Garden State (2004)

Director: Zach Braff
Duración: 102 minutos
País: Estados Unidos
Reparto: Zach Braff, Natalie Portman, Kenneth Graymez, George C. Wolfe, Austin Lysy, Gary Gilbert, Jill Flint, Ian Holm, Peter Sarsgaard, Alex Burns, Jackie Hoffman, Michael Weston, Christopher Carley, Armando Riesco, Amy Ferguson, Trisha LaFache, entre otros.
" Andrew Largeman vuelve al lugar donde creció en Nueva Jersey después de diez años de ausencia, para asistir al funeral de su madre. Estando ahí rememora su pasado y conoce a una chica, Samantha, que quizá pueda cambiar su vida. Largeman, que acaba de dejar los antidepresivos que ha estado tomando durante años, comienza a redescubrirse a sí mismo, lo que incluye enfrentarse a su padre, y ayudar a Samantha a superar sus propios problemas."
Hasta hace poco el cine que se preciaba de ser independiente parecía estar peleado con lo "comercial", es decir, con tratar temas del gusto de la mayoría del público. Ahora ya no es así y esta película es la abanderada del nuevo cine independiente. Y es así, no porque sea la mejor, sino porque reúne todas las características del mismo.
Debo empezar por decir que habiendo visto la película por primera vez se me hizo imposible negar una afinidad especial. Muchos de sus elementos son constantes de mi vida en la actualidad, tal vez el más importante sea la edad de los personajes, así como sus inquietudes y sus vivencias.
Pero bueno, me parece más trascendental señalar que es una de esas sencillas y pequeñas obras maestras filmadas sin ánimo de deslumbrar ni destacar, solamente dotadas de ese toque especial que toma el camino directo hacia esa parte que hay en mí que necesita vibrar y expandirse. En pocas palabras: sentir sin obstáculos ni trabas.
Tal vez sean estas historias sobre gente común que tiene sus traumas, sus problemas latentes que pelean por encontrar una vía de salida las que me provocan una inmediata armonía entre sus existencias y la mía. Probablemente narrar la vida de personas que buscan su lugar en el orden de las cosas, las que intentan hallarse a sí mismas en medio de la inseguridad en la que siempre flotan, sean en las que más me reconozco identificado y compenetrado. Porque no hace falta ser un genio para reconocer que todos somos seres que pasamos por la vida tratando de encontrar algo firme a lo que aferrarnos, la bendita seguridad de algo muy parecido a la palabra "hogar".
Justo después de verla, me puse a reflexionar en diversos temas; como por ejemplo esas cosas que mitigan, suavizan o atenúan el dolor o los efectos negativos de algo. Sí, los famosos 'paliativos'. Esos que no curan, pero que mejoran la calidad de vida del paciente o de cualquier persona.
Obviamente, es un tema que puede extenderse mucho. Podría mencionar cada uno de los debates que he leído entre psicólogos y psiquiatras. El primero diría que muchos de los problemas de la gente podrían resolverse con terapia. Eso si, mientras no sea algo que vaya más allá de una simple fobia o incluso el no poder dormir, todo se puede resolver hablando. El segundo aseveraría que en la mayoría de los casos el sistema nervioso está dañado y necesita un arreglo en forma de pastilla. Luego, la persona con gran capacidad para conocer el temperamento y las reacciones del resto se enfadaría y acusaría al médico por prestar más atención a resolver rápidamente el problema, sin centrarse en la persona enferma que tiene enfrente. Total, puras estupideces. Cada una de las disciplinas existe por separado y ello no significa que no se necesiten: muchos tipos perdidos necesitan que alguien les diga cómo son las cosas y les enseñe a aceptarlas. Para eso se necesita un buen psicólogo. Los otros que brinden sus tratamientos farmacológicos.
En fin, tal como yo lo veo, al protagonista su padre (que es psiquiatra) le receta antidepresivos desde que ocurre un fatal accidente que el mismo Andrew ocasiona en su infancia, y continúa tomándolos durante toda su vida, simplemente porque su brillante procreador no deseaba que"sufriera". Cuando las razones que expresa para hacer lo que hizo tienen mucha lógica.
En consecuencia, el tipo se convierte en una especie de muerto viviente que apenas se conoce a sí mismo y apenas ha sentido alguna emoción; es más, creo que ni las conoce. Cuando se da cuenta de su problemática, le cuesta muchísimo afrontar la vida. ¿No les parece familiar? A mi sí. Y me quedo con los siguientes razonamientos: ¿Qué es mejor en la vida, afrontar las dificultades que se te plantan enfrente todo el tiempo o hacer cómo que no existen y seguir viviendo como si nada? ¿cuál de esas maneras de vivir causa más sufrimiento en los seres humanos? ¿Es mejor ser masoquista que ser un cobarde? ¿Es más recomendable para un miembro de la humanidad sentir mucho, que no sentir nada?
No sé, pero en mi perspectiva en la vida no existen ni blancos ni negros, sólo muchos tonos de grises y todas las bombas de tiempo tarde o temprano terminan explotando. Habrá que seguir pensando al respecto.
Lo que si reconozco, es que a pesar de que la historia aquí planteada ha sido contada en infinidad de ocasiones, Braff la desarrolla dentro de unos parámetros menos convencionales, combinando el drama y la comedia con base en un guión destacado para la edad del escritor-director-actor. Es más, se da hasta el lujo de ponerle unos toques muy sutiles de humor, casi siempre presentes en situaciones realmente incómodas.
De verdad que asombra lo que la madurez hace en las personas.

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