Zelig (1983)

Director: Woody Allen
Duración: 79 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Woody Allen, Mia Farrow, Patrick Horgan, John Buckwalter, Marvin Chatinover, Stanley Swerdlow, Paul Nevens, Howard Erskine, George Hamlin, Ralph Bell, Richard Whiting, Will Hussong, Robert Iglesia, Eli Resnick, Edward McPhillips, entre otros.
" Falso documental sobre Leonard Zelig, el hombre camaleón que asombró a la sociedad norteamericana de la era del jazz. Su historia arranca el día que miente al afimar que ha leído Moby Dick, sólo para no sentirse excluido. Desde entonces, su necesidad de ser aceptado lo lleva a transformarse físicamente en las personas que lo rodean, convirtiéndose así en un fenómeno mediático, en una celebridad sin esencia."
Una historia genial, una visión muy sarcástica de la repercusión de los medios de comunicación en la llamada sociedad de consumo y también sobre la influencia de éstas últimas en cada uno de los individuos que las conforman.
Capaz de mantener la línea cómica a lo largo de todo el metraje, sin caer en la superficialidad ni en los chistes banales de los cuales se sirven algunas comedias, satiriza de un modo muy irónico el deterioro que sufrimos como personas al exponernos a determinadas circunstancias sociales. En muchos casos son las personas débiles y las carentes de afecto quienes más sufren de ello, ya que se ven obligadas a realizar ciertas hazañas para conseguir introducirse en la sociedad y llegar a formar parte de la misma.
Allen cuidó hasta el mínimo detalle para obtener el aspecto auténtico que tiene un documental: utilizó lentes, cámaras y equipo de sonido para imitar la apariencia de las cintas de la época. De hecho, maltrato literalmente los negativos para alcanzar la mencionada estética. A todo ello, le añadió montajes fotográficos del protagonista con personajes históricos y famosos de los años veinte. Más tarde, esta técnica sería copiada en la película de Robert Zemeckis, Forrest Gump.
Sin duda estamos ante una gran película, muy poco común y atípica en la filmografía de Woody Allen, pero sin duda Zelig mantiene toda la esencia de la personalidad de este gran maestro del cine. Es una película mucho más profunda de lo que a simple vista pueda observarse, Allen siempre adorna sus pensamientos sobre la vida y la muerte con su humor que hace de sus películas un plato de buen sabor y fácil de digerir, pero en su interior se encierra una angustiosa visión de la realidad y del mundo bastante pesimista y dramática.
Una de sus fortalezas es un guión más que notable, con la chispa de Allen que nunca dejará de ser un burlón y un tipo capacitado para rubricar citas auténticamente brillantes. Esto genera que rara vez decaiga el ritmo de las bromas, y que por mucho que este proyecto esté ubicado en años tan lejanos, no deja de hacer referencia a algunos de los temas más recurrentes de su filmografía.
En fin, si no te ries a carcajadas con esta película, tu humor es gris, gris, gris.

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