida limitación. 
Podemos apreciar en ella escenas divertidas, alocadas, sórdidas, melancólicas y todas ellas desprenden autenticidad. También tenemos la oportunidad de observar tanto escenas individuales como corales (como aquella escena del baile a lo Saturday Night Fever), así como grandes planos secuencia (el de la fiesta en la alberca y el primero de la discoteca son para enmarcar) y Anderson transita por todo ello sin que conjunto desafine y el ritmo de la película no se resienta demasiado. En pocas palabras no es una película coral, ni una desenfadada mirada interior al mundo de la pornografía, ni tampoco una historia de ascenso y caída, es todo eso a la vez.
La película se divide en dos actos perfectamente diferenciados. En primer lugar el lugar y la decadencia de una estrella del porno de finales de los 70 y principios de los 80, mostrando en todo momento un paralelismo entre la trayectoria del joven protagonista y el género al que pertenecen sus trabajos.
La diferencia entre ambos son claras, mientras que en la época en que el viento de la ilusión le sopla en la cara al protagonista, la ambientación es luminosa, alegre, colorida, con música de la época sonando en todo momento (una banda sonora muy destacada, por cierto) y con un cierre tan enérgico y repentino que da paso de un modo totalmente natural a lo que se avecina en la segunda parte con un toque totalmente premonitorio.
En el segundo acto nos encontramos con una fotografía más sobria, la música pasa a un segundo plano, para dejar sitio al sonido ambiental y poco a poco se muestra la decadencia de la industria con la llegada del video, y del personaje y sus problemas y adicciones heredadas de su trabajo. Este segundo acto, está muy bien logrado, ya que es más intenso que el primero y logra mantener, sin duda alguna, mucho más pendiente la atención con respecto a todo lo que sucede en pantalla.
Los méritos de esta película son muchos, demasiados, pero sin duda el mayor acierto es conseguir representar a esta industria sin la necesidad de recurrir a lo vulgar o a escenas grotescas. El espectador puede hacerse, gracias a esta cinta, una idea de cómo muchos jóvenes llegan a trabajar en este tipo de cine, respirando un ambiente lujoso, obviamente repleto de lujuria y de placeres que desde que existe esta película no se relaciona con lo superficial, pues sus personajes están llenos de perspectivas respetables, objetivos en el futuro y actitudes que hasta rozan lo inocente. No es reducido el número de personajes del porno que ha encontrado en ese negocio un refugio a sus pobres existencias, afectadas por los problemas familiares o pasados oscuros. Para muestra la vida del infame actor John Holmes que sirvió como inspiración para la creación de la cinta.
Esta obra es una forma de señalar que quienes trabajan en esa industria no sólo son divas y engreídos que se creen superiores al resto o que disfrutan más que los demás, sino que son personas como cualquier otra que sin embargo están repletas de problemas y que encontraron en el mundo pornográfico una forma de estabilizarse y de algún modo, alcanzar la añorada felicidad. Por ello, el paso del tiempo la ha convertido en una obra de culto.
Esta película resume las características cinematográficas de Paul Thomas Anderson: un director sobrado de talento, un realizador que no escatima en el metraje de sus producciones, que siempre constituye historias complejas y personajes excesivamente magnéticos, grises u obscuros, según se mire. 
Gracias a lo que haya que dar las gracias o a quien haya que darlas, en el cine todavía existen cineastas como Anderson, capaces de meter su cámara en los recovecos del corazón humano, y además de eso retratarlos como lo haría cualquier verdadero artista. Arte completo.

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