United 93 (2006)




Director: Paul Greengrass

Duración: 110 minutos

País: Francia / Reino Unido / Estados Unidos

Elenco: J.J. Johnson, Gary Commock, Polly Adams, Opal Alladin, Starla Benford, Trish Gates, Nancy McDoniel, David Alan Basche, Richard Bekins, Susan Blommaert, Ray Charleson, Christian Clemenson, Liza Colón-Zayas, Lorna Dallas, Denny Dillon, etc.

" Nos cuenta la cronología en tiempo real de los acontecimientos sucedidos en el vuelo 93 de la United Airlines, uno de los aviones secuestrados el 11 de septiembre que se estrelló cerca de Shanksville, Pennsylvania después de que los propios pasajeros lograran frustrar el complot terrorista".

¿Quién no recuerda lo que estaba haciendo aquel fatídico 11 de septiembre? ¿quién no ha visto noticias, programas, especiales y demás acerca de los atentados?
Debido a la conmoción mundial que supusieron, realizar una película, cuando había pasado tan poco tiempo, provoca por lo menos respeto. Y es que, siempre es tan sencillo caer en el morbo fácil, presentar a unos americanos angelicales frente a los malvados terroristas (en lo segundo tal vez algunos coincidirían en que es verdad) pero Greengrass abandona cualquier tipo de lugar común y simplemente relata un hecho, sin juicios de valor, sin emociones (muy difícil) desde un plano que intenta ser lo más objetivo posible, y sólo por ello, ya se merece un aplauso.
Como pequeño paréntesis me gustaría expresar una idea que me vino a la mente mientras observaba la película, esta es que a las compañías aéreas les interesa difundir la idea de que volar es menos peligroso que ir en coche porque muere menos gente en accidentes aéreos que en las carreteras. Sin embargo, aunque este argumento sirva para tranquilizar a los pasajeros habituales, en realidad habría que tener en cuenta que mucha gente nunca se ha subido a un avión y que, en todo caso, los que se suben en uno, lo hacen menos de lo que se suben a un auto. Simple lógica.
Y digamos que también muere poca gente rebanada por psicópatas caníbales con máscaras de cuero y eso no significa que no valga la pena mantenerse alejado precisamente de ellos. Vamos, que la probabilidad de morir en un avión es una probabilidad condicionada únicamente al hecho de volar en avión y es obvio que la esperanza de vida de cualquier persona disminuye de repente cuando decide elevarse por encima de las nubes.
En fin, volviendo al tema y dejando las reflexiones ¿quién iba a decir que de las dos primeras películas estrenadas después del 9/11, la que dimensionaría mejor la tragedia de aquel día sería la que tuviera lugar casi enteramente al interior de un avión y en varias salas de controladores aéreos, que la que se filmaba desde el interior y que mostraba el espectacular desplome de ese símbolo que fueron las torres y mitificaba a los héroes de la catástrofe?
Desde luego, ni Oliver Stone, ni Nicolas Cage, ni sus bomberos del World Trade Center, consiguieron lo que consiguen aquí Paul Greengrass y un amplio grupo de actores poco conocidos. Un verdadero lamento por la supervivencia y una crónica en primera persona del caos y de la historia.
El vuelo 93 que salía de New Jersey con destino a San Francisco se convierte en una pesadilla, pero no sólo para los pasajeros sino también para los controladores aéreos, los primeros en darse cuenta (después de los viajeros) que ese vuelto está siendo secuestrado. En ese sentido, impresionan esas imágenes en el control con todas esas pantallas y los miles de pequeños puntos que las cruzan (es cuando se logra comprender el verdadero trabajo de esas personas) y la desazón inicial ante la imposibilidad de contactar con el avión, la angustia, la tristeza, la rabia y el caos que todo ello está generando al interior y el exterior de las personas.
Lo que hace de esta una gran película (o por lo menos digna de verse) es que está construida con los sólidos cimientos de la verosimilitud. Cincuenta minutos de retraso en el vuelo pudieron perfectamente tener la culpa de que los viajeros se enteraran del resto de los atentados suicidas y decidieran apropiarse del mando en la cabina secuestrada.
Todo está filmado con cámara en mano, lo que se muestra muy adecuado para transmitir por encima de todas las cosas, el caos vivido aquel día. Además, la acción transcurre prácticamente en tiempo real, y los actores son completos desconocidos, no se nos presenta a nadie, no se nos pone en antecedentes de nada.
Ese es el mayor acierto del director: permite que la narración se fundamente en los hechos, tan duros y terribles que no necesita ningún efecto extra para causar impacto en el espectador. El prólogo transcurre en los centros de control aéreo, en el que empiezan a perder el contacto con algunas aeronaves. Así, se alterna la inquietud de las más altas instancias, incluidos militares y gobierno, que se muestran de manera muy preocupante incapaces para responder, con el embarque y el despegue del United 93. 
Sin embargo, una vez que los terroristas se apoderan del avión, todo el protagonismo recae en dicho vuelo, y la tensión crece de manera exponencial. Sin duda, el punto más alto es el momento en el que los pasajeros contactan con sus familias, y se dan cuenta de que el destino de su vuelo no ofrece retorno. En este punto, hay gente que ha visto un patriotismo barato, pero no hay que engañarse: nadie, sea estadounidense, mexicano o español, se podría quedar cruzado de brazos ante una situación así. Es cuestión de instinto de supervivencia. Sólo hay que poner atención a lo que sucede al final, cómo se llega a esa situación, y cuál es el plan de los viajeros. 
Lo peor de todo tal vez sea la sensación (que en mi caso fue de disgusto, para otros puede ser distinta) de desazón de que, sea o no cierto lo que se narra en esta película (nunca lo sabremos), la tragedia fue real. 
Greengrass ha intuido que unos hechos de esta magnitud no necesitaban de ningún aderezo para impactar al espectador. La realidad habla por sí misma. La realidad superando a la ficción.

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