A Man for All Seasons (1966)




Director: Fred Zinnemann

Duración: 120 minutos

País: Reino Unido

Elenco: Paul Scofield, Wendy Hiller, Leo McKern, Robert Shaw, Orson Welles, Susannah York, Nigel Davenport, John Hurt, Corin Redgrave, Colin Blakely, Cyril Luckham, Jack Gwillim, Thomas Heathcote, Yootha Joyce, Anthony Nicholls, entre otros.

" La historia de Tomás Moro, quien se enfrentó al rey Enrique VIII, cuando el monarca rechazó a la Iglesia Católica Romana con tal de obtener el divorcio de su esposa y tener la posibilidad de volver a contraer matrimonio."


Una película clásica del género histórico. Un trabajo marcado en todos sus aspectos por la sobriedad, por la seriedad de una propuesta rigurosa y decidida a poner en primer término la importante temática tratada. Quien sabe si el proyecto hubiera tomado otros rumbos de haber prosperado alguna de las ideas iniciales de los productores, quienes pretendían que el papel de Moro fuera interpretado por Laurece Olivier o Richard Burton, y que el papel del Cardenal Wolsey recayera en Alec Guinness. 

Pero tratando de reivindicar con firmeza ese tono de sobriedad antes mencionado, el director no lo permitió e impuso a Paul Scofield y a Orson Welles en dichos papeles.
Scofield se centró muy poco en el cine y era casi un desconocido para el gran público, aunque ya era una leyenda del teatro inglés, y de hecho, ya había protagonizado en los escenarios la pieza de Robert Bolt que da origen a esta creación cinematográfica. A su lado en el teatro, había estado también Leo McKern dando vida al malvado Cromwell.
El relato transcurre en 1529, tras la caída de Wolsey, Thomas More es nombrado canciller del reino (una especie de primer ministro), sería la cima de su carrera política y de manera paradójica la perdición de un hombre incorruptible. El rey Enrique VIII pretendía con su nombramiento, valerse del prestigio de Moro en toda Europa, para defender su divorcio de Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena sin romper relación con el Vaticano. Sin embargo, More no sólo mantuvo siempre la inquebrantable legalidad del matrimonio real con la hija de los Reyes Católicos, sino que afirmó la suprema autoridad del Papa sobre todos los católicos incluidos los ingleses con su célebre proclama: Primero es Dios y luego el Rey.
Fiel esposo y padre devoto, Moro fue un gran humanista y cristiano practicante. Su capacidad para la amistad, su amabilidad con todos sus sirvientes, su amor a los animales, a la música, la lectura y su amena conversación lo convertían en un buen y amado hombre de paz. Según los historiadores, Moro era un santo, pero había en él una dura corteza de piedra como opositor en el debate, además de ser un severo crítico cuando sus principios eran injuriados. A su antagonista Enrique VIII, la tradición británica lo presenta como un rey popular, simpático y amigo del buen vivir. Es cierto que sentó las bases del futuro poderío naval inglés, la industria y el comercio florecieron, pero no es menos cierto que también fue el rey más tirano y depravado de la historia de Inglaterra.
La película trata, y trata muy bien, temas como la discrepancia de conciencia, el soborno, la autoestima, la lealtad a uno mismo, la traición, la mentira, la corrupción del poder totalitario, la defensa de la verdad, la intromisión de las leyes en la intimidad del ser humano, en su individualidad. Trata de la libertad, del reconocimiento social y de la renuncia libre. Trata del derecho al silencio y hasta de algunas estrategias para argumentar y para conseguir persuadir al interlocutor. 
La frase sois el único responsable de vuestra situación es aplicable a muchos de los personajes que aparecen en la historia, desde el propio rey Enrique VIII hasta Tomás Moro, personaje que de forma incomprensible no solo ha sido santificado por la iglesia católica sino que al día de hoy sigue gozando de un crédito impresionante. Yo creo que la clave de su notoriedad está en que se permite ser contrario al poder, al mismo tiempo que es más o menos conservador. Esta combinación enloquece a algunos liberales, tan abundantes en la actualidad, ya que les permite ser progresistas sin caer en el ateísmo.
