Z (1969)



Director: Costa-Gavras

Duración: 127 minutos

País: Francia/Argelia

Elenco: Yves Montand, Irene Papas, Jean-Louis Trintignant, Jacques Perrin, Charles Denner, Francois Périer, Pierre Dux, Georges Géret, Bernard Fresson, Marcel Bozzuffi, Julien Guiomar, Magali Nöel, Renato Salvatori, Habib Reda, Clotilde Joano, entre otros.

" Tras el asesinato de un prominente diputado de izquierda, un investigador intenta descubrir la verdad, mientras que los funcionarios del gobierno tratan de encubrir su participación en ello."


Cualquier parecido con acontecimientos reales, personas vivas o muertas, no es fruto del azar. Es voluntario. Así se nos avisa en sus títulos de crédito la intención de esta película: la de retratar y denunciar los hechos que convulsionaron la vida política de Grecia y que acabaron por desencadenar un golpe de estado militar y la consiguiente dictadura de extrema derecha. 

El director, Costa-Gavras, al igual que en otras obras suyas, no necesita situarnos geográficamente ni describirnos en que país estamos o en donde se está desarrollando el relato para que entendamos el contexto sociopolítico que tenemos por delante. Usando los recursos del documental y del thriller de intriga política, nos muestra con gran seriedad las investigaciones de un valiente juez alrededor del asesinato de un activista que está a favor de la paz, a manos de un grupo de extrema derecha vinculado con el ejército.
Hoy en día puede que esta película haya quedado olvidada al ser los hechos que narra poco conocidos entre el gran público, pero viéndose incluso como un simple ejercicio de ficción política cobra un gran valor, ya que consigue analizar como el ejército de un país puede ejercer su poder en la sociedad mediante el apoyo a grupos tan radicales que sólo se dedican a infundir el miedo a la población mediante actos violentos.
Conocido por el nombre corto de Costas-Gavras, este gran director franco-griego va caminando lentamente ahora a sus 82 años de edad, y su vida ha sido el cine de denuncia total, como si de un francotirador se tratara, en su justa medida ha disparado contra el fascismo, las dictaduras militares totalitaristas, contra las injusticias sociales, contra la poderosa iglesia, contra agencias estatales como la CIA, y contra las dictaduras de las poderosas mafias financieras. En fin, no ha tenido temor de nada y es casi seguro que se ha ganado muchísimas enemistades. Aunque cabria decir que no todas sus películas han tenido el éxito esperado, ni su público en realidad es aquella masa conocida regularmente como el gran público. Pero con este escrito quiero dejar como algo manifiesto mi admiración por todo su trabajo. Porque hay que expresar de manera incuestionable que el tiempo pasa y aunque tal vez ocurra de formas diferentes, la historia siempre tiende a repetirse.
Encontrarse con el cine de este director es recibir un puñetazo en la cara. La libertad con la que emprende sus proyectos, hoy simplemente sería imposible, por mucho que algunos actores de Hollywood como Clooney se empeñen en decir lo contrario. La falta de libertad política que vivimos en nuestros días haría impensable una cinta como esta en las salas de cine.
Se ha dicho del director franco-griego que es un realizador de escaso talento. Yo no lo veo así, sino que me parece que es un director que, con el fin de ser lo más respetuoso, objetivo y honesto posible con las delicadas historias que gusta de contar, decide no acaparar el protagonismo intentando demostrar grandes virtudes de cineasta. En sus primeros (y poco conocidos) trabajos, abordó el género de acción con solvencia, e incluso se permitió experimentar. Menos mal que se alejó de esos senderos para seguir por el camino que ya todos conocemos o deberíamos conocer del thriller político comprometido.
Quizás sea esta su creación más completa, en la que mejor aprovecha los recursos técnicos como los flashbacks o las historias paralelas para agilizar otra de sus denuncias, destacando un gran montaje que lo hizo merecedor del oscar y la música. 
En aquel año, desde la seguridad que le ofrecía su exilio estudiantil en Francia, decidió adaptar a la gran pantalla una novela en la que se denunciaba el asesinato político en 1963 de un diputado griego pacifista que intentaba organizar unas manifestaciones contra la instalación de bases americanas. Tras sus investigaciones, el magistrado encargado del caso reveló públicamente la conspiración al seguir adelante con las acusaciones, lo que precipitó en 1967 un golpe de estado, conocido como el Golpe de los Coroneles, que acabó con una corrupta democracia griega.
Otro dato destacado es que la cinta cuenta con un guionista de lujo, el escritor español Jorge Semprún (que por si alguien no lo sabe, estuvo en un campo de concentración nazi y se salvó), y para seguir, con un grupo de actores de nivel descollante: para empezar el grandioso Yves Montand (que por cierto, destacó también por su carrera musical), la intensidad de Irene Papas, esa gran mujer que llena la pantalla con una actuación tan corta como solemne y la presencia de Jean-Louis Trintignant en la figura de un valiente juez, que se enfrenta a un gobierno corrupto.
Sólo puedo ponerle un pero: la postura claramente maniquea a la hora de construir a los militares y políticos responsables del asesinato, presentándolos como auténticos imbéciles y patanes de quinta. El resultado es, sin embargo, interesante. En un principio se puede llegar a sentir tal vez una gran impotencia al ver a una masa de borregos agredir a unas personas indefensas y pacíficas. Más adelante, a medida que el periodista y el magistrado van descubriendo los misterios de tamaña porquería, lo único que causan es risa con sus reacciones otra vez de imbéciles y patanes de quinta.
Merece revisionarse este título clave en el subgénero de cine político, pues casi se podría decir que fue el que inauguró el semejante ciclo que vendría seguido por muchas otras películas similares durante la década de los setenta. No en vano, esta obra se estrenó con media Europa aun convulsionada por el famoso mayo del 68 francés, lo que la convirtió en una película oportuna, llegando incluso como ya lo mencioné a los Oscar, tanto en película de habla no inglesa como en película del año.
Transcurrido casi medio siglo desde su estreno, la película conserva toda la actualidad de su mensaje, sigue siendo uno de los títulos de referencia del cine político, pero incomprensiblemente sigue relegada de los circuitos comerciales de distribución. La cinta trata cuestiones que tanto en su momento, como hoy en día, están de rigurosa actualidad: el asesinato político, el poder, la corrupción y la manipulación enfrentados a la justicia, así como la lucha por conseguir la libertad de expresión.
En esta historia destaca especialmente la figura del juez. Es un héroe porque frente a todo tipo de presiones y ofrecimientos, prefiere defender lo que él considera justo. En realidad lo único que hace es cumplir con su deber de modo preciso e inflexible, pero es tan difícil en ocasiones ser fiel a uno mismo. Y por otro lado, tan fácil sucumbir ante el camino más cómodo.
Una reflexión final: para ser bueno parece no bastar con no hacer mal a nadie, a veces es necesario seguir adelante aunque sea contra corriente y arriesgándolo, hasta la vida. Una película para proyectar de manera obligatoria en este país.

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