
Director: Alfred Hitchcock
Duración: 80 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: James Stewart, John Dall, Farley Granger, Cedric Hardwicke, Constance Collier, Douglas Dick, Edith Evanson, Dick Hogan, Joan Chandler.
" A casa de dos estudiantes van llegando personajes a los que han invitado a una especie de fiesta de fin de curso. Al invitado que más temen es su tutor y profesor de criminología, un astuto criminólogo que defiende la no existencia del crimen perfecto. Ellos, precisamente, están preocupados porque tienen un cadáver en el arcón que sirve como mesa para la cena. Se trata de un amigo mutuo y prometido de una antigua novia de uno de ellos. Con el asesinato intentan demostrar al profesor que sí existe el crimen perfecto. A lo largo de la noche, el profesor va comprendiendo que los dos amigos han asesinado a uno de sus alumnos y, utilizando métodos deductivos, intenta descubrirlos, desarmando sus coartadas."
Esta cinta, cuyo título se modificó al llevarse a Broadway como "El final de la soga", es ni más ni menos que el ejercicio maestro de un director pedagogo del cine.
Con una puesta en escena teatral, desarrollando toda la acción entre el vestíbulo y el salón de un piso, Hitchcock logra transmitir la continuidad de la historia en tiempo real gracias a rodar toda la película en un solo plano secuencia. En realidad son más, pero el cambio lo resuelve con un fundido momentáneo sobre la espalda de un personaje o un objeto, partiendo de ahí el comienzo del siguiente rollo, de modo que el resultado tiene esa apariencia de continuidad.
Esta película es una maravilla de principio a fin. Y entre líneas, el autor nos da una verdadera lección de cómo manejar la cámara y la composición de un plano para que encajen perfectamente en la escena y al mismo tiempo aumente el suspenso. Como muestra un botón, basta recoger la magnífica parte de secuencia en la que la cámara se mantiene fija con el baúl del salón en primer plano, a un lado se ve la imagen cortada de uno de los personajes mientras habla con otros sobre la extraña ausencia del amigo común, y de fondo contemplamos a la criada ir y venir pausadamente a retirar cosas del salón e incluso de encima del mismo baúl para irlas llevando a otra parte del piso.
De este modo, mientras con el diálogo subraya la importancia de lo que aparentemente sucede con cotidianidad, convierte al baúl en el protagonista absoluto del suspenso. Una escena que debería incluirse en todas las escuelas de arte y cinematografía.
Por si fuera poco, los actores nos deleitan con excelentes trabajos, donde por supuesto destaca un convincente James Stewart en el papel del profesor Rupert Cadell; y los diálogos y la trama en sí se nos muestran como una interesante reflexión sobre el asesinato que culmina en un espléndido monólogo de Rupert, la tensión al máximo, varios disparos, denso y pesado silencio, ruido de sirenas.
Lo mejor es que desde el principio el espectador sabe lo que ha pasado, quién a matado a quien, pero aun así va viviendo la angustia creciente y el suspenso hasta ese final donde le dan ganas de levantarse y aplaudir hasta destrozarse las manos, como en una sala de teatro tras una gran representación, aun a sabiendas de que el 'The End' sustituye la inexistente caída de telón y que los actores no saldrán a saludar a su público.
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