Por supuesto, Tomás Moro tenía sus luces y sus sombras, pero el director solo nos ofrece las primeras ocultando todo lo que le pueda perjudicar, lo cual convierte a la obra en una manipulación manejada de manera discreta. Tal vez lo más reprobable de Moro fue el odio con el que persiguió a los herejes hasta el punto de llegar a quemarlos. Entiendo que en aquellos años la tolerancia religiosa era complicada y tan pronto los católicos castigan a los protestantes como al revés en cuanto podían, por lo que Moro sin duda participaría en algo que era común en aquellos años.
Sin embargo, convertir en santo a alguien que mataba por la fe o lo que fuera es un error, un disparate que delata el fanatismo con el que a veces se adorna la iglesia católica.
Algunos dirán que la grandeza de Moro no estaba en lo mencionado, sino en su conciencia que le impidió doblegarse ante el poder. Ahora bien, aunque en el lenguaje común se dice lo contrario, todos tenemos conciencia (o eso dicen o quieren creer) en el sentido moral, y a cada quien ella le dictará realizar una cosa o no. En este caso, su conciencia le llevaba a oponerse al divorcio del Rey, pero la de otra persona tal vez podría llegar a aceptarlo, sin que por ello dejara de fallar a su conciencia o dejar de tenerla. 
Aquí simplemente estamos hablando de lo que puede llegar a ser una creencia religiosa llevada hasta el límite y como buen católico, Moro desaprobó tanto el matrimonio con Bolena como la separación de la iglesia de Inglaterra del negocio que ocurría en Roma. No se puede calificar ello como bueno o malo, pues nada más depende de la fe o de las ideas de cada individuo. Las que muestra Moro no son nada convincentes, sino dogmáticas e inflexibles (como todo en esa religión) basadas en el supuesto de que la iglesia católica posee la razón y el resto no, lo cual es arbitrario, improcedente e inaceptable. Simples trucos de abogado o sofismas, aderezados con una aparente grandeza de espíritu y caridad. 
Lo más curioso de todo es que pese a lo excesivamente buena que es la cinta con el personaje de Thomas More (en inglés otra vez) porque lo coloca como un hombre intachable e incapaz de romper con su moral, cuando sabemos que realmente no fue así, es esa especie de telenovela que se generó entre el Rey, la aristocracia y el clero. Porque lo es el hecho de que un Rey que se quiere divorciar y que para ello necesita crear una nueva iglesia para poder separarse de la otra iglesia que tiene a un Papa, y entonces se coloca como máximo pontífice de esa nueva iglesia para poder casarse con su amante que si le puede dar hijos. 
De tal manera que Moro se opone desde su postura humanista, más moderna que la del resto. Y el resto de los personajes no son estúpidos ni retrogradas por no hacerlo, sino que no les conviene ser como Moro, no solo porque corren el riesgo de ser condenados, sino porque les importa la posición económica y de poder al continuar siendo amigos del Rey. En ello radica lo más interesante de este tipo de creación. Porque ver hacia aquel siglo es ver hacia un pasado que no tenemos forma de conocer más que por libros o descubrimientos de algún buen historiados. Pero hurgar en esa dinámica de las relaciones humanas y de pareja, y esa forma de solucionar esos problemas de la realeza, es lo divertido. Es casi una telenovela venezolana en la que los personajes se casan, se divorcian, hay amantes, espías y herederos incómodos. Y Moro parece desentonar, es un héroe sin nombre, sin mascara y sin cabeza, que al final no logra nada, solo morir por necio.
Finalmente el director elige recrear la época de una manera interesante, usando el rojo, el único color que predomina y que es usado para representar al clero. Esto, a mi entender es un aspecto que le atribuye cierto grado de culpabilidad, como si se tratara de los verdaderos amigos del diablo y no de dios. Y por otro lado el papel de la mujer, que se reduce a breves apariciones de alguna fémina. En algún momento una señora que intenta sobornar a Moro con una copa de plata entra a hablar con Cromwell y este último la calla de manera brusca. La mujer es eso en la película: un cero a la izquierda y eso tiene mucho que ver con el Renacimiento.
Como sea, no solo de obras maestras vive el cine, esta es una obra cuyo aprendizaje es muy importante y una de ellas que provoca la reflexión, que genera pensar. Recomendable.

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