
Director: Michael Haneke
Duración: 117 minutos
País (es): Francia/Austria/Alemania/Italia/Estados Unidos
Elenco: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Lester Makedonsky, Daniel Duval, Nathalie Richard, Denis Podalydès, Aïssa Maïga, Caroline Baehr, Christian Benedetti, Philippe Besson, Loic Brabant, entre otros.
" Georges Laurent es el típico burgués. Presenta un programa literario en televisión y lleva una vida acomodada con su mujer y su hijo adolescente. Pero, empieza a recibir unos paquetes anónimos que contienen cintas de video, grabadas desde la calle enfrente de su casa y están acompañadas de unos dibujos inquietantes cuyo significado es un misterio."
Me agrada Michael Haneke. No he visto todas sus obras, pero creo que es uno de los directores actuales más estimulantes, es un realizador que no subestima la inteligencia de los espectadores ni nos ofrece insípidas raciones de sopa aguada, sino que nos obliga a enfrentarnos a regiones ocultas de nuestra personalidad y de la sociedad que nos rodea.
Para ello, utiliza como vehículo al honorable género del terror psicológico, estilizado hasta extremos insospechados, renunciando a baratos golpes de efectos como pueden ser los giros argumentales forzados, las exhibiciones gratuitas de sangre o las apariciones súbitas de música.
Esta creación suya desde esa perspectiva, podría haber sido una película ejemplar. La historia de una pareja de acomodados e intelectuales franceses que ver turbada su plácida existencia por una serie de videos que ponen de manifiesto que están siendo espiados, el director la emplea para sacar a la luz la hipocresía moral de cierta clase social que vive de espaldas al mundo mientras se pierde en banales discusiones y enajenamiento típico de salón de clases.
A partir de un oscuro evento del pasado de Georges Laurent, sacado a flote por el desconocido autor de esas cintas, se destapa la inmensa mentira en que se sustenta la vida de los civilizados protagonistas, tejiendo una red de sugerentes implicaciones que escarban en el remordimiento y la culpa, la insatisfacción matrimonial, la desconfianza o el racismo.
Aunque bien podría manifestarse que dichas complicidades no se quedan únicamente en el hogar que habitan Georges y Anne Laurent, sino que se dirigen a la memoria colectiva francesa e incluso europea, que con la boca llena de bonitas palabras, aparta a los visitantes inoportunos que pretenden poner en duda el confortable estados de las cosas en que algunos de los residentes del mentado continente viven.
El mayor problema de la cinta (para mi) reside en su conclusión, colofón, remate, desenlace o como quieran llamarle. Y es que, da la impresión de que Haneke andaba escaso de imaginación y que para crear la tensión y la atmósfera opresiva y fría (según él) que esta película requería, decidió recurrir al estiramiento extremo de planos y secuencias (tanto las relevantes como las prescindibles) aletargando así el desarrollo de la acción, lo que me hizo pensar que con media hora menos de metraje, esta creación suya habría salido ganando artísticamente, sin perder por ello un ápice de dureza o capacidad de incomodidad.
Un detalle muy importante es que no hay música en toda la película, porque no le hace falta para mantener la intriga.
Habrá que reconocer que no sólo de cine americano vive el hombre. Estamos todo el tiempo estrangulados y domesticados por el cine norteamericano, tanto que invade nuestras vidas como si fuera un verano eterno, con su misma estructura y sus moralejas inexcusables al final. Nada más por ello es reconfortante y estimulante enfrentarse aunque sólo sea de vez en cuando con obras de este calibre, de esta envergadura. Películas que por imposible que parezca nos hacen pensar y niegan aquel adagio habitual que hace referencia a la pasividad del espectador de cine en contraposición con la actitud activa del lector de libros.
La reflexión de Haneke, dentro de lo que el cine permite, es tan intensa que duele y no estamos ante una barata exposición ideas en la plaza un domingo, muy común en el "cine nacional", ese que apela a los sentimientos, que no ilumina ni estremece realmente nada. Esto es (si me permiten el uso de estos términos) cine cerebral, quirúrgico y cruel.
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