
Director: Woody Allen
Duración: 96 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Michael Murphy, Mariel Hemingway, Meryl Streep, Anne Byrne Hoffman, Karen Ludwig, Michael O'Donoghue, Victor Truro, Tisa Farrow, Helen Hanft, Bella Abzug, Gary Weis, Kenny Vance, Charles Levin, entre otros.
" Isaac Davis, neoyorquino de mediana edad, lo tiene todo en esta vida, si es que por todo entendemos un trabajo que odia, una novia de 17 años a la que no ama y una ex-esposa lesbiana que está escribiendo un libro en el que narra todo sobre su matrimonio. Pero todo cambia cuando conoce a Mary, la sexy e inteligente amante de su mejor amigo, y se enamora perdidamente de ella."
Aunque fue Annie Hall el trabajo que más oscars recibió de Woody Allen, me parece que encontramos aquí la cúspide de su recorrido cinematográfico. Simplemente para ser descubierto cuando, acompañado de la música de George Gershwin y a través de una fotografía que transpira poesía en imágenes, en unos pocos minutos nos regala una más que eficaz descripción de Nueva York, completando así uno de los mejores arranques de película que soy capaz de recordar.
Porque esta película se guarda en la memoria como el sabor de un vino añejo, el olor de la tierra mojada tras la tormenta o la textura de la piel de un bebé.
La ciudad cobra entonces vida y protagonismo, junto al propio Woody Allen y Diane Keaton, para hablarnos de amores y desamores, dudas y desengaños, reflexiones e ironías a las que el mundo de Woody tiene acostumbrados, a quienes no saben cansarse de su estilo narrativo y visual. Este último aqui aprovechado por él, posiblemente como nunca, con el hábil manejo de la profundidad de campo y amplios planos secuencia.
Se puede así disfrutar de un guión redondo con diálogos ocurrentes llenos de referencias intelectuales y también sarcásticas, donde mención especial merece Mariel Hemingway, de cuya dulce interpretación yo termino de enamorarme para, deseando emular otro guión del director, querer que salga de la pantalla y arrullarla entre los brazos mientras estamos en la sala de mi casa.
Pues esta obra de Allen es en definitiva eso, algo que se convierte en cotidiano, pero que no aburre; de modo que cuando nos sorprende el final aún en pleno goce no quiero sino que un alma caritativa regrese la cinta al inicio y comiencen de nuevo los acordes de la música y las imágenes en blanco y negro de los parques, aceras, puentes y rascacielos de Manhattan.
Sin lugar a dudas, la obra maestra de Woody Allen y una de las, ya muchas, cumbres del Séptimo Arte.
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