Tengoku to jigoku (1963)




Director: Akira Kurosawa

Duración: 143 minutos

País: Japón

Elenco: Toshiro Mifune, Tatsuya Nakadai, Kyoko Kagawa, Tatsuya Mihashi, Isao Kimura, Kenijuro Ishiyama, Takeshi Kato, Takashi Shimura, Jun Tazaki, Nobuo Nakamura, Yunosuke Ito, Tsutomu Yamazaki, Minoru Chiaki, Eijiro Tono, Masao Shimizu, entre otros.

" En un momento crucial de su vida financiera, Kingo Gondo, un hombre de negocios, recibe la noticia de que su hijo ha sido secuestrado. El rescate exigido es una cantidad de dinero similar a la que necesita para cerrar una importante negociación. Gondo está dispuesto a pagar el rescate; pero, cuando se entera de que los secuestradores se han equivocado y se han llevado al hijo del chofer, tendrá que enfrentarse a un espinoso dilema moral."

El maestro Kurosawa, cineasta camaleónico, probó diversos registros en la enorme cantidad de sus películas. Nos hizo viajar por épocas remotas y por un siglo veinte sacudido por la devastación y la recuperación. Nos enseñó su Japón privado, el Japón de guerreros samurais, de gente que vive en medios rurales, de señores y humildes, de grandes historias de honor y de venganza.
Pero también el Japón que en ese momento era el contemporáneo, el que iba progresando a través de la tecnología mientras se arrastraba hacia la guerra más funesta de su historia y resurgía por encima de los lamentos de la hecatombe, caminando hacia la modernización entre tradiciones milenarias, hundiéndose en los defectos y en las virtudes de la civilización occidental sin abandonar del todo sus costumbres ancestrales.
Analista y crítico consumado, Kurosawa era creador de cuentos con sabor tradicional y actual al mismo tiempo, por algo siguen vigentes. Cuentos que no tratan sobre príncipes azules, ni sobre princesas encerradas en castillos, ni sobre reinos hechizados, sino sobre los grandes dilemas, los grandes errores, las más problemáticas disyuntivas en las que los seres humanos pueden hallarse. Cuentos con enseñanzas duras y certeras que dejan al descubierto el más cruel aspecto interior humano.
En esta cinta, Kurosawa desarrolla unas técnicas delirantes para el cine negro, el género policíaco y el thriller. Si por algo esta película es un ejemplo,es por como expone paso a paso los hechos de un delito y como la policía lo aborda con suma eficacia, tejiendo un plan de investigación que debería de ser el modelo a seguir en los departamentos de policía del mundo entero.
El director divide en tres actos su obra, muy diferentes entre si, aunque a su manera, magistrales los tres.
El primero (que concluye con la escena en un tren) es simplemente antológico. Toda la presión psicológica que se ejerce sobre el protagonista así como sus dudas quedaron perfectamente captadas tanto en sus imágenes como en la interpretación de Mifune, espléndido como siempre. A pesar de desarrollarse en apenas dos espacios cerrados. Kurosawa brinda una lección de puesta en escena y de capacidad de generar tensión.
El segundo acto (que inicia al mismo tiempo que la investigación) puede ser el más polémico, y en parte el causante de que a algunos no les agrade el proyecto. El cambio de ritmo es brutal, pues la investigación es tan minuciosa, lo cual es inusual en este tipo de película. Además la sensación de que la cinta no avanza más allá del simple filme policiaco puede desanimar a más de uno.
Sin embargo, el tramo final (el del seguimiento del sospechoso) vuelve a recuperar el nervio inicial en una conclusión memorable, llena de imágenes poderosas y una escena final inolvidable.
En fin, yo me quedo con que no hace falta acudir a mundos aún desconocidos por los vivos para definir al Infierno, basta con mirar adentro de uno mismo y escandalizarse de hasta qué punto estábamos podridos. El director lo sabe bien, en tanto y cuanto quizá sus demonios sean, al fin y al cabo, los tuyos, los del secuestrador, o por qué no, también los míos.

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