Dirección: John Guillermin
Duración: 165 minutos
País: Estados Unidos
Elenco: Paul Newman, Steve McQueen, William Holden, Faye Dunaway, Fred Astaire, Susan Blakely, Richard Chamberlain, Jennifer Jones, O.J. Simpson, Robert Vaughn, Robert Wagner, Susan Flannery, Sheila Allen, Norman Burton, Jack Collins, Don Gordon, entre otros.
Doug Roberts, un prestigioso arquitecto regresa de unas largas vacaciones y descubre que las obras de su rascacielos están casi terminadas. Esa noche acude a la fiesta preocupado porque ha descubierto que no se han seguido sus especificaciones de cableado eléctrico y que el edificio sigue sufriendo cortocircuitos. Cuando se inicia el incendio. Michael O'Halloran es el jefe de guardia, y una serie de audaces rescates acentúan el terror de un edificio demasiado alto para combatir con éxito el fuego desde el suelo.
Los años setenta fueron la época dorada de las películas sobre catástrofes. Probablemente, la razón principal para que fuese asi es que el arte de los efectos especiales había evolucionado lo suficiente como para volver creíble este tipo de producciones.
En lo que se refiere a esta pelicula la historia es bastante sencilla: un arquitecto (interpretado por Paul Newman) ha ayudado a construir el rascacielos más alto jamás construido, pero no se da cuenta de que el propietario del edificio ha tomado atajos para ahorrar dinero.
En la gran inauguración, trescientas personas se encuentran en la parte superior del edificio cuando se produce un incendio en la parte inferior. El jefe de bomberos (encarnado por Steve McQueen) llega al lugar, pero se da cuenta de que las posibilidades de supervivencia no son las mejores.
Ahora bien, de todas las películas de desastres de esta época esta es quizás la mejor por varias razones, pero justo al lado de obras tan admiradas como La aventura del Poseidón, el género todavía se tomaba a sí mismo muy en serio, por lo que tuvimos historias bastante buenas, actuaciones sólidas y excelentes efectos especiales.
A medida que el género fue evolucionando, estos elementos fueron perdiendo importancia hasta llegar a algunas de las peores películas que el género tenía para ofrecer. Esta cinta consigue tener unos efectos especiales que siguen siendo deslumbrantes, personajes a los que realmente importa lo que les suceda, y sin duda un reparto estupendo que ayuda a que todo encaje.
La clave de cualquier pelicula sobre desastres es la elección del desastre adecuado sobre el cual va a girar la trama. Lo que genera que esta pelicula funcione tan bien es que cualquier ser humano ha estado alguna vez en un edificio alto y es seguro que, en algún momento cualquiera se ha preguntado qué pasaría si se produjera un desastre y le tocara la mala fortuna de quedarse atrapado ahí.
Por supuesto, desde que se estrenó esta cinta, han ocurrido desgracias como los ataques del once de septiembre, lo que ha añadido un terror adicional a los horrores de esta historia (justo pensé em aquello por un par de decisiones que toman un par de personajes cuando todo el desmadre empieza).
Por otro lado lado, los efectos especiales son sin duda lo mejor del filme, ya que incluso después de más de cincuenta años siguen siendo bastante impresionantes y verosímiles. El director inglés John Guillermin realizó un gran trabajo al situar al espectador en el nucleo del peligro, por lo ue el nivel de tensión es alto durante todo el metraje, en especial cuando los personajes se enfrentan a la muerte.
Además, hay algunas escenas de rescate bastante dramáticas, y hasta el final el guion permite que algunos personajes desaparezcan sin tentarse el corazón, por lo que siempre se está consciente como espectador de que algo malo puede suceder en cualquier momento.
El argumento se basó en dos novelas distintas, y fue de manera muy probable la necesidad de combinar a los personajes y los acontecimientos de ambos libros lo que dio lugar al numeroso reparto y a la extendida duración de casi tres horas.
Aunque en realidad solo hay dos papeles principales, el jefe de bomberos y el arquitecto antes aludidos, la pelicula cuenta con un numero elevado de estrellas de primer nivel, muchas de las cuales interpretaron papeles relativamente secundarios que en la mayoría de relatos habrían caído en actores poco conocidos.
De entre los protagonistas, el mejor es sin duda el duro y decidido jefe de bomberos. Es justo ese personaje el que tiene también un papel como portavoz de las preocupaciones sociales de la obra; la idea parece haber sido iniciar un debate no solo sobre la ética de anteponer las ganancias a la seguridad (un tema común en esta clase de cintas, donde el desastre es causado o al menos exacerbado por la codicia o complacencia humanas) sino también sobre la cultura de los rascacielos en sí.
Uno de los momentos más escalofriantes se produce cuando este personaje afirma que sus hombres no pueden combatir eficazmente los incendios en edificios de más de siete pisos. Si esto es así, los argumentos de seguridad publica en contra de la construcción de un edificio de 135 pisos (por no hablar de los argumentos estéticos) parecen abrumadores, sean cuales sean las imperativas económicas.
Un momento aun más escalofriante llega al final, cuando predice que algún día un incendio como este podría costar diez mil vidas, palabras que han cobrado un significado distinto desde aquel suceso referido de hace 24 años.
Infierno en la torre es un poco larga, con dos horas y cuarenta y tantos minutos de duración, pero tiene todo lo que se puede desear en una películas de catástrofes y con gran calidad.
Una vez más, considero que este género acabó diluyéndose y arruinándose con algunas obras bastante malas, pero esta sin duda es única en su género, y con deslumbrantes efectos especiales y su magnifico reparto es entretenimiento en su máxima expresión.

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