An American Werewolf in London (1981)





Director: John Landis

Duración: 97 minutos

País: Reino Unido/ Estados Unidos

Elenco: Joe Belcher, David Naughton, Griffin Dunne, David Schofield, Brian Glover, Lila Kaye, Rik Mayall, Sean Baker, Paddy Ryan, Jenny Agutter, Anne-Marie Davies, John Woodvine, Frank Oz, Don McKillop, Paul Kember, entre otros.

" Dos jovenes universitarios americanos, han decidido pasar algunos meses recorriendo Europa. Cuando llegan a un pequeño pueblo de Inglaterra son atacados por un hombre lobo que ninguno de los habitantes está dispuesto a admitir que realmente existe."

Esta película, que no es una obra redonda por completo, si es una de las mejores (si no la mejor) incursiones que ha realizado el cine en el imaginario de la licantropia. Con esta obra imperecedera y de factura rabiosamente actual, más de 30 años después de su estreno, allá por el año 1981, su director John Landis, consiguió elevar la historia del hombre-lobo a alturas rara vez alcanzadas antes y encumbró a Rick Baker, responsable de los efectos especiales al Olimpo de los Maestros.
Además, podría considerarse como un nuevo punto de inflexión en la evolución del cine de terror, pues logró dignificar las películas sobre monstruos y las elevó más allá del simple esquema en el que aparece un monstruo horrible en pantalla para generar miedo. De igual manera habría que señalar que dos años antes se estrenó Alien de Riddley Scott, la cual dejó allanado el camino y dio brillo a este tipo de cine, pero también esta obra contribuyó a imprimir un toque de sofisticación digno de mención, recuerdo y por qué no, toda una aclamación general.
La historia de sobra conocida por los amantes del terror (y del cine en general) es muy simple: Un par de amigos estadounidenses (interpretados por David Naughton y Griffin Dune) recorren con mochila al hombro la vieja Europa. Atravesando la campiña inglesa, llegan a un pintoresco e inquietante pueblo. Ahí se encuentran con el Cordero Degollado que es el nombre de la posada del lugar, con eso me parece que queda dicho todo.
En ese lugar es donde les aconsejan que se aseguren de mantenerse en el camino y no introducirse en los páramos durante su viaje. Los jóvenes en la oscuridad de una lluviosa noche, sin percatarse, empiezan a dejar el camino de lado y a introducirse al mismo tiempo en la boca del lobo. Lo que sigue, es lo obvio, el joven que sobrevive al ataque del licántropo porta la maldición de convertirse en uno todos los días de luna llena y continuará perpetrando los desangramientos nocturnos de la bestia, hasta que alguien le ponga fin a dicha maldición.
Mucho se ha escrito sobre esta joya del terror moderno, y ciertamente mucho hay que decir sobre esta cinta, así que es muy difícil ser original a la hora de comentarla. Por encima de un ritmo intenso que provoca que sus 97 minutos pasen sin que como espectador te des cuenta, una atmósfera inquietante al mismo tiempo que divertida, unos efectos especiales y de maquillaje sobresalientes. Por ejemplo, la secuencia donde el protagonista sufre la primera transformación es impresionante y pone en evidencia muchos de los efectos digitales que se realizan hoy en día. 
Una de las claves del éxito de la película, a mi entender reside en su inteligente manera de juntar terror y risas sin que la mezcla rechine o se eche a perder. No es mera coincidencia que ese mismo año, viera la luz otra de las obras claves de ese cine de terror que encuentra en el humor un atractivo contrapeso: The Evil Dead, de Sam Raimi.
Fue así cómo en aquella década de los ochenta se mantuvo la buena forma del cine de terror lograda a lo largo de la década anterior, y esta cinta es uno de sus principales exponentes.
Ahora bien, como ya lo mencionaba al principio, el nombre Rick Baker fue escrito en la historia del cine después de este proyecto al recibir el premio Oscar concedido por el Mejor Maquillaje. Y fue gracias a esta película, que los académicos de Hollywood se percataron del inmenso trabajo que se escondía detrás de eso tan habitual que es maquillar a las estrellas. Descubrieron que podía ser un arte. Y es lo que encontramos en esta cinta (y no ha perdido ni una pizca de fuerza a pesar de los años transcurridos), principalmente en la escena espectacular de la transformación. Sí, la más impresionante y larga metamorfosis de la historia del cine. Sencillamente inolvidable. Como tampoco hay que olvidar a los muertos vivientes, unos pellejos andantes cuyo descarnado y divertido realismo sigue vigente.
Ni todos los píxeles del mundo han conseguido provocar en este que les escribe la mitad de impresión que me causó ver la artesanía de Baker en esta película. En ese sentido, sirve de ejemplo la reciente The Wolfman cuyo maquillaje, del propio Baker, se veía empobrecido por esa enferma costumbre de añadir imágenes generadas por computadora en gran cantidad.
Otra de las claves de su éxito sin duda es la banda sonora y su uso travieso e inteligente. Conducida por Elmer Bernstein y aderezada por puntuales e interesantes apariciones de piezas de Van Morrison o Creedence Clearwater Revival, la banda sonora juega un papel fundamental y profundiza aún más en el tono satírico que impregna el metraje. Por ello, la inclusión del tema Bad Moon Rising antes de la célebre transformación es una genialidad. Y no sólo divierten, también ayudan a componer una atmósfera oscura. 
Se dedica a generar tensión con la máxima de no mostrar en exceso y posee una atmósfera envolvente sin ser, ni mucho menos, una cinta de terror puro como The Exorcist. Son destacadas, en lo que respecta a provocar miedo de verdad las pesadillas del protagonista, mostradas con realismo y sabiamente repartidas a lo largo de la narración, que acaban por convertirse en lo más serio e inquietante de la película, a pesar de una historia de amor no tan insipida como para que no le importe al espectador. Landis le brinda tanta atención al estilo y a los efectos especiales como al carisma de los personajes y sus relaciones, y eso por supuesto no es algo tan habitual en esta clase de cine. Además, culmina con un generoso y brutal final, que va creciendo desde la estupenda e inigualable escena que acontece en un cine porno ubicado en Piccadilly Circus.
Es fundamental mencionar a John Landis, quien ejerció como autor total de la obra al escribirla y digirla. Landis inauguró aquella década como si estuviera tocado por una varita mágica, pues logró entrelazar dos singulares y excelentes obras como fueron The Blues Brothers y esta que me ocupa. Un auténtico e intenso oasis creativo dentro de la irregular carrera del director, actor, productor y guionista estadounidense, ya que nunca volvió ni siquiera a acercarse a las cimas de excelencia y precisión de estos dos pequeños proyectos suyos. Pareciera como si se hubiera vaciado personal y profesionalmente en ellas, algunos dirían y quizá estén en lo correcto. Una lástima que no repitiera esa hazaña, pero por haber legado esas horas de diversión y amor por el cine y la música, merece como mínimo, un cierto respeto.
Así que a todos los que no la hayan visto y aquellos que hace tiempo que no la saborean, les recomiendo que la próxima noche con luna llena se sienten frente a la televisión y se dejen llevar por esta sensacional película. Les garantizo que disfrutarán y aullarán como locos. 
Cómo asustaban y divertían los hombres lobo cuando tenían feroces dentaduras, garras afiladas y pululaban por la oscura noche por metros solitarios. Y sobre todo, porque no iban a la prepa.

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