No Me Interesa

No sé que piensen los demás y no me importa, pero yo te extraño. Tu muerte me ha causado un gran dolor, probablemente el peor que haya sentido en toda mi existencia. Supongo que no puedo esconder mi tristeza y cuando estoy haciendo cualquier cosa que pretenda ser divertida o consiga sacarme de mi realidad, comienzo a sentirme culpable. Y es por ti, porque no quiero olvidarme de todo lo que sufriste antes de dejar atrás este mundo. 
Y no sé que estén sintiendo realmente los otros, sin embargo desde que no estás siento que algo ha muerto en mí. Porque yo soy de tus hijos el que más se parecía a ti, el único que lograba comprenderte, el único que entendía gran parte de todo lo que te preocupaba y te atormentaba. De esa manera se construyó ese vínculo tan profundo que alguna vez tuvimos. Aunque, si soy sincero, me hubiera gustado haberme acercado a ti en otras circunstancias y no aquellas en las que todo finalmente ocurrió. Desearía que todas nuestras conversaciones no hubieran sido contigo postrada en una cama y yo me encontrara sentado en tu mecedora blanca, mientras que al estar hablando nunca supiera realmente qué hacer con mis pies. Pero así sucedieron las cosas y lo mejor de todo ello, es que simplemente ocurrieron. Fue lo único rescatable de tu largo sufrimiento, al final de cada oportunidad sólo quedábamos tú y yo. Y nos tuvimos que poner a hablar, frente a frente, y descubrí casi como en una epifanía que yo no era único en este universo, que había alguien que percibía las cosas muy parecidas a como yo lo hago, que le incomodaban las mismas cosas que a mí y que después de todo no estaba solo en este mundo. Lo sé, fui un idiota y un egoísta. Como sea, por obra de los caminos misteriosos de la vida no pude darme cuenta de que yo era como soy, en gran medida por ti y aconteció cuando yo ya era un adulto. Como sea, tengo la certeza de que en otros momentos de nuestras vidas no pude haberme acercado a ti, ya que siempre disfrutaste durante el transcurso de tu existencia el aislarte del mundo y de la gente, y eso yo lo heredé y lo aprendí de ti en algún sentido. No te gustaba la gente (a mi tampoco), no te gustaban las reuniones sociales (excepto cuando realmente tenías ganas de ver a los seres en cuestión), ni los lugares concurridos y te regocijabas en el silencio; por eso siempre les gritabas a las perras que tu hija había traído a la casa que se callaran y generalmente lo hacías con un proceder que no puedo llamar de otra manera sino histérico. Por esa razón seguramente estarías feliz de saber que tu amado esposo desapareció a una de ellas (sí, la más escandalosa) con uno de sus métodos tan originales. Lamentablemente ya no te diste cuenta de ello.
Mis hermanos también están padeciendo el que ya no estés aquí, puedo verlo y seguramente tu también estás haciéndolo desde donde sea que te encuentres. Porque amabas a tus hijos y procurabas con cada acto hacia nosotros hacerlo evidente. Lo más importante que dejaste en los tres, tu verdadero legado, fueron los ideales y los valores en lo que nos inspiraste a creer, principalmente en la libertad. Y no hubiera podido ser de otra forma puesto que tu la viviste, aprendiéndola de la peor suerte posible. El hecho de haber sido abandonada por tus padres a muy temprana edad, te enseñó que la vida era así, que cada quien debía hacerse responsable de sí mismo y que la independencia era el mejor tesoro que todo ser humano poseía. Pero también te generó cierta amargura porque desde pequeña tuviste que asumir responsabilidades que realmente no eran tuyas, tal vez no tuviste una verdadera infancia, la que experimenta un niño normal, y en cambio la tuya debe haber estado colmada de tristeza y soledad y por eso probablemente odiabas eventos que te resultaban un recordatorio ineludible de aquello como la Navidad.
Como sea, tu silencio no me importa. Yo voy a seguir conversando contigo, sólo habrá que buscar una nueva oportunidad.

Comentarios

Karina Romero dijo…
Saludos un fuerte y sincero abrazo. Karina Castillo

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