The Breakfast Club (1985)




Director: John Hughes


Duración: 97 minutos


País: Estados Unidos


Elenco: Emilio Estevez, Paul Gleason, Anthony Michael Hall, John Kapelos, Judd Nelson, Molly Ringwald, Ally Sheedy, Perry Crawford, Mary Christian, Ron Dean, Tim Gamble, Fran Gargano, Mercedes Hall, entre otros.


" Cinco estudiantes de distinta educación, formación y gustos son castigados a pasar un sábado en la escuela en la que estudian. Pronto las desavenencias entre ellos aparecen, especialmente cuando el director que les vigila se ausenta del aula. Una comedia juvenil de culto de los años ochenta."


Al terminar de ver esta película, veintisiete años después de su realización, pareciera como si el efecto de arrugas y achaques que siempre trae el paso del tiempo, no hubiera afectado de alguna manera a la poderosa historia que se desarrolla de manera completa en los salones de una escuela.

El director norteamericano John Hughes (quien falleció en 2009) tiene asociado a su persona el injusto estigma de ser un cineasta de mediana calidad, debido principalmente a su dedicación y crecimiento del género de comedia para adolescentes. Lo que es bastante cierto es que si ahora nos pusieramos a buscar un director actual que pueda comparársele en el mencionado género, resulta complicado encontrar cintas con la fuerza icónica que tuvieron todas sus creaciones, incluida la que hoy me ocupa; la cual es tal vez el intento más ambicioso del director por reflejar esa cruel tragicomedia que resulta ser adolescente, no importando la época en la que ello ocurra.

Esto es, porque sus problemas entre los que podría mencionar el miedo a crecer, el pavor a transformarse en una copia idéntica de los padres, las discriminaciones de las que son objetos por parte de sus pares, son y seguirán siendo obstáculos a sortear para cualquier juventud.

Los cinco personajes de la obra responden a varios estereotipos conocidos: el atleta, el antisocial, el nerd, la chica popular y la chica rara. Al inicio, cada uno de ellos se comporta tal y como nos lo esperamos según su rol; sin embargo, poco a poco, a medida que van transcurriendo las horas de ese sábado aburrido, notamos que tales papeles determinados tanto por la familia como por el ambiente, no son más que una máscara de supervivencia bajo la que se esconden inseguridades, confusiones y muchos traumas. Ahí ocurre lo más paradójico del asunto: se descubre que personalidades aparentemente dispares tienen mucho más en común de lo que pareciera a primera vista.

La grandeza de la película de Hughes radica sobre todo en su guión, no solo por haber diseñado tan entrañables personajes, sino por conseguir dotar a la cinta de una profundidad tremenda en sus conversaciones en las que aparecen temas tan triviales como los padres o el sexo, asuntos que son de los que realmente hablan los chavos de 16 años.

Aquí no contamos con la pedantería de algunas series como Beverly Hills 90210, aqui tuve la extraña sensación de que esos adolescentes son reales, con problemas genuinos, dificultades que por pequeñas que parezcan, a ellos les conflictuan y a mi como espectador mientras veía la película, también.

Hughes describe a la perfección todos sus miedos, todas sus inquietudes y complejos, lo hace sin burlarse, con una mirada adulta y reflexiva, siendo capaz de pisar terrenos tan escabrosos como el suicidio o el de las familias disfuncionales. Eso si, lo hace sin juzgar, sin una mirada de desaprobación, lo realiza desde los ojos del adolescente y por eso también nunca pierde la sonrisa que caracteriza a esa edad, con un tono fresco y jovial.

No estamos únicamente ante el mejor trabajo de hughes, sino que estamos ante toda una obra de culto donde se relata como en ninguna otra creación lo que supone la difícil y enredada existencia de un adolescente. Imprescindible.

En fin, sólo me queda por expresar que ojalá los años no nos cambiaran y que nada matara nuestros espíritus.

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