Rushmore (1998)




Director: Wes Anderson

Duración: 93 minutos

País: Estados Unidos

Elenco: Jason Schwartzman, Bill Murray, Olivia Williams, Seymour Cassel, Brian Cox, Mason Gamble, Sara Tanaka, Stephen McCole, Connie Nielsen, Luke Wilson, Dipak Pallana, Andrew Wilson, Marietta Marich, Ronnie McCawley, Keith McCawley, entre otros.

" El rey de las actividades extracurriculares de la escuela preparatoria Rushmore Max Fisher es puesto a prueba en otra clase de actividades que envuelven más los aspectos académicos, ya que es un pésimo estudiante que está siempre al borde de la expulsión."

Rushmore es un prestigioso centro educativo de índole privado, a esta renombrada institución acude Max Fischer, un joven de quince años que está plenamente convencido de que su vida gira alrededor de este lugar y donde prácticamente quiere pasar el resto de su existencia. Al protagonista del relato se le une el excéntrico profesor Herman Blume un hombre a quien el muchacho admira y que es padre de un par de singulares alumnos de la misma escuela; y otra maestra de primaria llamada Rosemary Cross de quien Fischer termina enamorándose y es de manera evidente un amor imposible. Estos tres personajes son quienes en su interacción van a generar una especie de triángulo amoroso que a su vez provocará toda clase de situaciones disparatadas y el conflicto que conforma todo el relato de esta obra del director nacido en Texas.
Fischer es un adolescente de un carácter que podría denominarse como emprendedor, amante de su institución, está consciente de todo lo que le puede brindar, se mueve como un rey entre sus pares, y al mismo tiempo lo consigue también con administrativos y profesores, en pocas palabras se siente prácticamente el dueño del lugar. Se dedica la mayor parte del tiempo que pasa en la academia a crear, dirigir y fomentar distintos clubes y actividades generalmente de tipo extracurricular, todo ello a favor de la población estudiantil. La cuestión problemática de todo el asunto es que debido a su participación en dichas actividades le resta importancia a lo que debería realmente tenerla en un colegio: sus notas.
Por ende sus calificaciones son bajas, lo cual en un centro educativo tan célebre no se puede permitir, por lo que constantemente corre el peligro de ser expulsado, en especial porque es un estudiante al que se le ha permitido el ingreso gracias a una beca.
Este fue el segundo largometraje de Wes Anderson quien en esta oportunidad fue guionista junto a su amigo Owen Wilson (como ocurrió en sus primeros tres proyectos), relata en tono de comedia las desventuras de ese joven en tres actos, en el primero se nos presenta todo el contexto que da vida a la escuela y al propio protagonista, qué hace y como se relaciona en esa que se ha convertido en su zona de confort, ese entorno en el que se siente como pez en el agua.
En el segundo de los actos se lleva a cabo un giro argumental, ya que el personaje es apartado de ese peculiar ambiente y debe establecerse en un mundo que para el es totalmente ajeno, es entonces cuando debe lograr adaptarse a esa realidad en donde existe un límite entre lo público y lo privado, que es un aspecto que es trascendental en la educación. 
Algo que destacaría es que la obra a pesar de haber aparecido hace 17 años sigue teniendo un estilo actual. O debería decir tal vez que al menos en la superficie la película es inteligente. Es el tipo de cinta que algunos calificarían de manera despectiva como una película para adolescentes, sin embargo creo que a pesar de que su temática si es de ese tipo, no podría clasificarse tan ligeramente ya que alguna vez también a las obras de Truffaut se les adjetivó del mismo modo y ahora son nombradas simplemente clásicos u obras maestras del séptimo arte. Y la comparación no me parece gratuita. Hay en esta obra un aspecto rebosante de alegría, de júbilo, por lo menos durante la primera hora, con reminiscencias a la llamada nueva ola, y a realizadores como Richard Lester. Resulta curioso como al observarla encontré referencias a dichos directores y movimientos, además de ciertas evocaciones a personajes como Chaplin, Keaton, los hermanos Marx, Tati y Woody Allen, aunque en este caso las influencias de estos gloriosos personajes parecen de forma curiosa algo tan fresco y tan nuevo. Y eso que en aquellos tiempos había gente que pensaba que el cine ya se había estancado, que todo era muy teatral, rígido, y exagerado. Esta película utiliza todos los viejos trucos del cine para demostrar que la vida es un hecho que debe ser vívido y no una simple tesis impuesta por otros sobre cómo hacerlo.
Como lo he sugerido, la película sea probablemente inteligente. Digo probablemente, porque en realidad esa no es su principal intención. Por ejemplo, realiza cuestiones interesantes con algunos aparentes conflictos edípicos dentro de la narración, de los cuales yo alcanzo a percibir al menos cinco relaciones padre/hijo en la cinta, la mayor parte de ellos son sometidos a conflictos, los cuales aparecen abiertamente hostiles, y los cuales en su totalidad son resueltos de maneras inesperadas. Incluso existe una influencia de los muertos sobre los vivos, o la influencia de personas que actúan como intrusos al no permitir que otros puedan escribir de manera natural sus propias vidas. Se alcanza a percibir que existe la idea de la escuela como una especie de cofradía conservadora, en donde también se encuentran y conviven la traición y la muerte. Y es que mientras en la academia pueden aceptar cualquier clase de persona mientras sea blanca, la escuela pública a la que termina siendo enviado Max con sus políticas más abiertas parece un lugar más vital.
Como sea, lo relevante de esta obra no son todos esos aspectos, sino su capacidad para intentar comprender y generar simpatía por la experiencia adolescente. El punto más relevante y que demuestra este juicio es la propia dramatización de la experiencia, y por esta razón esto puede apreciarse como una fuerte evidencia (las cortinas de teatro que se abren en cada sección de la cinta, la facilidad de Max para ser un dramaturgo, o la repetición de tomas y encuadres dentro de la película) de que no estamos ante una historia objetiva, sino ante una visión sesgada de Max sobre su propia vida. 
La película tiene como fortalezas el ser despabilada, energética, divertida y creativa cuando el protagonista vive momentos alegres, como si estuviera en la cima de la vida; por otro lado es lenta y áspera cuando está deprimido. Esto produce, en algún sentido que su dolor se vuelva inestable y por ello consigue simpatizar con Herman en un nivel emocional, incluso cuando tiene que odiarlo y el incidente se sitúa en un primer plano dentro del relato.
Bill Murray realiza una interpretación que le he visto muchas veces, la de un hombre que se percibe a sí mismo de manera trágica como un perdedor, pero que se ha convertido en ello porque así realmente lo ha deseado. En este sentido, Max Fischer (representado con mucha gracia y suficiente desenfado por Schwartzman), resulta un personaje atrayente con el que se empatiza sin reserva alguna.
En términos simples podríamos decir que esta obra está dedicada para cualquiera que haya estado enamorado y no haya sido correspondido, para cualquiera que haya tenido un amigo al que haya tenido que auxiliar en momentos difíciles, para cualquiera que haya asistido a una escuela, para cualquiera que haya perseguido alguna vez una meta que parecía imposible, para cualquiera que haya temido a los cambios y no haya querido madurar por miedo al futuro, para cualquier persona que haya sido joven alguna vez.
En fin, sólo me queda decir que esto se trata de la consecución de imágenes para obtener cine. No sé si sea su mejor trabajo, pero sigue siendo un ejercicio encomiable y como todo su trabajo inclasificable.

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